Alberto Moravia, Agostino.

Alberto MoraviaEn la nouvelle Agostino (1944), Alberto Moravia  recrea el despertar sexual de un joven adolescente, mientras veranea con su madre viuda en un balneario del Mediterráneo. Como en la mayoría de sus novelas, destaca la fineza  de la pluma del escritor italiano  para abordar los conflictos psicológicos de sus personajes, sin caer en la vulgaridad en las descripciones de la novela actual a la hora de penetrar los interiores de sus héroes. El narrador nos sumerge así en la intimidad del joven protagonista,  acotando uno a uno los pasos y pormenores que lo llevan al descubrimiento de la  sexualidad oculta de los adultos y la suya propia. Un encuentro fortuito en la playa con un chico de muy distinta condición social a la suya (Berto), y movido por la curiosidad y el amor propio, lo induce a conocer un mundo opuesto,  a pesar de ser tratado por la pandilla de Berto como un niño estúpido, ya por su riqueza o ingenuidad.

           

La relación madre e hijo en Agostino, contiene todos los elementos vivos del llamado complejo de Edipo, pero tratado con una moralidad muy distinta a esa exacerbación de la voluptuosidad de los sentidos a que llega la tragedia griega para describirla. La madre destaca en la playa por su hermosura y Agostino poco a poco comienza a advertirlo con sus trece años,  hasta que hacia final del veraneo terminará mirándola con otros ojos, una vez traspasado aquel umbral de la infancia donde el niño  adquiere conciencia  de la existencia individual y advierte también la diferencia entre objeto y sujeto, y comienza el devaneo subjetivo del yo.

           

Hay indudable maestría en la pluma de Moravia para recrear los sentimientos que agitan el corazón de Agostino, contrastando su pureza e inocencia con las crueldades y vulgaridades propias en los niños mayores como los del grupo de Berto. Y a pesar de un final tal vez un poco forzado a contrapelo, dada la ternura natural del personaje, la nouvelle convence y se lee con el placer de los grandes libros.

           

La relación de esta obra de iniciación, con otras del mismo tenor, resulta inevitable. Estoy pensando en Las muchachas de Sanfrediano, de Vasco Pratolini (1913-1991), escritor italiano de su misma generación. También en El señor de las moscas (1954), del Nóbel inglés William Golding (1911-1993), cuya temática también se acerca. En  El cazador oculto (1951), de J.D. Salinger (1917- ),cuyo protagonista anda por pasos semejantes, en El Graduado ( 1963) de Charles Webb, y muchos otras que se podrían nombrar, nada más que con el propósito de plantear la siguiente tesis: los temas de la novela, suelen ser comunes en los escritores de una misma generación, y no por casualidad, o por mera imitación. De ahí tal vez la advertencia de T.S.Eliot en su célebre ensayo “Tradición y talento individual” donde el poeta advierte, entre muchas otras cosas importantes dentro del plano creador, la necesidad que tiene el artista de conocer qué están escribiendo sus pares de su misma generación.   

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – 2002

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