José Saramago, Las pequeñas memorias.

saramago5Acabo de leer Las pequeñas memorias. Se trata del escritor que recuerda sus primeros pasos por el mundo desde la perspectiva lejana de los años, recreando anécdotas y sucesos perdidos en el profundo túnel del tiempo pasado, pero completamente vivos en la mente del recordador.

 

La pluma de Saramago ágil, sencilla y perspicaz, despierta de inmediato el interés del lector por entrar en los pormenores infantiles de su vida, en esos mundos ya más irreales que reales como son los de la niñez. La constante amenidad del relato consigue generar la tensión suficiente para anhelar saber qué pasó o pasará al final. A sabiendas que nada extraordinario puede suceder en la vida de nadie, salvo, la manera de narrar lo que aconteció.

 

La honestidad de Saramago para confesar la pobreza de sus padres y familiares, impresiona en relación a las clásicas ínfulas de ciertos escritores a la hora de hablar de sus antepasados. Sobre todo en nuestro país, donde muchos no dudan haber tenido siempre relación con la aristocracia sino española, al menos con la criolla.

 

“El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir” oirá decir este niño José de Sousa a su abuela tras la muerte del abuelo. De frases como estas cargadas de ternura y poesía está plagado el libro, y son las que inducen al lector a entrar en las inmediaciones de un siglo que se aleja, o que ya definitivamente se alejó de nuestros días, llevándose el candor y la profunda filosofía del hombre con raíces provincianas, como lo fueron los abuelos y los padres de Saramago.

 

Buscando definir la figura de su abuelo dirá estas frases que se me antojan para el bronce a la hora de perfilar un personaje:  “Habla tan poco que todos nos callamos para oírlo cuando en el rostro se le enciende algo así como una luz de aviso (…)  Es un hombre como tantos otros en esta tierra, en este mundo, tal vez un Einstein aplastado bajo una montaña de imposibles, un filósofo, un gran escritor analfabeto. Algo que no podrá ser nunca.”

 

La suspicacia de Saramago se concentra en estas páginas para dar vida a los fantasmas de la niñez, expulsándolos de sus escondrijos con la maestría propia de un escritor. Muchos de esos fantasmas, podemos ver y comprobar aquí, son los que nutrieron y dieron vida a sus novelas. Dejemos al lector la tarea de buscarlos.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile.

 

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Un comentario en “José Saramago, Las pequeñas memorias.

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