Saramago: El evangelio según Jesucristo.

En El evangelio según Jesucristo, Saramago recrea las historias reveladas en El nuevo testamento, con la ironía característica de su pluma de escritor experimentado en el arte de la ficción, mostrando la parte humana de Jesús protagonista por sobre la divina, al punto de enfrentarlo en un cara a cara con Dios por causa de su destino inexorable, y de ser llamado o condenado a ser su hijo redentor. Asombra el conocimiento acabado de Saramago de los episodios bíblicos descritos para citarlos en los momentos oportunos. Prueba, sin duda, sus orígenes cristianos primarios, heredados de sus ancestros campesinos, y un conocimiento acabado del libro parodiado. Así, podemos leer su evangelio hasta cierto punto como un correlato del genuino. Pero se trata ahora de un libro de preguntas, y no de respuestas, como la Biblia, donde todo ha sido digerido para el lector como verdad indiscutible.

 

Este nuevo Jesús de Saramago, porque cabe llamarlo así,  en virtud de sus características, no viene a dictar cátedra como aquel, sino a cuestionar en medio de los hombres los designios divinos, a preguntarse porque Dios es cómo es, por qué otorga al hombre un destino amargo, pudiendo darle uno más bien dulce, si cuenta con las facultades omnipotentes para conseguirlo. Se trata de un nuevo evangelio que pone en un mismo lugar a Dios y al Diablo, como las dos caras indisolubles de una moneda. No puede existir lo uno sin lo otro, plantea. Así. pondrá en tela de juicio los designios divinos, subvirtiendo las grandes cuestiones teológicas, descreyendo del dios bondadoso, y anteponiendo aquella figura del dios terrible proyectada en el antiguo testamento, presente y conciente en todos los crímenes llevados a cabo por el hombre por su causa, provocando, incitando la rebelión de las almas gentiles. “a Job lo compensó Dios restituyéndole en doble lo que simple le había quitado, pero a  los otros hombres, aquellos en nombre de quienes nunca se escribió un libro, todo es quitar y no dar, prometer y no cumplir”

 

Su visión tiene mucho de Nietzsche, y este nuevo Jesús encarna a ratos más a Sarathustra que al clásico pastor bíblico. Se trata de una forma literaria de revisionismo, pero manteniéndose en los márgenes del género novelesco, por supuesto, de un reformular los códigos bíblicos, a partir de un personaje alegórico, sujeto libre para actuar, capaz de pensar por sí mismo, pero igualmente condenado a su fatal destino mortuorio. No hay dudas que la muerte y la injusticia divina son los grandes temas de la novela, y hacia allí van lanzadas las preguntas más importantes, acertando en el blanco de la angustia existencial que acompaña al hombre hasta su hora más profunda. La postura filosófica se corresponde con las teorías posmodernistas que hablan del fin de los grandes relatos que pretendían acotar y solucionar los problemas humanos.

 

Algunas escenas de este evangelio se corresponden completamente con las descritas en el Nuevo Testamento, salvo a la hora de enfrentar los designios divinos, donde puede leerse la rebelión explícita del nuevo evangelista. Al comienzo serán José y María los protagonistas, su aventura hacia Belén a fin de cumplir con las obligaciones ciudadanas implantadas por Herodes, darán curso a los acontecimientos del porvenir, como designios indelebles y definitivos. José, el carpintero, será cuestionado y atormentado por la culpa de no haber avisado la mala noticia que ha oído casualmente mientras trabaja en el templo de Jerusalén, a fin de costear su larga estadía en Belén. Los gritos desgarradores de los niños asesinados por los soldados, oídos por José aquel día, desvelarán a partir de entonces sus sueños hasta el momento de su muerte. Un sueño y una culpa que heredará con posterioridad el hijo, Jesús, una vez al tanto de los entretelones de su misterioso nacimiento. Esta conciencia culposa, será claramente cuestionada en la novela, como algo que pasa olímpicamente de largo  en el relato bíblico. Sin considerar la injusticia divina implícita en los acontecimientos que la provocan. ¿Es posible que Dios permita tales horrendos crímenes en su nombre? Es la pregunta o la protesta suprema  de Saramago, en la cual insistirá años más tarde en su novela Caín. ¿Cómo pueden ser culpables también los niños para un Dios supuestamente benevolente que ha creado a su imagen y semejanza al hombre? Jesús cargará la culpa del padre hasta sus últimos días, pero también cuestionando el contradictorio accionar de la divinidad, quien exige para sí pactos de sangre semejantes a los que suscribe el Diablo con sus demonios. “la culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre.”

