El todopoderoso dios de la modernidad.

No se puede luchar contra el poder del dios Mercado. El todopoderoso Mercado que domina las sociedades modernas. Todo lo impone y lo consigue este dios de la modernidad, y ya resulta imposible librarse de él. Se ha instalado en la conciencia, pervive en el inconsciente colectivo, y cualquier intento de negación, de ataque, no pasa más allá de ser una escaramuza. Es decir, un intento fallido, condenado al fracaso más rotundo. Hemos sucumbido finalmente a las bondades del dios Mercado, porque, desde luego, es más fácil que otros piensen por nosotros, a pensar por nosotros mismos. Es mejor que otros nos digan qué debemos beber, qué debemos comer, cómo debemos vestirnos, a dónde debemos viajar, qué debemos leer, comprar…Incluso, cómo debemos celebrar las fiestas y las bodas, los bautizos, cómo debemos bailar (piénsese en esas masas de gente guiadas por un bailarín desde arriba de un escenario), en los estadios repletos y aturdidos tras el movimiento de una pelota, en los conciertos donde miles de fans adoran a sus ídolos impuestos, claro está, por dios Mercado para aplacar la necesidad de placer de las masas.

El dios Mercado lo regula todo más fácilmente, sin dejarnos sumidos en  ese tiempo odioso para divagar si hacemos esto o lo otro, como nos ocurre cuando nos quedamos a solas con nosotros mismos, con ese ser interior por siempre dubitativo, despreciable, irresoluto, en buenahora aplastado ahora por los designios de Mercado, capaz de suscitar en nosotros ansiedades claramente objetivables en artículos de consumo concretos, incluido el arte por supuesto, que también forma parte de su reino y potestad.

Sólo si te compras tal o cual cosa, serás feliz, es el mensaje inequívoco, divulgado a los cuatro vientos vía imagen televisiva, el cual el receptor recibe casi como un obsequio sagrado, dotado de poderes mágicos para conseguir el bienestar y aquello llamado, supuestamente, felicidad…. Y, desde luego, la gente lo cree,  y se descoyuntará la espalda con tal de conseguirlo, aunque al poco rato después, una vez con aquel objeto-sueño-cumplido en las manos, ese mismo objeto encantado pierda todo su encanto, y no sea más que un sapo disfrazado, porque Mercado ya ha creado uno nuevo, mejor, más satisfactorio, por supuesto, de última moda, la gran novedad del año. Piensa en la infinitud de modelos de teléfonos celulares, de automóviles, computadores, refrigeradores, en el sexo, claro, porque también forma parte del reino de Mercado, y los jóvenes, y aún los viejos, si tienen suficiente dinero, pueden adquirir reales gangas diariamente, lo harán…. Así, hasta el infinitum.

El dios Mercado regula nuestros estados ansiosos. Primero nos desvela con sus mundos de fantasía, y después nos sosiega cuando podemos materializar el sueño previamente creado. No podemos defendernos de él, cualquier intento es inútil, porque somos humanos, demasiado humanos. Estamos condenados a sucumbir, tarde o temprano, a las bondades de Mercado, porque es un dios que  genera las esperanzas, ayer dominadas por idealismos hoy día insufribles, insostenibles. Mercado ha venido a suplantar a todos los dioses hasta ayer pensados por el hombre a fin de darle un sentido lineal a su existencia.

Si quieres leer un buen libro, no tienes más que escoger en la lista de los más vendidos. Si quieres beber un buen vino, sólo basta mirarle las piernas o el trasero a la promotora para saber de su calidad excepcional. Si quieres viajar a la Isla de la Fantasía, no más debes entrar a una agencia de turismo donde el dios Mercado te abrirá las puertas del mundo…

Miguel de Loyola – El Quisco – Noviembre de 2010

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Un comentario en “El todopoderoso dios de la modernidad.

  1. El mercado se asentó en la vida del ser humano casi al mismo tiempo que se hizo sedentario, la cuestión es que el mercado era solamente un espacio para intercambiar bienes y ahora se ha convertido en el Thelos, en la finalidad de la vida no sólo de los seres humanos, sino de las comunidades como tal.

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