El pathos de la denuncia, por Miguel de Loyola

Al incrustar al hombre en la estructura, es decir, al sacarlo de su condición de sujeto de la historia, el poder ha conseguido finalmente extirpar del individuo el phatos de la crítica, el phatos de la indignación. Hoy nadie se espanta por nada, nadie se indigna frente a la ignominia, precisamente, porque se ha extirpado al sujeto el órgano para reaccionar frente a las injusticias: la esperanza. Nadie se sorprende hoy día frente a las desigualdades, frente a los abusos del poder económico, frente a la falta de equidad que asola el mundo, frente a la concentración desmedida de riqueza, gracias a la mal llamada Globalización. La cual viene a ser una especie de totalización de la historia, para concentrar la riqueza en un solo puño.

Esta falta de phatos de la crítica, constituye sin duda una carencia para el desarrollo individual y un beneficio impresionante para el capitalismo y la sociedad de mercado, en tanto ya no encuentra detractores frente a las enormes injusticias y abusos que comete a diario el sistema por sí mismo. Injusticias que ayer habrían levantado en armas a un pueblo entero.  

¿Por qué no se indigna la gente hoy frente a la fusión de las grandes empresas que dejan a diario en el mundo cientos de miles de cesantes?¿Por qué no hay protestas  frente a la proliferación de los monopolios, frente a la condición de esclavitud laboral en que han vuelto a caer las masas por la falta de empleos? ¿Porqué no se indigna hoy el pueblo frente a la falta de honestidad y coherencia de sus políticos? ¿Porqué nadie se levanta a protestar frente a la corrupción que asola los organismo públicos? ¿Por qué los intelectuales ya no alzan sus voces de protesta frente a la ignominia?¿Porque nadie se alarma cuando ve a los mismos senadores y diputados postulándose por enésima vez al poder?¿por qué no existe la prensa independiente?

En Chile podemos estar seguros que el phatos de la indignación estuvo presente antes y durante la dictadura. La prueba más contundente es que, gracias a las denuncias, gracias a ese phatos de la indignación, finalmente cayó el régimen. Lo increíble resulta preguntarse qué pasó después, dónde lo sepultaron, cómo consigue el nuevo sistema enterrarlo bajo tierra. ¿Qué ha pasado con los caciques de la Izquierda durante estos veinte años en el poder? ¿Volverán en el futuro, cuando pierdan sus escaños públicos, a esgrimir sus antiguas armas de lucha? ¿O éstas eran sólo un medio para alcanzar el poder? La desilusión en masa provocada por el derrumbe de los sistemas socialistas,  han llevado al hombre a un estado de nihilismo total, donde nadie cree en nada, como bien lo anticipara Nietzsche hace cien lustros.  

Incrustado el individuo en la estructura, se niega su capacidad personal, su individualidad, su papel de hacedor de la historia y se lo confina a la nada. Por cierto, esta posición no deja de ser razonable, toda vez que el individuo se da cuenta de su impotencia frente a la estructura granítica del poder, toma conciencia de un sí mismo imposibilitado, y acaso por esta misma razón la depresión es hoy la enfermedad del siglo. Las filosofías idealistas, al menos contagiaban a las masas con la esperanza, y sabemos que sin esperanza se acaba el hombre.

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