“Bienvenido sea el día”. Bonito título ¿no? Título constructivo. Optimista. Es bueno que se escriba en ese temple de ánimo. Los lectores ya estamos cansados de tanta seudo-literatura inspirada en corrientes pesimistas. De esos escritorzuelos prefabricados que se lamentan con “lágrimas de cocodrilo” por la incomprensión y las drogas y el sinsentido de la vida. En definitiva: el remedio de un existencialismo populachero.
Miguel de Loyola ( no confundirlo con Ignacio de Loyola) escribe este libro de cuentos. Cuentos premiados. Su currículum descansa sobre galardones y talleres literarios: el de la Católica , el de José Donoso.
Edita este “Bienvenido sea el día” en marzo de 1992 ( ¿auto-edición?) Contiene once historias. Entre las mejores “El Taller”, rica en lenguaje literario, en juegos de imágenes, en contenido. Lo mismo sucede “En la Playa”, cuento juvenil al estilo Fuguet (debí escribir “a la onda de Fuguet”), aunque desprovisto del arsenal de groserías del “Sobredosis” o de su “Mala onda”. Yo diría que más se acerca, por ecos, sonidos y soliloquios, a ciertas novelas de Enrique Lafourcade.
En general, el libro abords la interioridad de la conciencia. Está dirigido a la juventud y por lo mismo, se esmera en amenizar. La narración es ágil, precisa, va directamente a sus asuntos. Nada de descripciones insulsas, cachacientas, trilladas. En síntesis: no latea. Sin embargo, es necesario criticar algunos puntos. Con espíritu positivo, déjeme sugerirle lo siguiente, don Miguel:
-Busque un buen corrector de pruebas para sus ediciones, la puntuación deja mucho que desear.
-Las cacofonías de sus gerundios son evidentes. Así pues, en “Tu recuerdo empaña mi alegría”, los gerundios excesivos y reiterados empañaron mi entusiasmo de continuar con la lectura.
A veces los conflictos son demasiado predecibles, como en “El misterio de la caja verde”. Ya en las primeras páginas se advierte que al niñito se le perderán las llaves. “Avive el seso y despierte el alma dormida…” Más ingenio, don Miguel, ¡más ingenio!
-Elogio, por el contrario, su buen gusto en el estilo. Bastante más decente que el de Alberto Fuguet. Con un poco más de imaginación, capaz que usted también se convierta en “Best séller”. Dios quiera. Rece mucho y practique. Ya sabe el refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”.
Hasta aquí las sugerencias. Pienso, dejando la broma aparte, que don Miguel de Loyola posee talento. Sé que puede cautivar a la juventud con sus historias.
Ánimo e insista en ese camino, le irá bien.
Mario Tomás Schilling F.
El Mercurio de Valparaíso, 8 de junio de 1992




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