Milan Kundera, La broma.

El escritor checoslovaco, Milan Kundera (1929), en La Broma desarrolla una extensa tesis tendiente a mostrar ( y demostrar) como un hecho en particular, una broma, puede ser determinante en la vida de una persona, sobre todo cuando no existe  libertad de expresión.

           

Kundera, escritor disidente al régimen comunista, denuncia en su obras las falencias y excesos en los que cayó el sistema comunista una vez en el poder. Particularmente, los organismos de inteligencia creados con el propósito de resguardar los intereses del Partido, cuyo poder sobrepasó en muchos casos los límites de la tolerancia y el derecho de libertad.

En La Broma, Ludvik escribe en una postal dirigida a su amiga cuasi novia Marketa: “¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva! Trotsky.” La dicha postal cae en manos de la Unión de Estudiantes, organización universitaria en la que también participa Ludik, pero es interpretada como una traición al régimen y lo condenan como tal, expulsándolo de la universidad.

           

La novela indaga y expone antecedentes personales de los personajes y la situación política contingente donde se desenvuelven sus vidas. Después de ser condenado por su amigo Zemanek y expulsado por traidor y trotkista, Ludvik ya no podrá postergar más el Servicio Militar y pasará recluido en el ejército hasta cumplir su obligación, pasando las penurias propias a las que son sometidos los jóvenes en el ejército en cualquier lugar del mundo. Añorando, naturalmente, su vida universitaria y siempre estupefacto ante la reacción de sus amigos frente a una postal que para él nunca significó otra cosa que una broma referida a una conversación privada con Marketa.

           

La novela avanza de manera circular en torno al tema en cuestión, tratando de convencer ideológicamente, más que de mostrar al lector un centro de interés más amplio. Esta situación contribuye a que los personajes se vayan desdibujando, perdiendo sus contornos literarios, y transformándose en simples marionetas portadoras de una denuncia demasiado evidente.

           

Hemos dicho alguna vez en estas páginas que la novela (el género) no es una tesis y si bien se le parece, no es precisamente en la exposición lógica de una idea o problema donde alcanzan su punto de mayor proximidad. La novela muestra, la tesis explica, allí radica la gran diferencia. La novela crea una realidad independiente, la tesis toma un problema concreto de la realidad. 

           

En La Broma, Milan Kundera intenta hacer novela, pero termina haciendo tesis. O en el mejor de los casos, una crónica de época. Queda la impresión que Kundera desperdició el excelente donné, el punto donde arranca la historia, al meterse luego por otros caminos. Los personajes no quedan latiendo en el imaginario del lector, a pesar del interés que concitan como personas. Y las referencias a las raíces musicales moravias podrían haber generado un centro de interés más interesante. Sin embargo, dichas alusiones suenan postizas, usadas solo para rellenar y alargar innecesariamente el relato.

 

 Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Derechos reservados.

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14 comentarios en “Milan Kundera, La broma.

  1. A mi me pareció una gran novela. Puede que se haya quedado corto en el desarrollo de algunos personajes y el final de la novela no termina de estar del todo logrado, pero así y todo el cometido principal esta ampliamente cumplido, es mi humilde opinión claro.

  2. No estoy para nada de acuerdo con el comentario … empezando por el final, la digresión sobre la música tradicional morava no es una digresión sin más sino que es un elemento que ayuda a comprender mejor al personaje de Jaroslav y su manera de ver las cosas. Es una clave de interpretación.

    Por otro lado creo que te equivocas al ver en el centro de la novela la demostración de una tesis sobre la vida como broma. El eje de la novela son las aventuras de Ludvik con Lucie y con Helena. Entiendo la categoría “broma” de forma más amplia: la vida les toma el pelo a Ludvik en particular pero también al resto de personajes en general; y resulta que al único al que le va bien (Zemánek) es el único que se ríe de la vida (y de los demás), el único que no se toma en serio nada que no sea su propio ego.

    Un saludo.

