Teresa Hamel, Reñaca.

teresa hamel El libro póstumo de la escritora chilena Teresa Hamel (1918-2005), publicado por la Editorial Bravo y Allende con el titulo: Reñaca, corresponde al género que llamamos Memorias, en tanto recoge experiencias personales de la autora que abarcan parte medular de su vida. Su prosa llana y sencilla informa al lector desde la perspectiva propia del espectador (testigo).

Teresa Hamel escribió y publicó cuentos y novelas  que hicieron hablar a los críticos de su época. Títulos como:“El contramaestre”(1951), “Gente sencilla”  (1958), “Raquel desvastada” (1959); “La noche Rebelde” (1969), “Leticia de Combarbalá” (1988); cuentan en su repertorio y autoría. Aunque así como las obras de tantos otros autores chilenos, han sido olvidadas por las vanidades del tiempo, y debieran reeditarse hoy en Chile a fin de amplificar el espectro de nuestra cultura literaria.

Representante femenino de la Generacion del 50,  Teresa Hamel imprimió en sus obras el sentir propio de una época, despertando la voz de los críticos con aseveraciones del tipo: “La contribución que Teresa Hamel aporta al relato chileno, es adecuada para enriquecer un panorama demasiado ceñido a lo tradicional. Ha creado en ella propiamente lo que podría denominarse inventiva rutinaria para sustituirse por variaciones temáticas de gran potencialidad” (Ricardo Latcham). “Teresa Hamel narra con una facilidad pasmosa. Y sus narraciones tienen el acento caliente de la confidencia. Parece que nos cuenta un secreto.” (Daniel de la Vega). “Teresa Hamel es hábil, sabe que hacer y como hacer. Su prosa llega a la poesía sin recurrir a la “pomada” de Maurice Barres.” (Filebo).

En Reñaca, “Teruca” hace un recorrido desde su mas temprana infancia hasta la muerte de Neruda, con quien sostuvo por mas de veinticinco años una amistad entrañable. Y como el titulo directamente lo señala, el libro describe este balneario antes de llegar a convertirse en tal, cuando no pasaba de ser “una playa solitaria, salvaje, de arena blanca “ que formaba parte de una propiedad de su padre. La descripción de la zona abarca prácticamente las dos ciudades más importantes de la quinta región, Viña del Mar y Valparaíso, informando al lector acerca de los albores de lugares hoy de renombre como La Quinta Vergara y el Casino de Viña del Mar y otros.

La mirada de la escritora contiene la nostalgia propia del recuerdo, pero sin esa carga de amargura que suelen marcar los relatos de quien conmemora “el tiempo perdido.” Teresa Hamel se abstiene de esa clase de nostalgia ya por temperamento o por opción, dejando la ventana abierta para que sea el propio lector quien termine por imprimirle a los recuerdos de la autora el correspondiente polo de afectividad. Así, sus memorias avanzan por los años, describiendo  personajes emblemáticos de la zona y del país. La autora también habla de sus viajes al extranjero y la influencia que tuvieron en su vida y en su formación intelectual. Aunque se trata de una mirada somera, apenas pinceladas como si se tratara de un bosquejo de su propia historia.

Las “zorreaduras” y las “riñas de gallos” que flotan en sus recuerdos de infancia, son recreadas en este libro y miradas como simples entretenciones, propias de los hombres de la misma generación de su padre. Lo mismo ocurre con los  circos itinerantes aquí descritos, ciertos restaurantes frecuentados por su familia, la moda de la época, sus pequeñas locuras juveniles, etc.

El recorrido por la vida de esta escritora chilena es largo y fresco, semejante a un paseo por la misma ribera del mar, salpicado por la brizna de las olas de Reñaca. Y acaso lo mas interesante para el mundo de las Letras, son sus recuerdos y alusiones a los intelectuales de su época. Su encuentro con Gabriela Mistral en 1946 en Nueva York, con Neruda, por supuesto, Braulio Arenas, Jorge Edwards, José Donoso, Roberto Matta, Miguel Serrano, Jaime Castillo Velasco, Luis Thayer, Fernando Alegria…Es decir, los mas conocidos escritores de la generación del 50’ y los pertenecientes a la anterior a la suya. Las fotos del libro revelan momentos memorables junto a Ricardo Latcham, Francisco Coloane, Rubén Azocar y Armando Cassigoli, Isabel Velasco, Ester Matte…

Su amistad con la escritora tempranamente fallecida Marta Jara, merece capítulo aparte por la cercanía que la unió a ella y la admiración que Teresa Hamel sintió por su prosa. Lo mismo ocurre con Neruda, a quien, según cuenta, conoció estando de visita en Michoacan cuando todavía  vivía junto a la Hormiguita (Delia del Carril), hasta convertirse para el Poeta y, posteriormente, también para la propia Matilde, en una amiga entrañable.

Así, Reñaca se convierte en un libro de interés para todo lector ávido por conocer los círculos y amistades de los escritores de la época que describe, sus sueños, locuras y vanidades. Se trata, sin duda, de un historial privado que gracias a la generosidad de sus hijos circula hoy en Chile. Y, todavía algo más, Teresa Hamel mantiene una distancia suficiente con lo narrado para que otros puedan participar de ella, sin esos velos o esa tinta con que muchos esconden o pintan su historia.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile

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Un comentario en “Teresa Hamel, Reñaca.

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