 

El temprano alejamiento de Jesús de su familia, impacta al lector como noticia desconocida, como antecedente nuevo de los hechos bíblicos, pero resulta convincente y verosímil en el relato y ayuda a recrear al personaje niño hasta verlo convertido en un adulto.  Después de la muerte de José en la cruz por causas del destino aciago que delimita la vida de todos los hombres, Jesús se irá del hogar  en busca de su propio derrotero, buscando respuesta a sus preguntas teológicas, pero cayendo en su peregrinar en manos del Diablo, y pasando a ser aprendiz de pastor de su rebaño.  A pesar del consejo  de un anciano fariseo encontrado en el camino:  “toma este dinero y vuelve a tu casa, el mundo es aún demasiado grande para ti” Jesús continuará durante cuatro años en compañía del Diablo en calidad de pastor,  y será éste y no él, quien lo aleje de su lado por considerarlo inservible como pastor. “No has aprendido nada, vete”

 

 

La figura de la mujer, en principio representada en María madre de Jesús, impresiona por su sabiduría y fuerza de carácter.  Saramago impone tales atributos en la mujer, cuestionando el segundo plano al que ha sido condenada por los documentos bíblicos de orígenes judíos. “Marginada, María se iba dando cuenta que había cosas que no podía preguntar, se trata de un método antiguo de las mujeres, perfeccionado a lo largo de los siglos y milenios de prácticas, cuando no las autorizan a preguntar, escuchan y al poco tiempo lo saben todo, llegando incluso a lo que es el summun de la sabiduría, a distinguir lo falso de lo verdadero.” Pero más adelante será reivindicada su figura mediante la aparición de María de Magdala, o María Magdalena, la prostituta que cura las heridas de Jesús y lo seduce, entregándose posteriormente a él en cuerpo y alma, y abandonando posteriormente su cuestionado oficio. Es ella quien explicará a Jesús: “Tendrías que ser mujer para saber lo que significa vivir con el desprecio de Dios, y ahora tendrás que ser mucho más que un hombre para vivir y morir como su elegido.” María de Magdala, acompañará a Jesús en todos los momentos siguientes de su vida. Será su amante y consejera, mostrándose como una persona de una nobleza indiscutible.

 

La novela no está exenta de humor y de sarcasmo. Saramago maneja al dedillo estos códigos heredados de autores anteriores, expertos en el arte de la ficción, como Kafka y Gogol, en quienes pueden hallarse claros antecedentes de su prosa cargada al sarcasmo y la ironía como método estilístico para abrirse camino ante el misterio de la vida.  A propósito de volver al lugar de nacimiento, mito que circula por los siglos en la mente de los hombres y también en el de Jesús, apunta: “donde naciste fue en la barriga de tu madre y ahí no podrás volver jamás”  O bien “mire el lector de este evangelio un retrato de su madre, que la represente grávida de él, y díganos si es capaz de imaginarse dentro.”  Respecto al respeto por los viejos, asunto sobre el cual también abunda la Biblia, dirá: “a los viejos, a todos, se les debe responder siempre, porque ya siendo poco el tiempo que tienen para hacer preguntas, extrema crueldad sería dejarlos privados de respuestas, recordemos que una de ella pudiera ser la que esperaban.” La ironía y el sarcasmo van juntas: “La insatisfacción, hijo mío, fue puesta en el corazón de los hombres por el Dios que los creó.”  Las frases parecen máximas: “La verdad y la mentira pasan por la misma boca y no dejan rastro.”  Las palabras de Dios, están cargadas de elementos explosivos: “Sí, hijo mío, sí, el hombre es palo para cualquier cuchara, desde que nace hasta que muere está siempre dispuesto a obedecer, lo mandan para allá, y él va, le dicen que se pare y se para, le ordenan que vuelva a tras y él retrocede, el hombre tanto en la paz como en la guerra, hablando en términos generales, es lo mejor que le ha podido ocurrir a los dioses.”

 

Los sustancial de la novela parece concentrarse en el largo episodio en que Jesús se interna en el mar para ir al encuentro con Dios. Reunión que durará esos cuarenta días y esas cuarenta noches bíblicas. Pero no sólo estará Dios presente, también asistirá el Diablo, el pastor que ha pastoreado a Jesús en sus años juveniles. Allí le serán develadas las verdades de su vida, detonando la rebelión del hijo elegido, pero acabando finalmente por aceptar “los caminos inescrutables del Señor”  “Y cual es el papel que me has destinado en tu plan” Preguntará Jesús, para recibir una respuesta contundente y segura, que pone en evidencia el aguijón que busca lanzar Saramago al lector, cuestionando los cimientos del cristianismo, muy al estilo de Nietzsche, o bien siguiendo su mismo derrotero: “ El de mártir, hijo mío, el de víctima, que es el mejor que hay para difundir una creencia  y enfervorizar una fe.” Sabemos cuánto le molesta al filósofo alemán la piedad cristiana, y en Saramago encuentra un discípulo.

 

El evangelio según Jesucristo de José Saramago dice relación con La última tentación de Nikos Kazanzaki, ambas novelas recogen los llamados evangelios apócrifos y aportan una nueva lectura de los textos bíblicos.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – 2007

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