La escuela N° 196, República de Siria, funcionaba en calle Pedro Torres a un costado del Liceo Experimental Manuel de Salas, y a los pocos meses de ingresar a sus aulas se trasladó a su local definitivo ubicado en calle Villagra N° 185 de la misma comuna de Ñuñoa.
El primer día de clases me impresionó la algarabía de los niños, las batallas campales en los recreos, y también la autoridad de las profesoras para frenar de golpe aquel estridente bullicio. Yo venía del sur, del fondo de la provincia, donde en las escuelas públicas era algo menor el número de alumnos, y menor también, acaso por lo mismo, el desorden en los patios. Me impresionó la inmensa alegría de los muchachos y el revoltijo sin igual de clases sociales conviviendo en un mismo espacio. Allí estudiaban juntos el hijo del médico, jardinero, abogado, diplomático, chofer, empleado público, carpintero, gásfiter, actor de teatro, profesor, dependiente de comercio, bancario, etc. Es decir, oficios y profesiones se revolvían allí sin prejuicios. Hoy día, por cierto, esto parece una fantasía, separada definitivamente como está la educación en capas, entre media, alta y baja, entre todas las clases posibles e imaginables, políticas y religiosas, pero entonces era una realidad en muchas escuelas públicas y Liceos de Santiago, producto de un Chile de grandes proyectos educacionales. La escuela había sido fundada un 28 de febrero de 1938, en plena época de vigencia de aquel lema inolvidable acuñado por Pedro Aguirre Cerda que hiciera grande al país, dotándolo de valiosos profesionales: “Gobernar es educar”. Y todavía por el año 1965 prevalecía el estigma de su influencia.
Recuerdo la llegada al nuevo local de la calle Villagra como un día esplendoroso en la vida de un niño que comienza a abrir los ojos al mundo. Cuatro enormes palmas chilenas en el frontis del recinto dando la bienvenida al alumnado con una lluvia copiosa de sus frutos rebotando sobre los relucientes pastelones de cemento. El fervor del coro de voces entonando la canción nacional y las manos de la profesora de música guiando el coro como directora del mismo, su propia voz de soprano resaltando en medio de las otras. Entonces alumnos y profesores solían cantar con ganas, saboreando en sus almas el sabor poético de cada una de los versos del himno patrio escrito por el poeta Eusebio Lillo, con música de Ramón Carnicer durante los más grandes momentos de la República.
El nuevo edificio de la escuela lo constituían cuatro pabellones de salas de un piso en estructura de fierro, moderno sistema para la época, forradas con tabique de madera de pino machambrada, techos con planchas pizarreño, y ventanales también en perfiles metálicos. Los largos pabellones de salas conformaban dos eles al interior del espacio rectangular de la quinta, una a continuación de la otra. Los cursos iban de 1° a 8° año básico, ubicándose los superiores en las salas anteriores y los inferiores en las últimas. A un costado de la primera ele, ocupando la antigua casa patronal de la quinta, se hallaba la Dirección de la escuela, con oficina y casa para la directora. La inspectoría se ubicaba en uno de los pabellones. En una esquina de esa misma ele, colgaba la campana cuyos tañidos todavía resuenan en mis oídos como un eco perdido evocando aquella época. Años después sería reemplazada por la chicharra de un timbre eléctrico, cuyo sonido artificial no volvería a despertar los viejos sueños de las campanadas de metal puro.
Los primeros recreos en esos enormes patios todavía con las características más bien propias a los de una quinta ñuñoína de fines de siglo, era un correr y correr por entre árboles añosos recogiendo hojas y valiosos frutos. En el patio del fondo, correspondiente a la segunda ele, había castaños, nogales, nísperos, higueras y guindos. En el primero abundaban los ciruelos que poco a poco fueron siendo eliminados acaso por los proyectiles en que convertíamos sus frutos. En verano los árboles nos protegían del sol durante los tórridos recreos del mediodía, y, en invierno, sus gruesos brazos de madera cubrían nuestras cabezas de la lluvia. Recuerdo las clases de artes manuales barnizando con cola fría las hojas secas de los nísperos, su color bronceado natural agudizado por la capa de pegamento, las manos untadas con ese nuevo engrudo creado recientemente por la industria.
