Paul Auster. Viajes por el scriptorium

Esta nouvelle de Paul Auster no convence en absoluto. Repite un experimento parecido a los logrados por los grandes dramaturgos del teatro del absurdo hace ya cincuenta años, sin causar, por cierto, el impacto y el asombro causado por éstos. Sin embargo, dada la fama alcanzada por este autor norteamericano con algunas de sus obras anteriores, el lector cae en la trampa de leerla como si realmente se tratara de una gran novedad creativa de los últimos tiempos. No hay tal.

 

La novela no tiene mayor interés, y se pierde del imaginario del lector al poco de haberla leído por su falta de verosimilitud. Uno de los atributos clásicos del género novelesco y del cual no puede prescindir, por más experimentos que pretendan desechar esta clásica convención acuñada por el sabio Aristóteles en su Poética.

 

A la supuesta recreación por motivos desconocidos de un anciano desmemoriado encerrado en un dormitorio,  de quien no sabemos si está preso, si está loco, o sencillamente encerrado para experimentar con él como si se tratara de un gran fenómeno de estudio, le falta tal vez aquello que los novelistas del siglo anterior llamaban “vida”. El lector enfrenta así a un robot nominado como mister Blank y sometido a ciertas pruebas, todas bastante burdas, por lo demás. Desde luego, está la consabida cosa sexual, ingrediente infaltable en las novelas de Auster para capturar el morbo del lector, con esa clara tendencia al hiperrealismo sucio para describir y detallar nimiedades que ayer se llamaban impudicia o pornografía y cuyo aporte al texto parece definitivamente nulo.  

 

Pretender relacionar a Blank con el autor (es decir con el propio Auster narrador encerrado  en su taller de escritor y visitado por alguno de sus personajes anteriormente novelados) es hilar fino, a mi la imaginación no me da para tanto porque el texto mismo no me resulta inductor de tales posibilidades. La falta de vida, al decir Henry James, no permite una lectura entre líneas que resulte convincente

 

A veces el interés mercantil de las editoriales terminan arruinando la creatividad de un autor exguiéndole nuevas obras. Como si el artista fuera una fábrica de artículos utilitarios, espero que no sea el caso de Paul Auster.   

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Un comentario en “Paul Auster. Viajes por el scriptorium

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo salvo en el aspecto de lo sexual como ingrediente infaltable en sus novelas y en su hiperrealismo sucio, sería en el caso de Bukowski pero no en el de Paul Auster.

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