Nihilismo en la narrativa contemporánea

nietzscheLa narrativa actual tiene poco que entregar al hombre de nuestro tiempo en materia de ideas, ha caído en un nihilismo absoluto, auque a veces confundible con una forma peculiar de hedonismo en el mejor de los casos. No destila valores importantes a rescatar, porque sencillamente no lo contienen sus páginas, no caben, hay demasiada basura por todas partes. Sólo en contados casos excepcionales mantiene un estado puramente literario,  pero en la mayoría ni siquiera termina por alcanzarlo, convirtiéndose así en una nueva modalidad del kish.

Vaciada de valores, de ideales y esperanzas en la búsqueda de la libertad del hombre, los narradores se dejan llevar por el deseo y el hambre del existimo mediático, por la cultura fáctica, del dinero y de la fama, escribiendo historietas o payasadas que no trascienden otro plano más importante que el de un buen o mal anecdotario, escrito por una pluma avezada y, por supuesto, bien pagada.

En la literatura de Roberto Bolaño, por ejemplo y sus seguidores, y aún algunos de sus propios maestros, como el argentino Ricardo Piglia, la vacuidad de los mundos narrados, raya las más de las veces en la paranoia, y en la remitencia obsesiva al propio texto, al yoismo enfermo que transmite, sin conectar con el mundo apologético fundamental del arte, donde allí solo es posible alcanzar categoría estética. Esta falta de conexión, proyección, y trascendencia de apología en buenas cuentas, pone en evidencia la vacuidad del artista, su falta de interés por el hombre y de la carencia de un proyecto creador elaborado, tendiente a penetrar a través de una obra las cortezas del alma humana, como lo ha sido en generaciones anteriores la literatura. Sólo hay vacuidad y desprecio por el hombre en las obras, el desarrollo de personajes anodinos y exangües en su mayoría, entelequias pensantes que ni siquiera adquieren la categoría de personajes literarios, desprovistos de los valores por los cuales han luchado los hombres a partir del alumbramiento de la Ilustración en su búsqueda de la libertad, igualdad y fraternidad.

En otro círculo todavía peor al descrito, se agrupa la narrativa del placer, los libracos de 500 páginas plagados de historias truculentas y fantásticas, creados por la presión de la industria editorial para surtir aquel mercado abierto en los sectores mas acomodados o más desocupados de la sociedad posmoderna. Desde esas enormes masas de hombres jubilados con buenas pensiones hasta los más jóvenes con buenos salarios. En este tipo de literatura tienden a caer también aquellos que comienzan con un proyecto creador interesante, pero lamentablemente terminan consumidos por el poder brindado por las masas. Aquí se podría citar a cientos de narradores, en su mayoría españoles, porque España hace más de cien lustros no produce un narrador importante, todos terminan pudriéndolos tras una montaña de publicaciones de bazofia literaria. Sólo hay grandes cultures del placer, alimentados por una industria editorial hambrienta de éxitos económicos que termina por devorarlos, matando anticipadamente al artista con las glorias del dinero y la fama. Así se intenta borrar el dolor del mundo, ignorar el dolor, como si fuera posible la vida sin él. Se raspa todo lo que significa dolor o muerte con seguridades banales. Nietzsche, el filósofo que anticipa el nihilismo, apunta: no hay vida, sino hay muerte, no te has muerto porque no has vivido. Se glorifica entonces la estética de la supresión del dolor.

En América latina, influenciados naturalmente por la cultura española, los más grandes narradores caen también fácilmente en las redes de la industria editorial, y se pierden en sus redes, publicando centenares de novelones sin asunto, donde se concentra la estupidez y la vacuidad de un nihilismo despiadado. Lo más sorprendente aún, es que caen también en la tendencia autores notables, pero al menos a éstos no podemos reprocharlos, por cuanto en su juventud se dieron por entero a la tarea de buscar los caminos de la libertad, y que ahora, en la vejez, se pierdan, no suele ser un gran pecado. Sabemos que el hombre siempre termina perdiéndose a sí mismo, por ese deseo insatisfecho que tan bien describió el genio de Hegel al decir que el hombre desea deseos, a diferencia del animal, el cual desea cosas. Cosas que una vez obtenidas, se las come, naturalmente, saciando su deseo. En cambio el hombre… cabe recordar que contra la cultura de la entretención nació El Quijote, y hubo cambio de paradigma.

Tal vez sean los ingleses todavía los únicos autores que están pensando en el mundo, su larga tradición literaria los mantiene y los remite a la necesidad sustancial de un proyecto creador claro, preciso, como lo ha sido y lo será siempre la verdadera obra de arte, un objeto elaborado por la mente del artista tras un lúcido proyecto creador, al decir de Heidegger.

De la literatura nortemeamerica sólo cabe señalar que sigue la tendencia española. O bien, España sigue a la cola de la norteamericana. Puro cuento, pura anécdota, cero sustancia. Es notablemente más importante hoy la literatura alemana, sin duda.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – julio del 2009

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