La directora, doña Marta Alcayaga, pariente de nuestra ilustre Premio Nóbel Gabriela Mistral (Lucila Godoy Alcayaga), por entonces pasaba ante nuestros ojos infantiles por una mujer muy entrada en años, gruesa de facciones y de cuerpo, y saldríamos de la escuela encontrándola más joven y dulce que al ingreso. Sus discursos los lunes por la mañana y durante la festividades escolares, estaban impregnados de ese fervor educativo que corría por las venas de los maestros de ese lejano entonces. En su mayoría egresados de la Escuela Normal, donde habían recibido el título de maestros en todas las materias, y vaya si en verdad no lo eran para instruir y educar esos enormes cursos de 52 alumnos por sala, donde sus voces debían hacerse oír en medio del vocerío ensordecedor producido por las agudas gargantas infantiles. Entonces las sabias maestras de escuela, dotadas con la paciencia infinita de los ángeles, comenzaban sus clases pasando día tras día primero la consabida lista del curso: Claudio Acosta, presente señorita, Cristian Bravo, presente señorita, Manuel Compan, presente señorita………y así hasta llegar al alumno apellidado con letra zeta, quien a esas alturas de la mañana solía dormitar, mientras esperaba su turno para hacerse presente. Y después de cerrar con el correspondiente manotazo el grueso libro de asistencia, la profesora comenzaba su clase de castellano, matemáticas, historia, ciencias naturales, música, artes plásticas, o labores, de acuerdo al horario respectivo. Recuerdo los rostros enérgicos de las profesoras a la hora de exigir disciplina al interior de la sala, y sus expresiones dulces y compasivas al momento de aconsejar a solas a un alumno por algún motivo o problema particular. Su sensibilidad psicológica para captar los conflictos de cada estudiante, y la falta de tino de las profesoras más jóvenes recién egresadas de la universidad ante los problemas juveniles.
La clase de Historia constituía para muchos compañeros del Quinto año C la hora más importante del día. La señorita Feliciana fervorosa O´ higginiana, llevaba la imaginación del curso completo al límite, al centro mismo de las batallas libradas por los patriotas durante la Independencia de Chile. Veíamos a través de sus relatos la figura del héroe emergiendo airoso en su flamante caballo blanco del sitio de Rancagua, o corriendo a galope tendido por los campos de Lircay o al encuentro del Abrazo de Maipú, bendiciendo la armada de Chile con sus palabras para el bronce: “de estas cuatro tablas dependen los destinos de América.” O aquella otra capaz de arrastrar a un ejército completo “ Vivir con honor o morir con gloria,el que sea valiente que me siga.” O “aquí está mi pecho” , momentos antes de entregar el mando. Muchos recreos eran entonces una continuación dramatizada de esas batallas gloriosas, y recorríamos los patios a galope tendido perseguidos o persiguiendo a las fuerzas realistas.
Recuerdo también el jaleo en los baños a la hora del recreo y veo todavía el agua derramándose de los grifos como precioso líquido proveniente de las crestas mas blancas de la cordillera de Los Andes, la cual podía verse diariamente en toda su magnitud desde el fondo de los patios como telón de fondo de la escuela. Puedo ver también a veces el flamear glamoroso de nuestra bandera en medio de la majestuosa altitud de las palmas chilenas de la entrada, recortada en un pedazo de cielo tan azul como los sueños que nutrían las mentes de los escolares de aquella época.
Las primeras kermeses para reunir fondos para la construcción del gimnasio techado y otras obras como la pavimentación de los patios todavía de tierra, constituían un foco de alegría y atracción para alumnos y apoderados. Durante ese día los patios se colmaban de pequeños stand donde la imaginación de cada curso levantaba ya una ramada, una caverna, un vieja bodega, una carpa gitana, disfrazando a los dependientes que se movían con la naturalidad propia de quienes forman parte de la escenografía.
