Gabriel García Márquez, Memorias de mis putas tristes.

A pesar de la notoria distancia que Memorias de mis putas tristes guarda con sus grandes obras, en ella queda igualmente de manifiesto el “don de la literatura”con que ha sido dotada la pluma del Nóbel colombiano. En cien páginas sume al lector en las fantasías de un anciano hedonista, quien todavía a los noventa años se obsesiona por el amor de una joven adolescente, y por ella está dispuesto a dejarlo todo.

 

La novela se articula a partir del propio protagonista que cuenta su vida, partiendo el día de su cumpleaños número noventa.  Día en que quiso regalarse “una noche de amor loco con una adolescente virgen.” Obsesión que conseguirá en parte mediante una antigua relación con Rosa Cabarcas, vieja amiga de juventud y todavía dueña del comercio de la carne. Ella le facilitará el acceso a Delgadina, nombre con que Collado nominará a su amada después de conocerla.

 

El personaje es un periodista que ha vivido sus noventa años entre libros y escritura de artículos “modestos” para El Diario de la Paz. Periodista solitario que ha conservado el celibato hasta sus últimos días, pero que a falta de compañera permanente, dice haber gozado del amor de nada menos que “unas quinientas mujeres pagadas.”  

 

García Márquez no lleva a su personaje al desenlace fatal que por sus años el lector espera, y se encarga de infiltrarle la vitalidad propia de la juventud para demostrar, quizá, esa vieja tesis acerca de la atemporalidad  del alma. La naturalidad en el tratamiento de esta problemática, responde a la línea del recurso que reconocemos en su obra como “lo real maravilloso”, y el que  a pocos escritores le funciona con la verosimilitud alcanzada la pluma del colombiano, Premio Nóbel 1982. “Mi edad sexual no me preocupó nunca, porque mis poderes sexuales no dependían tanto de mí como de ellas, y ellas saben el cómo y el porqué cuando quieren”, afirma sorpresivamente el protagonista como una máxima plausible.

 

Destaca en esta novela la música que alcanza su prosa. Suena casi como un canto que bien podría haber contado en versos. La claridad del lenguaje contrasta con la prosa quebrada y llena de baches de los nuevos novelistas hispanohablantes, y de algunos no tan nuevos, que han olvidado la importancia del idioma en una obra literaria. Ya desde esa sola perspectiva, la reciente nouvelle de García Márquez lleva la delantera a los que corren a tropezones tratando de rellenar páginas en blanco. .

 

Tras una frase para el bronce de Cicerón, cargada  de sabiduría: “No hay un anciano que olvide dónde escondió su tesoro,”  el periodista Collado se defiende de los problemas de la memoria que  afectan a  los hombres de su edad referente a los asuntos cotidianos y puntuales. Los que, ciertamente, no constituyen lo fundamental de la memoria, motivo que ya hemos visto trabajado en Cien años de soledad, y que a estas alturas podemos concluir que ha sido uno de los grandes motivos de su literatura.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Derechos reservados

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2 comentarios en “Gabriel García Márquez, Memorias de mis putas tristes.

  1. Hace algún tiempo…unos seis años, algo así, leí esta novela. La verdad me decepcionó un poco (¿o un mucho?) al compararla, como bien mencionas tú, con otras de su autoria. Recuerdo que esa vez pensé, – y me atrevo a formulártelo – que tal vez, una vez logrado el nombre, algunos escritores podían hacer pasar por propio algún texto ajeno, o hacer que otros escriban para él. Nada comprobado, solo especulaciones mías. El caso es que te vas a reír, pero lo que más me molestó fue lo poco real de una escena en que el protagonista “asalta” a una mujer, su empleada, por detrás , y ésta sigue lavando como si nada después de la embestida. Fantasía masculina, obviamente, pensé yo, y creo que esa fue “la parte” que me hizo ver el libro como te digo.
    Bueno…tu comentario me hizo recordarlo y a la par, recordar las cosas buenas también de este..

    Saludos Miguel.

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