Corman McCarthy, La Carretera

                                      

 Un padre y su hijo viajan empujando un carro de supermercado por una carretera que cruza  casas, pueblos y ciudades devastados después de una presunta… ¿guerra nuclear?

El instinto de supervivencia los llevará a buscar en los escombros los alimentos que les permitan vivir. El viaje es largo, y lleno de peripecias. El padre confía en llegar con su hijo al mar, donde al menos el frío no será tan intenso, y lo consigue después de muchos esfuerzos.

 

Este viaje por la carretera de Mc Carthy es, por cierto, una metáfora de la vida, y la llegada al mar puede simbolizar la muerte. La novela no puede entenderse de otra manera, y resulta impresionante recorrer sus páginas viendo a los dos personajes extraviados en esa desgarradora desolación, repetir una y otra vez las mismas acciones mecánicas que conforman o se llevan el tiempo medular de la existencia, sin aburrirnos de llevarlas a cabo diariamente. Acciones tales como comer, masticar, abrigarse, destapar y cerrar una botella para beber, encender el fuego, seguir caminando, mirar el cielo. Cuestiones básicas, por cierto, pero aún así las olvidamos en nuestra carrera desatinada por el mundo.

 

Impresiona, desde luego, el paisaje apocalíptico por donde se mueven ambos personajes, sin hallar en su camino atisbos de esperanza alguna. Solo destrucción, basura y muerte, ciudades abandonadas, escombros y cadáveres. Desechos de humanos por doquier, los desperdicios de una civilización que sólo ha dejado basura sobre la faz de la tierra. No obstante, el niño viaja ilusionado por la idea de ser los portadores del  fuego, como le ha dicho su  padre. Es decir -leyendo entre líneas- la esperanza. Sí, aquel deseo ancestral y visceral de hallar un mundo mejor, a pesar de esos campos y ciudades devastados por donde cruzan, por donde a menudo cruza el hombre mientras vive, cargando, además, la desventura de su ser para la muerte. Y sin embargo, se vive y se trabaja para la eternidad, como si no tuviéramos conciencia alguna de la inminencia inexorable del final.

 

¿Cómo consigue el hombre vivir sabiendo de antemano su trágico destino? La novela de Mc Carthy recrea esta fragilidad existencial desde una perspectiva todavía más terrorífica, desde la destrucción misma, desde el caos total al cual en cualquier momento el hombre puede llegar, como consecuencia de una guerra nuclear, por ejemplo. Sin embargo, aún mostrando lo peor, Mc Carthy no pierde su fe en el hombre, en su capacidad y su conciencia para distinguir el bien y el mal,  y para avanzar en el misterio sagrado de la vida no importa cuales sean las circunstancias.

 

Este viaje del padre con su hijo es un mensaje, una llamada de atención al hombre de nuestro tiempo, particularmente a las sociedades del primer mundo, que lo tienen todo, y sin embargo, todavía quieren más, más supermercados abarrotados de cosas, más sexismo, más comodidades, más riquezas, creyendo hallar en ellas la felicidad, ignorando que la felicidad no está afuera, sino adentro, muy adentro del individuo, como lo sabe el hombre desde el comienzo de los siglos.  

 Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Diciembre de 2010

 

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Un comentario en “Corman McCarthy, La Carretera

  1. A mi también me encantó esta novela. La descripción poética de la fragilidad humana es absolutamente impresionante.

    Pero no estoy de acuerdo con tu planteamiento de esta pregunta:

    “¿Cómo consigue el hombre vivir sabiendo de antemano su trágico destino?”

    Lo cierto es que durante la novela el padre parece albergar esperanzas de que en el sur hará calor y será posible una mejor vida. La migración busca la supervivencia, pero no son personajes nómadas, o al menos ellos no lo saben: esperan encontrar un lugar en el que establecerse; es como si buscaran la respuesta en el mar, como un último clavo ardiente al que agarrarse.

    La pregunta que hizo esta novela que me hiciera a mí mismo es: ¿Tiene sentido la aventura del padre? ¿Quién tiene razón, el padre que busca desesperadamente un lugar donde su hijo pueda crecer y vivir, o la madre, que no tiene esperanza alguna y prefiere suicidarse?
    El final de la novela es igualmente ambivalente: el padre muere, el niño encuentra en ese mismo instante, como por casualidad, una nueva familia que le acoge y que incluye niños con los que poder jugar, algo con lo que el niño protagonista sueña constantemente durante su odisea con el padre. Es un instante mágico y hermoso; el único momento de la novela donde se encuentra alguna expresión amor fuera del amor entre el padre y el hijo protagonistas. Sin embargo la duda permanece ahí: nada nos hace pensar que esa familia vaya a sobrevivir ni a encontrar nada mejor.

    Un saludo, no estoy de acuerdo contigo en algunas cosas pero tu blog me parece muy bueno.

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