Vocales de mesa.

votacionCuando uno tiene la mala fortuna de salir llamado como Vocal de Mesa, recién entonces comienza a comprender las arbitrariedades y aberraciones de la Ley Electoral. Lamentablemente, la mayoría de las cosas suelen ser así. Sin pasar por la experiencia, lo demás son especulaciones sin ningún sentido real del asunto, como ocurrió con el Transantiago, por ejemplo, los que lo diseñaron no habían andado nunca en microbús. Por eso el hombre avanza poco en su paso por el mundo. Cada uno tiene que vivir primero para opinar después.

 

Me ha tocado por 4º vez consecutiva pasar por la dicha experiencia, y créanme, es un trabajo tanto más agotador que el propio. Hay que levantarse a las 6 de la mañana y tengan por seguro que el proceso no terminará nunca antes de transcurridas 12 horas ininterrumpidas de trabajo. Desde luego, con ello no sólo se infringe a vista y paciencia de todos la Ley Laboral; la cual, sabemos, impone 8 horas cómo máximo de trabajo diario a un trabajador, sino también la más mínima ley de humanidad. Dentro de esas doce horas de trabajo, nadie ha pensado en la hora de colación de los Vocales. Para no hablar de remuneración, que tampoco existe y el trabajo hay que hacerlo gratuito, bajo el rótulo del llamado “espíritu cívico” al cual se invoca y apela a la hora de hablar de remuneraciones. .

 

Cabe preguntarse a quien conviene que las mesas permanezcan abiertas durante 9 horas consecutivas, en circunstancia que bastaría con que lo estuvieran durante el mismo horario de los bancos para concluir con el proceso completo. Vale decir, votación y cómputos. Y después, cada uno se va almorzar a su casa como corresponde en un día domingo.

 

En mi mesa, votaron 146 personas, y para esos 146 votos permanecimos allí cinco vocales sin movernos. Es un absurdo para cualquiera, menos para quienes han diseñado la Ley. Y es probable que no haya modificación alguna, porque cuando los interesados son los fabricantes de la ley,  las leyes se hacen a horma y medida de los mismos, y con una rapidez asombrosa. Como ha sido el caso, por ejemplo, de declarar feriado el día 31 de octubre. Otra ley hecha a horma y medida de la clase política, ansiosa esta vez por capturar los votos de cierto sector  religioso del país.

 

Un país que fabrica sus leyes a horma y medida del interesado, termina siendo un nudo de aberraciones imposibles. Kafkiano, esa es la palabra precisa. Cuánta falta hace un hombre como don Andrés Bello, quien escribió el Código Civil hace cien años y todavía nos rige sin las aberraciones al Sentido Común existentes en las leyes promulgadas ahora último.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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