Agua dulce, no la desperdicien.

 

¿Alguien se ha detenido a observar como bota el agua la gente, no toda la gente, claro,  pero si un porcentaje alarmante de personas? Les aseguro que por cuadra, en Santiago hay por lo menos dos terroristas de esta especie.

 

 

Seres que a  la hora de regar sus plantas o pastos, terminan también regando la acera y la calle, cómo si pudiera crecer algo en una superficie de cemento. También están los que para lavar sus autos, abren la llave de la manguera y dejan escurrir un arroyo por la orilla de la cuneta, convencidos, claro,  que a mayor agua, más limpias dejarán las latas de su cacharros con ruedas. Los conserjes de los edificios, ah, esos son otros malvados sin nombre. Para no usar la escoba, barren con agua las hojas del otoño y hasta las migas de pan. Conozco varios a quienes les cortaría el pescuezo por las horas y horas que pasan derramando el más preciado líquido del planeta. Claro, también hay botadores de agua al interior de casas y departamentos, seres escrupulosos que se duchan cada media hora porque se sienten sucios, .sin sospechar que la suciedad la llevan por dentro. Uno se pregunta cómo es posible, cómo es posible que existan todavía seres sin conciencia ecológica de ningún tipo. ¿Acaso estos tarados no saben  que el agua dulce día a día escasea más en este mundo? Tal vez están convencidos que se puede fabricar agua, así como a diario se producen toneladas de basuras y electrodomésticos.

Para eso pago, suele ser su respuesta. Para eso pago, gritan, gritarán  si alguien del municipio o del vecindario se atreve a llamarles la atención por eso. El agua potable debiera costar el 10 veces más de lo que vale, nada más que para joder a esta clase de imbéciles con los cuales estamos condenados a compartir la superficie maravillosa del planeta. Son éstos mismos desconsiderados los que en el futuro, cuando vayas por el desierto te arrebataran la cantimplora para tomársela al seco. O bien, le harán un agujero de un tiro para que  tu ni yo podamos beber el resto. Igual que en esas películas del Lejano Oeste.

 

Miguel de Loyola

santiago de Chile.

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