W. Somerset Maugham. La imperfecta casada

Las novelas de Somerset Maugham se leen de principio a fin sin contratiempo. Son novelas de entretención, claro, novelas rosas algunas, género negro otras, pero novelas al fin de cuentas, textos narrativos que invitan a la lectura voraz. La imperfecta casada es una historia que convence, que resulta verosímil, atributos que algunas obras narrativas de mayor peso ideológico no alcanzan, y por eso no funcionan como novelas.

 

Willie Ashenden, narrador de la historia, médico de profesión, y escritor inglés de carrera prominente, repentinamente es invitado por Alroy Kear, también escritor, y con un curriculum semejante al suyo, a contar lo que sabe acerca del famoso novelista Eduard Driffield, fallecido hace poco. El objetivo es escribir un libro acerca de su vida por encargo de su viuda (Barton Trafford). Ashenden en el pasado estuvo vinculado a dicho escritor y a su mujer de entonces, Rosie. La relación de ambos personajes está fundada en una raíz común: Blackstable, pueblo del cual ambos son oriundos.

 

A pesar de la diferencia de edad existente entre ambos escritores, calculamos unos veinte años por lo menos, mientras Driffield vive con su primera esposa Rosie en Blackstable escribiendo sus primeros libros, mantienen relaciones amistosas. Las que varios años más tarde continuaran en Londres, hasta el rompimiento de la pareja.       

 

Llama la atención las críticas al mundo literario inglés que hacen los personajes y las que pueden traducirse más o menos en las mismas que hacemos los escritores chilenos respecto al nuestro. Es decir, mundo pequeño, al que se entra sólo gracias a las influencias, donde rara vez importa la calidad. Carencia de críticos que se aventuren por algo nuevo. La pobreza en que viven y padecen los escritores hasta el momento de ser reconocidos, etc.

 

Hay mucho de H.James en esta novela de Maugham. Tal vez sea la forma de enfocar los personajes, la distancia que impone el narrador para mostrarlos desde una perspectiva clásica, dejándolos respirar solos, sin la opresión del yo obsesivo y delirante que impera hoy en la novela actual. Somerset Maugham recrea al lector bajo el imperativo de la entretención, privilegiando la forma, podrán sostener algunos con cierto dejo peyorativo, olvidando, desde luego, que la obra de arte sin forma  no es arte. Sòlo gracias a la forma la novela consigue trascendencia.  

Miguel de Loyola – Santiago de Chile, año 2000 – Derechos reservados.

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