L’écr
ivain arrive tôt, prêt à lire. On lui a demandé d’être à l’heure, car le public sera nombreux. Alors il éprouve quelque nervosité quand il pénètre dans la salle, mais il est porté par l’idée de lire son œuvre la plus récente. Il a écrit des contes érotiques, ce qui est loin de déplaire au lecteur, lui a-t-on dit. L’érotisme est à la mode et les gens suivent la mode, hypnotisés, sans s’interroger, jusqu’au ravin, comme les petits cochons de la Bible. (más…)
Lecture d’un conte. Miniconte de Miguel de Loyola
Escritor invitado a mesa redonda, microrrelato de Miguel de loyola
El escritor es invitado a una mesa redonda cuyo tema será el hambre.
El lugar es un fastuoso salón del palacio Riesco, y hay mucha gente en la sala.
Hay cámaras de televisión, periodistas, radio…
Dos señoritas entalladas reciben a la gente a la entrada con una sonrisa. (más…)
Leer un cuento, microcuento de Miguel de Loyola
El escritor llega temprano, preparado para leer. Le han pedido ser puntual, habrá mucho público. Por eso denota nerviosismo cuando entra a la sala, pero viene reconfortado con la idea de leer su obra más reciente. Ha estado escribiendo cuentos eróticos, y eso agrada al lector, le han dicho. El erotismo está de moda, y la gente sigue las modas, hipnotizada, sin cuestionarse, como cerditos bíblicos hacia el barranco. (más…)
El malestar de la cultura, cuento de Miguel de Loyola
Roberto Baldevenito evitaba el tren subterráneo. Prefería las calles, la luz natural, los autos, los tacos, incluso. Desde que funcionaba en la ciudad, lo había usado en contadas ocasiones y muy a disgusto. Lo suyo era una especie de fobia a los lugares cerrados. Bajar por la escalerilla hacia el interior del túnel le causaba desasosiego. (más…)
Desde otro ángulo. Cuento
Esa mañana Leonardo deseaba estar solo a la orilla del mar. La noche reciente no había dormido, la discusión con Andrea en casa de Jorge había durado hasta el amanecer. Así que cuando llegó a casa la madrugada del domingo, en vez de meterse a la cama a dormir, optó por entrar a la cocina por leche y pan. (más…)
L’AGONIE DU REVENANT
Passé dix heures du soir, le village dort. Seule, par moment, la voix plaintive du Revenant interrompt le silence nocturne avec ces deux vers d’une ancienne romance mexicaine qu’il avait apprise dans sa jeunesse. Ensuite on l’entend geindre comme s’il avait un poignard planté dans le cœur : (más…)
Miguel de Loyola. L’HERITAGE DE MADAME AURORITA
“NE l’oublie pas : il n’y a PAS de retour, tu ne rendrais
PAS service au mort et toi, tu te ferais du mal.”
Siracide 39,21.
Finalement, Madame Aurorita mourut, atteinte d’un problème gastrique inconnu et qui l’avait maintenue longtemps couchée dans son lit de fer. Alors, (más…)
Hincha del Año, cuento de Miguel de Loyola.
Los comentaristas lo tenían claramente identificado. Y ese domingo, una vez terminado el partido y entregada la copa al equipo vencedor del torneo, le darían el premio “Hincha del año”, dotado de una suma importante de dinero en efectivo, además de algunas entradas para los partidos de la competencia siguiente. (más…)
L’HERITAGE DE MADAME AURORITA, de Miguel de Loyola
Traducción de Simone Colombel
“NE l’oublie pas : il n’y a PAS de retour, tu ne rendrais
PAS service au mort et toi, tu te ferais du mal.”
Siracide 39,21.
Finalement, Madame Aurorita mourut, atteinte d’un problème gastrique inconnu et qui l’avait maintenue longtemps couchée dans son lit de fer. Alors, presque toutes les personnes des environs, comme une volée de vautours, s’abattirent sur sa maison qui, depuis, est devenue la mienne. (más…)
La dama de las camelias. Cuento de Miguel de Loyola
Después de una opípara cena en Los Puchos Lacios, salimos por Independencia en dirección a Emiliano Figueroa, alentados por el buen ánimo de Roberto. El tipo ha sido asiduo visitante de casas nocturnas toda su vida. Según el mismo confiesa, vivió parte de su niñez en un prostíbulo, como el personaje de La vida simplemente, de Oscar castro.
“Bienvenido sea el día”
“Bienvenido sea el día”. Bonito título ¿no? Título constructivo. Optimista. Es bueno que se escriba en ese temple de ánimo. Los lectores ya estamos cansados de tanta seudo-literatura inspirada en corrientes pesimistas. De esos escritorzuelos prefabricados que se lamentan con “lágrimas de cocodrilo” por la incomprensión y las drogas y el sinsentido de la vida. En definitiva: el remedio de un existencialismo populachero.
La señorita Elisa
LA SIGNORINA ELISA
Miguel de Loyola
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Alla signorina Elisa piaceva parlare con Gabriela Mistral 1 nella piazza, per questo molte persone che la sorprendevano in questa situazione la prendevano per lunatica. I bambini non potevano astenersi dal ridere nel sentirla parlare con l’inalterabile effige di pietra. Gli anziani, invece, seduti sulle panchine, nei giorni più caldi, mentre sbirciavano il quotidiano, mantenevano un rispettoso silenzio davanti a tale situazione. Poi quando aveva finito il suo monologo, la salutavano con cordialità, e lei rispondeva con un cenno, un cenno caratteristico, che consisteva nel muovere varie volte consecutivamente la sua testa bianca, mentre sulla sua faccia dalla bianca carnagione, quasi trasparente, prendeva vita un particolare sorriso di benevolenza. Dopo (más…)
Cuentos del Maule, El Gringo
El gringo enamorado.