La leche que por entonces regalaba la Junta de Auxilios escolar y Becas a lo largo del país entero, llegaba a las salas a media mañana junto a las galletas que muchos inconcientes usábamos a veces como proyectiles o bien para jugar a la rayuela, dada su sólida consistencia. De su sabor más vale no acordarse porque el olor a plástico de los vasos impedía saborear la leche y las galletas. No sabíamos, por cierto, el gran valor nutrido de ambos alimentos, y del costo que significaba al país esta generosa entrega. Tampoco nos dábamos cuenta que para algunos de nuestros compañeros o compañeras de curso, constituía el grueso principal de su alimento.
Por esos mediados de los ños ´60 llegaron a la escuela los hijos de exiliados brasileños de la dictadura de Castelo Branco, constituyéndose en un atractivo general para el alumnado. Su peculiar forma de intentar hablar el castellano, sus cuerpos esbeltos, el color dorado de su piel y su extraordinaria forma de bailar, no podía pasar desapercibida, provocando miradas atónitas ante cada uno de sus movimientos. Eran tan distintos a nosotros, tanto más naturales todavía que los niños chilenos de aquel tiempo, dotados de la gracia y la alegría propia de los seres que han vivido bajo la bendición de una temperatura y un clima siempre agradable para el cuerpo. Si alguien le pedía a alguno o alguna de ellas que cantara o bailara, lo hacía sin cuestionamiento. Muchos caeríamos como moscas en la redes del amor platónico despertado tempranamente por las exóticas jóvenes brasileras, de relucientes cabelleras, hablar pausado y miradas soñolientas.
Los días lunes como en todos las escuelas y liceos públicos del país se comenzaba con un acto inaugural de la semana, formándose los cursos al centro del patio para cantar en conjunto los himnos patrios de Chile y Siria, el cual aprendimos lo mismo que el nuestro. Y cuya letra ininteligible para nosotros era siempre motivo de risitas subrepticias al momento de entonarlo. Aunque algunos mientras cantábamos imaginábamos al ejército Sirio marchando en medio del desierto. El texto era más o menos el siguiente:
Humat al diari aleikum salam
Abat an tazila al nufusu al kiram
Arinu al urubati beyton haram
Wa Aarshu al shumusi himan la yudam
Robughu al shami buruju al Aala
Tohaki al suma’a bia’ali alsana (x2)
Fa ardon zahat bilshumusi al widaa’a
Samaon limaroka aw kal sama
Rafifu alamani wakhafku alfuad
Aala aalamen damma shamla al bilad
Ama fihi min kuli ainen sawad
Wa min dami kuli shahiden midad
Noufuson ubaton wa madin magid
Wa rouhu al adahi rakibon atid (x2)
Fa minna al walidu wa minna al rashid
Fa lem la nasudu wa lem la nasheed
Y se cantaba con naturalidad, especialmente por aquellos niños a quienes el canto les sale del alma, como a otros los dibujos, los pelotazos o los cuentos. Por supuesto había muchos que al llegar a los cursos mayores, a la hora de cantar sólo gesticulaban con los labios pero sin emitir sonido alguno para no ser reprendidos por la señorita Elena, como profesora de música, siempre atenta al coro de voces, . Comenzaba ya la triste época del pavo, cuando se deja de ser niño y comienza la revolución del mundo interior y el encuentro con la realidad de una existencia única e irrepetible, con sus virtudes y defectos.
El momento de la despedida llegaba así de pronto, en medio de una adolescencia febril y galopante, se acababa así la época de la escuela y había que emigrar al Liceo, salir de ese pequeño nido colmado de amigos y amigas y partir solo por el mundo en busca del destino. Los llantos de la despedida, esa nostalgia infinita de canción del Adiós cantada por el coro de la vieja escuela, los parabienes de las profesoras, de los propios compañeros, las promesas de amistad eterna, el armonioso flamear de las banderas, llega en estas horas a mi recuerdo como el éter, como un perfume despertando viejos recuerdos que si no los atajo, al poco se evaporan con el viento.
Regalo de Lorena Mondaca. Este artículo ha dado con la foto del curso, esa es la magia de internet.
Gracias Lorena.
