Joaquín Edwards Bello, Crónicas.

Las crónicas de Joaquín Edwards Bello responden al trabajo riguroso y sistemático de un espectador, como llama Ortega y Gasset la condición sine qua non de los artistas. Un espectador capaz de sorprenderse frente a la realidad circundante, al punto de describirla y comentarla para quienes no pueden verbalizar con propiedad y exactitud el objeto de su sorpresa. Sus crónicas abordan así desde lo trivial hasta los asuntos más importantes. Edwards Bello, como Neruda en poesía, no dejó tema sin tocar ni asunto sin atender. Dotado de una facilidad expresiva sin parangones en nuestro suelo, sus crónicas siguen siendo todavía un verdadero festín para los amantes de las letras.

 

Podemos preguntarnos dónde radica la magia de su encanto, dónde están la claves de la grandeza de su estilo, para al cabo volver con una respuesta que cae por sí sola de madura:  la naturalidad, la sencillez de una prosa libre de cualquier intento o búsqueda de rebuscados métodos para decir lo que se piensa. Sus palabras claras y precisas, su extensión siempre ajustada y sucinta, contribuyen también a resolver el misterio de esta prosa que sigue hablando a los chilenos, con el mismo encanto de sus primeros tiempos.

 

Sus lecturas debieron ser siempre obligatorias en liceos y universidades. Sin embargo, pasaron años sepultadas por la ingratitud y la ignorancia, o por ese olvido rebelde de un pueblo poco dado a de expresar gratitud frente a la grandeza del otro. El propio Edwards Bello apunta en una de sus crónicas que fue reconocido primero afuera, para que nuestro medio le diera un puesto de excelencia. Nadie es profeta en su tierra, la frase bíblica sigue vigente, y sobre todo en nuestra tierra donde no es fácil perdonar a quienes superan nuestra inteligencia. Pero en fin. Meas culpas para otro espacio y momento.  Lo importante ahora, gracias a la iniciativa de la universidad Diego Portales, es la publicación completa de sus crónicas. Ya van dos tomos de mil páginas cada uno con sus crónicas y se espera la pronta aparición de un tercero. El lector puede sumergirse en ellos y encontrar temas de interés que van desde, por poner un ejemplo, la cueca hasta el vino.

 

La mirada de este espectador excepcional, dotado con el arte de la literatura, no deja  tema ni lugar por describir, recogiendo los aspectos más esenciales de chile y los chilenos con mirada crítica, a veces, como corresponde a un intelectual. Cuando por estos días se habla de chilenidad, de identidad nacional y nadie atina a emitir una definición al respecto, bastaría acudir a estas crónicas para destilar después de su lectura tales conceptos. Las crónicas de Edwards Bello resumen pensamiento, vida, carácter e intereses de los chilenos. Revisemos parte de esta crónica , por ejemplo, con fecha  11 de noviembre de 1927, y que lleva por título El vino:

“No concibe un francés la comida sin pan, vino, café y licor. Esto último consiste en una simple copita como un dedal de aguardiente para empujar el total de lo ingerido.

Veamos lo que pasa en Chile: aquí casi nadie dosifica su alcohol. No existe la media botella sedante del almuerzo y la comida, sino agua en el almuerzo, agua en la comida y una borrachera estrepitosa de tres días. A saber: sábado, domingo y lunes.

 

Lo que ocurre con el pueblo, salvo ligeras variantes, ocurre con la gente rica. Los hay que, antes de ir almorzar, han bebido una docena de mezclas abominables para excitarse, generalmente mano a mano entre hombres solos. Cito este detalle de la soledad porque, en Europa, los licores finos, el champagne en primer lugar, están indicados para servirse en la compañía de las damas.

 

La borrachera chilena es una de las muestras comprobadoras de nuestra falta de medida; ignoramos todavía el deleite de degustar, de paladear; no conocemos todavía esa regla del gusto que consiste en dosificar. De todo lo cual se infiere que somos desaforados. Cuando nos dan una copa queremos beber veinte. Si a nuestro pueblo le diéramos la media botella al almuerzo, es seguro que no podría sustraerse a la tentación de pedir otra media y otra y otra hasta la borrachera. No sabe medirse; beber hasta caer muerto. “O todo o nada” es el lema del bárbaro. Cosa parecida ocurre con las comidas criollas.”

 

Resume con la palabra desaforados una indudable características del carácter nacional, que se hace extensiva no sólo en lo referido al vino. El todo o nada, he ahí otra particularidad que nos caracteriza y que, por cierto, da cuenta de la falta de refinamiento cultural. A luz de esta crónica, y como esta hay miles, se podrían deducir los rasgos más  importantes de la chilenidad.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Noviembre de 2010

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7 comentarios en “Joaquín Edwards Bello, Crónicas.

  1. El texto simple…Sin duda fue de lo que más me preocupé al leer tu comentario, antes de adentrarme al extracto; y que sin duda, lo fue.
    ¿Están a la venta esos tomos? Mera curiosidad.

    Conozco unos cuantos menos-muchos sedientos del licor. Y yo fui uno de ellos.
    Hoy por hoy, prefiero sonreír para no llorar.

  2. El mejor periodista chileno del siglo XX.
    Vivió mucho tiempo fuera del país y en Chile se le criticaba porque él describía a los chilenos estando fuera, sin palpar en carne y hueso lo que pasaba acá.
    Su respuesta fue “para reconocer una obra de arte hay que estar lejos para no contaminarse. Porque con la nariz sobre la pintura no se logran apreciar los detalles”.

  3. Cuanto puedo escribir? Yo había llegado al liceo de Hombres de Traiguén en 1964 y en su magnífica biblioteca encontré las Crónicas…Me impresionó una en particular: “1962” (a lo mejor me equivoco) y en ella se refería a la constancia de S. Allende para llegar a la presidencia de la república deseándole que lo lograra en la siguiente elección, para “que comprobara como lo triturarían la marina chilena, las mujeres y la iglesia..” Genial, nos conocía no digo al revés y al derecho sino que de la derecha a la izquierda.

  4. Este crónista impresiona como pocos. Su verdad duele. Tiene la facultad de alejarse estando dentro de nuestra sociedad y describir nuestro diario y cotidiano vivir, cual extranjero que llega por primera vez a nuestras tierras.Debiera ser lectura obligada en nuestros liceos. Tuvo la valentía de criticar a su propia clase y alejarse voluntariamente de ella, aceptando las consecuencias de ello. La verdad es que fue un desclasado con todas sus letras. Compartía de igual a igual tanto con un vagabundo como con un presidente o rey. Sin duda un personaje excéntrico e incomprendido por la sociedad que le toco vivir.

  5. Hace un año opiné sobre Joaquín Edwards B. luego de haber leído El Roto y otras aparte de sus Crónicas….
    En semanas pasadas comentaban acerca de las lecturas obligatorias de mis nietas ( 15 y diez años) en su colegio y hube de quedarme callado porque al parecer a quienes yo hubiera sacado el sombrero no mas escuchar su nombre ahora son una pitijaña…Hartos vampiros importados y de autores chilenos…¿? Por ratos me confundo…Qué está haciendo la educación chilena? Bueno, si Algun lector lo sabe por favor ilústreme.

  6. Ricardo: Eso es lo más lamentable de nuestra educación. Está en manos de los tecnócratas de la educación. Son los clásicos padres Gatica, que predican y no practican. No leen, pero recomiendan lo que no han leído ni leerán jamás. En Chile, los programas están completamente obsoletos. Mejorar la educación implica modificar sus estructuras.

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