  3. La verdad es que en mi anterior post no me he expresado nada bien y de hecho caigo en una contradicción:

    Lo que quería decir es que creo que te equivocas al ver en la novela una tesis sobre cómo puede una inocente broma influir en nuestra vida. Creo que la categoría “broma” no es sólo el punto de arranque de la historia sino que abarca toda la novela: la envuelve. Es la vida como broma, nuestros propios pensamientos y nuestras propias ideas y visiones del mundo como broma: los personajes interpretan la realidad de una manera, toman decisiones y actuán acorde con su creencia de lo que son las cosas pero luego resulta que la realidad no tiene nada que ver con lo que piensan los personajes, se equivocan, la realidad les toma el pelo y acaban encontrándse en el centro de la broma, como objeto de una broma pesada que (para el personaje que se ve atrapado en la situación) no tiene ninguna gracia. Las consecuencias son a veces trágias, otras veces cómicas, y también en ocasiones ambas a la vez. Eso les ocurre tanto a Ludvik como al resto de personajes secundarios que también hacen de narradores: Helena, Jaroslav, Kotska. También les ocurre a otros personajes secundarios pero asimismo hay otros que se salva de ser víctimas de la broma que es la vida. Tal vez el más importante sea el “bueno” de Zemánek, que guiándose por la búsqueda de la popularidad nunca se equivoca sobre el bando en el que tiene que estar ni sobre lo que tiene que hacer … caiga quien caiga.

    Un saludo.

  4. Bien Javier, me gusta recibir comentarios como el tuyo, donde imperan los fundamentos. Eso es lo importante en una aproximación crítica, fundamentar nuestra opinión. Ahora, si es correcta o no, eso ya es otro problema. “No hay hechos: hay interpretaciones” es la frase monumental de Nietzsche, la que nos libera o nos fuerza a seguir argumentando hasta imponer una verdad. Pero aquí, en el mundo del arte, lo que para mi realmente importa, es abrir la discusión, despertar al crítico que nos habita, porque de esa manera logramos la comunicación.
    Saludos: ML

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  6. Kundera traiciona al Kundera del futuro, el que escribiría El arte de la novela o Los testamentos traicionados. No puede resistirse a explicar, a intentar convencernos y se le ve el plumero. Nunca me convence, por ejemplo, la voz de Helena, porque no hago sino escuchar al escritor, juzgando al personaje.
    Altamente recomendada para de misántropos.

  7. A mi me encanto la novela, creo que la diferencia está en el enfoque. Una novela, crónica de época, que se presenta bajo la falible visión de un personaje. Es tán falible como sincera, todos vemos el mundo desde nosotros mismos. La vida da vuelcos que hacen que como nosotros vemos el mundo, pueda ser tan contrario a la realidad. Atrapa el personaje, su visión de la vida, cuando nos identificamos con el y cuando no. Y la broma, es el título y el formato de todo lo que le sucede a este personaje desgraciado. Si pensamos que su vida y cada acontecimiento son para el personaje como las bromas de los tipos como él, Un gran inicio, un desarrollo super pensado de más y un final abrupto, burdo, violento y sobre todo no exitoso. Disculpen mi escritura no muy clara, espero se entienda

  8. Corina, a todos los narradores se les hunde el mundo al final, pero sobre todo a Ludvík. Ludvík es el causante de la mayoría de los males y al final se da cuenta de ello. La primera en redimirse bajo su mirada es la propia Helena, “una pobre mujer enamorada a la que quise lanzar como una piedra como mi enemigo”. La humillación que sufre Helena al final la redime, porque, sea como sea, no se merece esa humillación. Ludvík se da cuenta de ello y se culpa a sí mismo. Nadie en la historia es enteramente bueno o enteramente malo. Pero el centro de gravedad está precisamente en la maduración del rencor personal de Ludvík Jahn, que se cura en la catarsis final. Helena no es un personaje más o menos odioso que Bettina Von Armin, Laura (de La Inmortalidad), u otros tantos. En sus novelas no se juzga a personajes. Se analizan actitudes vitales. ¿Cómo explicar desde la misoginia sus relatos anteriores (el libro de los amores ridículos) o su siguiente novela (la vida está en otra parte), en la cual es un chico (Jaromil) el causante de las desgracias de su novia?

    Un saludo.

  9. La novela a mí me encantó.Y comparto las interpretaciones anteriormente expuestas pero también quiero decir que leer a Kundera es reflexionar a cada momento sobre temas trascendentes.Aquí el político es fundamental pero también quiero destacar esa nostalgia por el folklore o costumbres de un pueblo,la risa de los jóvenes frente a las generaciones anteriores,la identificación enorme entre personas de la misma generación y el aislamiento respecto a generaciones venideras.
    Y como resumen de todo esto la vida efímera de cada uno de nosotros que la memoria se encargará de borrar con el paso del tiempo.
    tengo el libro en papel pero si alguien tiene el archivo y me lo manda por mail le agradeceré enormemente ya que me gustaría tenerlo en mi lector.

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