Leer un cuento, microcuento de Miguel de Loyola

John CageEl escritor llega temprano, preparado para leer. Le han pedido ser puntual, habrá mucho público. Por eso denota nerviosismo cuando entra a la sala, pero viene reconfortado con la idea de leer su obra más reciente. Ha estado escribiendo cuentos eróticos, y eso agrada al lector, le han dicho. El erotismo está de moda, y la gente sigue las modas,  hipnotizada, sin cuestionarse, como cerditos bíblicos hacia el barranco.

Sin embargo, ya son cerca de las 19:30 y no llega nadie a la sala. El escritor pregunta tímidamente si hicieron las invitaciones respectivas. El organizador confirma, aunque de manera vaga.

Tal vez no las hizo, es lo usual en estos casos, piensa el escritor.

O tal vez sí, y eso fue todavía peor, reflexiona. Su obra y su nombre no figura en ninguna parte. Sus libros no han sido comentados en la T.V., tampoco en radios, diarios y revistas.

Entonces comienza a sospechar, la muchedumbre no ha venido por eso, dice en voz alta.  

Además, hoy la gente pasa ocupada en cosas muy importantes, rara vez se ve público en las presentaciones de libros, salvo aquellas personas vinculadas afectivamente con el autor, o comercialmente con el editor, o culinariamente con el coctel.

Pero, a los lectores verdaderos, ¿Quién los conoce? ¿Acaso existen todavía? ¿Alguien los ha visto alguna vez? Se pregunta sorpresivamente el escritor, aunque la pregunta se la ha hecho en otras ocasiones, en la soledad de su cuarto, y también durante otras lecturas donde asola la misma soledad.

Aún así, sorpresivamente, a las 19:45 en punto, el escritor toma su lugar frente al micrófono y comienza a leer.

Aparte del organizador no hay nadie más. Están los dos solos, y se siente el vacío silencioso de la sala.

El escritor mira hacia el público inexistente, y continúa leyendo, ahora con fuerza, con mayor vehemencia, sin importarle nada, lee como si la sala estuviera repleta de gente, al punto que sorprende al propio organizador del espectáculo, quien en algún momento, llega a ver la sala atestada de oyentes.  

El escritor bebe un sorbo de agua, se acuerda de la sonata de John Cage, 4´33¨, y continúa, inmutable, sin parar hasta terminar su relato.

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5 comentarios en “Leer un cuento, microcuento de Miguel de Loyola

  1. Plas, plas, plas.
    ¡Fantástico!
    Como un cocinillas has integrado este cóctel de efervescente estallido de alegría y seguridad.

    Gracias, si me lo dejas te lo enlazo un día en mi blog.

    Un abrazo saltando jubiloso desde una encina.

  2. Mui bien Miguel ! Tu eres un HOMBRE !Un abrazo.Beatriz

    If by Rudyard Kipling

    Si guardas en tu puesto, la cabeza tranquila,
    cuando todo a tu lado es cabeza perdida.
    Si tienes en ti mismo una fe que te niegan
    y no desprecias nunca, las dudas que ellos tengan.

    Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera.
    Si engañado, no engañas,
    Si no buscas mas odio, que el odio que te tengan…

    Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres,
    Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.
    Si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo.
    Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.

    Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota,
    y a los dos impostores les tratas de igual forma.
    Si logras que se sepa la verdad que has hablado,
    a pesar del sofismo del orbe encanallado.

    Si vuelves al comienzo de la obra perdida,
    aunque esta obra sea la de toda tu vida.
    Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría,
    tus ganancias de siempre, a la suerte de un día,
    y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea,
    sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.

    Si logras que tus nervios y el corazón te asistan,
    aun después de su fuga, de tu cuerpo en fatiga,
    y se agarren contigo cuando no quede nada,
    porque tu lo deseas y lo quieres, y mandas.

    Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud.
    Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz.
    Si nadie que te hiera, llegue a hacerte la herida,
    Si todos te reclaman y ninguno te precisa.

    Si llenas un minuto envidiable y cierto,
    de sesenta segundos que te lleven al cielo….
    Todo lo de esta tierra, será de tu dominio,
    y mucho mas aún,
    serás hombre, hijo mío.

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