Miguel de Loyola – Santiago de Chile





me vi reflejada en tus lineas… muchos años despues de ti entre a ese colegio..
y siendo que fueron varios años despues, describes la escencia del colegio, jamás se a perdido.
como no acordarse del nogal del patio central… era el punto de reunion para nosotros… y afortunadamente todavia esta…las palmeras de la entrada, ahora pasan desapercibidas por la monumentalidad de la estructura del colegio.
Quedaron atrás esas casitas de madera que teniamos por sala que cobijaron tantas risas y enseñanzas.
Como amo ese colegio, los mejores recuerdos estan ahi.
a pesar que sali ya hace 9 años sigue en mi memoria.
Saludos.
Hola Angela: gracias por tu comentario, si mis líneas reflejan tus recuerdos significa que no estamos tan lejos, a pesar de los años. Me entusiasma tu amor por la escuela, da cuenta de la grandeza de tu espíritu. Amar, es también una decisión.
¿Por favor, porqué cantaban vds el himno de la Rép. de Siria?
Hola Nick: se cantaba entonces aquel himno después de cantar la canción nacional como homenaje o agradecimiento al patrocinio o padrinaje brindado por la República de Siria a la escuela.
La verdad es que estoy de acuerdo con aquello de la pluralidad social del colegio. Yo estudié alli hasta 1971, mis compañeros: Daniel Marnet, Daniel Rivano, Pablo Porcel, provenían de medios intelctuales o acomodados, mientras otros, ahora lo veo más claro que entonces, tenían una extracción social de familias trabajadoras, y sin embargo, cuando, ya mayorcitos, al organizar nuestros primeros “Malones”, todos participabamos de la complicidad juveniol de entonces. Fueron otros tiempos que no debieramos olvidar…
Gracias Daniel por tu recuerdo, ayuda a ratificar el clima existente en aquellos años al interior de la enseñanza fiscal, porque esto no sólo ocurría en la Escuela Siria, sino en la gran mayoría de los establecimientos fiscales.
Gracias Miguel por la linda semblanza de la Escuela Siria en la que yo estudié hasta 6º básico en 1968, entrando al año siguiente al Liceo de Hombres Nº7 José Toribio Medina de Ñuñoa.
No sé si nos conocimos pero te cuento que soy hijo de médicos, estudié Ingeniería Civil en la U de Chile, y profesionalmente me ha ido muy bien. Nunca he olvidado los grandes nogales que nos cobijaron en la Escuela ( había también atrás un generoso palto), hasta el día de hoy me sé de memoria las primeras estrofas del himno de Siria, y soy un agradecido de la buena educación pública que tuvimos en aquellos años. Una vez más gracias por los lindos recuerdos.
Hola Raúl, al parecer no nos conocimos pero debemos ser más o menos de la misma generación. Lo importante es que nos llevamos un recuerdo parecido de la escuela y eso es en definitiva lo que une las almas. Gracias a ti por el comentario.
Miguel, te recuerda tal vez de Luis Alvarez Marilao, de las hermanas Ana y Gabriela Sudy, de Fernando Yañez, o de Susana Barbosa ?
Hola Raúl: No recuerdo esos nombres, pero si otros, tales como: Pedro izquierdo, Campaña, Jorge Ramírez, Marcelo Gaete, los hermanos Acosta, Cristián Bravo, Sartori, Casanova, etc. Han pasado muchos años, por cierto. Saludos: Miguel
Te juro que me tocaste el corazón, que hermosa descripción de nuestra amada escuela, en verdad, me hiciste recordar todos esos detalles, todas esas imágenes que tenía guardadas en mi mente, me devolviste un pequeño momento de mi infancia, recorrí cada rincón como si estuviera allí, de niña, corriendo por los patios, metiéndome detrás del gimnasio, o escondiéndome en el jardín que estaba a la derecha de la entrada…qué hermosos recuerdos.
Gracias por devolvérmelos!!!
Y es verdad, angela tiene razón , la escencia del república de siria está intacta, yo estudié allí entre el 90 y 97.