Humberto Miller llegó con la cuadrilla que vino a instalar las cañerías para el agua potable. Después, echó
raíces en el pueblo. Se enamoró de Aurora, la hija mayor del viejo Aníbal, dueño del único almacén existente en diez kilómetros a la redonda. La muchacha tenía unos ojos negros penetrantes, clavaban igual que las espinas de los nardos. En el pequeño poblado era la estrella, como lo son algunas mujeres en el cine. Cada vez que salía de su casa cargando los baldes de aluminio en busca de agua al pozo, no le faltaba el ayudante. Los hombres corrían a socorrerla, cualquiera fuera el requerimiento. A los dieciséis años, ya había aprendido a sacarle algún partido a las miradas masculinas.
Esa mañana la cuadrilla de trabajadores se encontraba arriba del camión con sus cachivaches amontonados junto a la baranda, cuando Aurora apareció gritando a viva voz, y en medio de las risotadas de los trabajadores, que el Gringo -porque así lo llamaban sus amigos de faena en directa alusión al color de su pelo- no podía irse con ellos. Que no podía largarse así no más, gritaba, porque un hijo suyo esperaba ella.
El Mochilero
Todo comenzó como en las buenas películas, apenas me bajé del camión, ya tenía un harem de mujeres a mis pies. Por supuesto no precisamente allí, sino un poco más allá, allí frente a la plaza, donde había mucha agitación en torno a un escenario improvisado, demasiadas cabelleras llamativas, negras, rubias, colorinas, castañas; demasiados cuerpos femeninos con bluyines apretados; risas, música, onda en definitiva. Gran bailoteo gran, calculé de inmediato, y con lo que me gustan los bailoteos, parezco mono porfiado, me tienen que sosegar a palos cuando me da por bailar. Una vez estuve bailando hasta que se acabó la noche, la reventó la luz del día de un solo cuete. Un Año Nuevo creo que fue.
La llegada al pueblo había sido providencial. Le di el correspondiente millón de gracias al chofer cuando me bajé, para luego zambullirme ansioso en medio del gentío agolpado en torno al escenario. El tipo se pasó de buena gente conmigo, poco más y me invita a su casa a cenar. Pero la música era cosa seria en ese preciso momento, se colaba por todos los agujeros de la piel, electrizando cada nervio, cada minúsculo reticulado de mi ser. Al menos así la he sentido siempre, especialmente cuando es en vivo, como se daba el caso. Podía ver desde allí el deslumbrar de las guitarras eléctricas, el resplandor de los platillos tras cada chasquido de la plumilla marcando el ritmo, las manos ágiles del organista sobre su instrumento, el juego de luces multicolores proyectadas sobre el gentío, las gesticulaciones aparatosas del cantante, las expresiones vivas del público…
No lo pensé más: mochila al hombro encaminé mis pasos hacia la muchedumbre, y como un cuchillo fui abriéndome paso en medio del gentío hasta ubicarme lo más cerca posible de la orquesta. Desde allí, pegado a los bafles igual como una lapa a las rocas de los arrecifes, pude hacerme una idea todavía más alucinante del panorama. Había mujeres para regodearse. Lolas, lolitas, cabritas ricas para todos los gustos. Algunas bailaban solas, otras más tímidas, movían solapadamente sus pies, sus rostros juveniles eran pura Bilz y Pap, esbozando sonrisas para exportar hacia todos los rincones lúgubres del hemisferio. Desde allí, mientras fumaba y echaba humo a bocanadas como una vieja locomotora a carbón, estas pupilas que siempre han sido una parte independiente de mí, fueron a dar de golpe con una muchacha única en el planeta, ubicada en un extremo opuesto al mío. Allí, estas pupilas se detuvieron por segundos que se fueron prolongando en lapsos temporales cada vez mayores, extasiadas frente a una mujer que más bien parecía producto de una aparición. Y en la medida que avanzaba el tiempo, comenzaba a encontrarla más atractiva, seductora, irresistible. Así me fue entrando el amor como con jeringa, poco a poco y hasta la última gota. ¡Mijita rica! Alguien me lo estaba gritando por dentro, ¡Mijita rica!, al mismo tiempo que comenzaba a sentir esa especie de frustración inicial que uno suele experimentar frente a una mujer atractiva, sobre todo cuando uno no la conoce y surge la necesidad de conocerla a toda costa, de saber por qué está ahí, cual es su nombre, de dónde viene y todas esas interrogantes en alerta junto a la ansiedad del deseo. Eso ocurre conmigo, y, palabra, no soy un psicópata ni nada por el estilo. Simplemente, me enloquece la belleza, me acelera el pulso y siento la furia del tambor ancestral retumbando en las paredes del corazón.
Permanecí mirándola durante media hora por lo menos, con la pupila encima, pegada a ella como una cámara indiscreta. Seguro que todo ese largo rato me odió a muerte, como suelen odiar las mujeres cuando un desconocido las observa a la distancia, sin atreverse a hacer un gesto de rechazo. A menos que se trate (más…)





