Richard Ford, El periodista deportivo

Frank Bascombe, supuestamente periodista deportivo (aunque no podamos verlo como tal), nos cuenta en primera persona su vida. Especialmente, la  que ha llevado desde la muerte de su hijo Ralph y de su separación matrimonal con X. El tono abúlico del narrador es el que conocemos y estamos acostumbrados a ver en las últimas novelas del siglo. Se trata de un anecdotario que abunda en reflexiones personales acerca de la vida, sin tomar un curso definitivo hacia la fantasía novelesca, hiper realismo.

 

Los personajes proyectados por el narrador protagonista pertenecen a su mundo cotidiano y resultan tanto o más abúlicos que Frank. Es indudable que la muerte de Ralph ha desencadenado el estado de desencantamiento que vive el personaje respecto a la vida. Pero tampoco hay indicios que las cosas antes pudieran haber sido mejor. La apatía del personaje raya en la distimia, reconocida enfermedad mental que caracteriza al hombre de nuestro siglo que dice no esperar nada, pero sospechamos que es un discurso falso, porque no cabe duda que espera el éxito por sobre todo, aunque después no sepa qué hacer con él. 

 

En un mundo donde abunda todo, como lo es hoy la sociedad norteamericana ,y ,por qué no decirlo, en parte también la nuestra (al menos para cierto grupo social), los proyectos de vida se concretan antes de la madurez y eso tal vez conlleva a caer en un estado de apatía después de haber alcanzado los objetivos básicos, como son, sin duda, la estabilidad económica. Aunque esta no asegure en ningún caso la estabilidad emocional. Como ocurre en la novela. Frank y X están divorciados y no podemos explicarnos el motivo concreto. Aunque es posible admitir que la muerte de un hijo acarrea problemas de ese tipo, en la novela los vemos dos años más tarde dialogando como matrimonio bien constituido, inexplicablemente separado. 

 

Frank pertenece a un club de divorciados y la gran mayoría de los personajes de la novela podrían estar en dicho club, donde gobierna la apatía generalizada. La tragedia personal de Walter, es otra evidencia del deterioro que vive la sociedad. Tal vez Vicky sea el único personaje honesto de la novela, capaz de confesar y luchar por los ideales que le impone su espíritu y por eso desecha a este Frank exangüe, que dice amarla al extremo de querer casarse con ella, pero que carece de autenticidad.

 

Con todo, El periodista deportivo es una novela que hay que leer para comprender el drama que asola las almas del mundo. La soledad y el abandono es hoy un lugar común en la novela contemporánea. No existen grandes interrogantes, sino un existencialismo que huele a desengaño a falta de honestidad, humildad, y todas esas categorías del espíritu que se han ido perdiendo por causa del mundo competitivo en qué vivimos, donde lo que importa, es imponer nuestra voluntad para no sentirse vacío. La soberbia incitada por la publicidad nos está matando a todos por dentro.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – derechos reservados

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