Con los años viene la nostalgia…… increíblemente el año pasado entré al colegio con mi hijo para mostrarle el lugar donde había estudiado( los chiquillos a veces se olvidan que también fuimos niños), reconozco que sentí la misma emoción que sentí al leer tu artículo, fueron tiempos tan simples y tan hermosos.
No sabes la emoción que sentí al caminar por los patios (los encontré tan pequeños), y contarle a mi hijo todas las tonteras que hacíamos como niños, que emoción ver ese gran y viejo nogal al costado de los baños.
Lamentablemente no existe una página de ex alumnos pero oh! sorpresa si te acuerdas de Pedro Izquierdo, del Campaña, el Gaete, debemos de haber sido compañeros….. cómo se llamaba la brasilera rubia con la que organizabamos luchas libres?
Cómo olvidar a la Sra. Carla con su rosa crómatica y a la Srta. Rubi con su creique y penseque son parientes del tonteque.
Gracias por devolverme a un pasado hermoso y lleno de calidos recuerdos, creo que fuimos muy afortunados por tener la posibilidad de compartir una excelente y pluralista educación.
Hola Lorena: gracias por tu comentario. Podrías darme algunos nombres de otros compañeros para reconstruir el pasado. No recuerdo muchos, sólo retengo algunos. El tuyo me suena, pero no visualizo tu rostro. La brasilera de la que hablo se llamaba Mónica Martins, y Alicia Branco. Me alegra saber que este recuerdo de la escuela Siria tenga ecos en el alma de otros, eso revela que no todo está perdido en este país, y que todavía hay gente que piensa y ama. Un abrazo: ML.
¡Te encontre!…….. un una foto de octavo basico, y se me aclaro tu cara de niño, e incluso como eramos tan pocas mujeres 9 versus 19 hombres, muchas veces nos sentaban entre los hombres para calmar los animos y diluir las diferencias.
al ver la foto me afloraron otros nombres en mi memoria, el Lopez (un rucio de pelo casi blanco), el Norero, otros que simplemente no recuerdo sus nombres pero si situacines muy simpaticas, como cuando poniamos en los asientos el envoltorio de las castañas (todo espinudo), esperando que se sentaran para verlos saltar por los pinchos.
Te acuerdas cuando Pedro Izquierdo hizo en su casa un experimento y la sustancia que mezclo exploto y se quemo las cejas, pestañas y pelo, era para la risa verlo.
Un abrazo.
Hola,
Yo estudie hasta el año ‘70 para luego hacer el 8º en la escuela que esta al lado del liceo 9 en ramon cruz, y despues pase al Liceo de Hombres #7.
Me acordé altiro de todo el colegio de cuando lo relataste, las palmeras, me acuerdo tambien que comiamos moras.
Y como no olvidar a la sra. carla, y mi profesora jefe la srta. gloria un poco energica.
Y ahora me encuentro todabia con un compañero de esa epoca Miguel Daie. Me acuerdo de compañeros como Abufele, Andres Levi, una compañera Altamirano, Pedro Santelices, Raul Torres, ya me acordare de mas.
Pero lo importante es que aún canto el himno sirio, increible…
Osea somos de la misma generación. Mira la foto que envió Lorena Mondaca, a ver si reconoces a alguien
Hola denuevo,
me acorde de otro compañero, vivía al lado del colegio , y del gatica tambien.
Gracias por esas palabras tan nostálgicas sobre nuestra querida escuela! Soy amiga de Lorena hasta el día de hoy, yo estaba en un curso paralelo en la Escuela Siria, tenia de profesora a la señora Carla Fedeguelli, esa italiana apasionada por el arte y su historia, cuya influencia vive en mí cada vez que me sumerjo en una nueva tela en blanco. Ella me incentivaba para que participara en los concursos de pintura que se creaban en el colegio y por supuesto mis dibujos eran siempre seleccionados para ser expuestos en el diaario mural ubicado en el primer pabellón, cerca de la sala de la Directora. Ahora veo claramente que contaba con la barra de la profe, aunque debo decir que mis dibujos eran bastante buenos (modestia aparte, jaja).Recuerdo los ensayos de bailes folklóricos previos a las fiestas. Siempre me tocaba bailar el trote tarapaqueño! y con el mismo compañero… Roberto lagos.Qué recuerdos!!! educación pluralista y compartida en todo aspecto! Recuerdo cada nuevo conocimiento entregado con amor y respeto. Gracias a esas “santas” MAESTRAS, que nos dieron ese tiempo valioso de sus vidas.Abrazos para todos los ex de la Siria!Jacky
Yo tambien tengo muy buenos recuerdos de la escuela Siria. Desde esa epoca que tengo a mis dos mas queridas y “antiguas” amigas, Jacky y Lorena. Como pasa el tiempo!!!
