Gabriel García Márquez. El amor en los tiempos del cólera

Florentino Ariza se enamora de Fermina Daza siendo todavía un adolescente, y ella lo rechaza a pesar de haber estado en algún momento enamorada también de él. Aún así, el sentimiento  del rechazado perdurará a través del tiempo, nutrido por la esperanza y la convicción ciega de que ella terminará amándolo algún día. Así transcurren cincuenta años, hasta el día en que Fermina Daza queda viuda del doctor Juvenal Urbino y Florentino Ariza, poco a poco, avanza hasta concretar su sueño de amor, a pesar de estar pisando los últimos peldaños de la ancianidad.

En la perseverancia obstinada del protagonista, descansa el peso de la intriga de una historia de amor que alcanza las quinientas páginas, las que el lector no puede parar de leer. El desarrollo de los acontecimientos, y la morosidad con que el narrador recrea detalle a detalle los acontecimientos de la vida de los personajes, lo induce con una avidez obsesiva a conocer el desenlace del nudo final.    

 

Desde luego, cabe preguntarse porque García Márquez se obsesionó con esta idea ciertamente platónica, desarrollando una extensa tesis en: ¿defensa? ¿reafirmación? ¿idealización? ¿fidelidad? del sentimiento de amor y de las promesas propias del adolescente. La obsesión de Florentino Ariza lo lleva a enfocar toda su vida en función de alcanzar la conquista anhelada. Hecho singular que resulta muy revelador de la visión de mundo “real maravillosa” con que sella sus obras el escritor colombiano.

 

En El amor en los tiempos del cólera sobrevive el más puro sentimiento de amor juvenil, reforzando o demostrando la idea de que se puede amar toda la vida a una persona, en tanto exista en el amante la capacidad de mantenerse leal a sus sentimientos primigenios. Ese valor, escaso hoy por hoy en el mundo, la novela lo reivindica como el tesoro más preciado y como una fuente de lucha y sostén de la existencia, y no como una falla, o como un vacío que conlleva al hombre a la desgracia y la depresión. Resulta conmovedor ver como este personaje taciturno y solitario carga su desgracia, con la tristeza natural que suele esperarse frente a tales circunstancias, pero con la entereza anímica suficiente para proseguir y persistir hasta alcanzar hacer realidad su sueño de juventud.

 

La novela abre un abanico para mostrar los más diversos aspectos de la vida de Florentino Ariza, Fermina Daza y Juvenal Urbino, desarrollando sus personalidades al extremo de conseguir esa familiaridad indispensable entre el lector y los personajes, penetrando los recodos de un triángulo amoroso único, y del cual verermos salir a Florentino Ariza finalmente ganador. Demostrando tal vez que el amor es un sentimiento todavía más potente que el tiempo y su tempestad. Es decir, otro idealismo que poco se toma en cuenta hoy por hoy. Y el que tampoco consideró Fermina Daza cuando se casó embelesada por el resplandor social del doctor Juvenal Urbino. Ariza era un hombre pobre cuando se conocieron, y Urbino pertenecía a la más rancia aristocracia local. Su luna de miel duró dos años en Europa y vivieron felices cincuenta años, pero nada más que por una cuestión de comodidad material que suele dejar ciegos los ojos del corazón. Sin embargo, hay que recalcar que la novela pone en evidencia la lealtad como un valor fundamental del espíritu, tanto en Fermina Daza una vez casada, en el mismo doctor, y en Florentino Ariza, con una exacerbación que a pesar de todo alcanza esa verosimilitud  imprescindible en toda obra literaria que pasa el umbral de la posteridad.

 

La novela enfatiza la relación de pareja por sobre la maternal. De hecho, poco informa de los hijos de Fermina Daza con el doctor Urbino, aunque se desprende que fueron criados  con el amor propio de las madres.       

 

Son aquí los amantes y su relación amorosa la que aborda la novela, y lo consigue plenamente. Muestra desde las cosas más cotidianas del matrimonio Urbino-Fermina, hasta las conversaciones y sentimientos más profundos que surgen en medio de la intimidad de los amantes. Pero el remate, o la epifanía de estas avenencias amorosas que se producen de tarde en tarde, vendrá cuando se encuentran Florentino Ariza con Fermina Daza y el barco del amor los lleve juntos hasta la eternidad.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Derechos reservados. 

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