Quena
SI GRAN RECUERDO, YO ESTUVE DESDE 3o AL LADO DEL MANUEL DE SALAS Y SALI EN 6o LUEGO ME FUI AL LICEO 8 ARTURO ALESSANDRI P. MI MAMA FUE PRFESORA DE ED. FISICA DE AHÍ…. SE LLAMABA ARMINDA RODRIGUEZ Y TAMBIEN RECUERDO A LA SRA CARLA AL PROFESOR ARCE…. Y ENTRE LOS NOMBRES CREO QUE RAUL FELIÙ ERA COMPAÑERO DE CURSO DE MI HERMANO ROBERTO ALAMOS, AL IGUAL QUE FERNANDO YAÑEZ…..EL HIMNO DE SIRIA …TODAVIA ME LO SE… MUY BONITOS RECUERDOS…SALUDOS
Hola Luis, por supuesto que fuí compañero de tu hermano Roberto, acordándome muy bien de ustedes y de tu Padre.
Recibo un fuerte abrazo y mis saludos a Roberto.
Raúl Feliú C.
Hola! que lindo haber encontrado este espacio lleno de recuerdos de mi infancia. Yo estudíe en la Escuela Siria, desde kinder hasta 6º, entre 1964 – 1970, comencé en el edificio al lado del Liceo Manuel de Salas y luego nos trasladamos a Villagra. Mi profesora era la “Srta Amelia” Soto, y yo era miembro del conjunto folklorico de la escuela. Mi mamá también era profesora en la escuela la “Srta Laura” (Castañeda). Creo que somos muchos los que recordamos con amor nuestra escuela y sus patios llenos de árboles frutales y su campana colgando en una esquina del pabellón de las oficina de la “Srta Marta”y el himno Sirio, las kermeses, la “Srta. Carla y sus clases de dibujo. Y en mi caso particular, a mi queridisima profesora Amelia Soto y su entrega y dedicación hacia sus alumnos.
Gracias por tus recuerdos tan bellos.
Cariños,
Susana Meza
Hola Miguel
La verdad es que me emocione mucho al leer tu relato, fue como si lo hubiese contado yo mismo ya que es lo que les transmito a mis hijas y a mi señora cada vez que me acuerdo. Estuve desde el 66 al 73 mi profe jefe fue la señorita Alicia, no recuerdo el apellido pero recuerdo su cara con lujo de detalles también la Srta. Carla, la Srta. Rubi, me hicieron clase. Te acuerdas de la Higuera encorvada que había al fondo del patio de tierra en donde pasaba mucho tiempo escondido para que no me vacunaran los del ministerio de salud que se bajaban caer de sorpresa y de alguna forma me lograba escapar sin que se dieran cuenta.
Como recuperar esa educación en donde a nosotros no nos preocupaba que lo que hacían nuestros padres, solo teníamos que saber aprovechar una buena educación.
Recuerdo a algunos compañeros, Juan Carlos Norero, Juan Galeota, Gonzalo Zuñiga,Miyanu Amestoy, Marcela Bertolotto, Alejandra Alfaro, Miguel Angel Onetto, Jaime Bastian,Uno que era hijo de una profe Sergio el apellido no me acuerdo, Perla Soto,
Bueno me despido de todos los que tiene un maravilloso recuerdo de esa escuela tan querida.
Saludos José Luis Bustos Donoso
Si me envías la foto la anexamos al artículo. ML