Schlink, Bernhard: El regreso

En El regreso, Schlink no consigue la perfección lograda en su nouvelle  El lector. Podemos preguntarnos -a modo de ejercicio- dónde radica la diferencia. Y la primera respuesta, dice relación con la extensión. Mientras la lectura de El lector se hace breve, El regreso se siente por momentos farragosa, toda vez que vemos dilatados los acontecimientos de manera innecesaria. En la primera novela la historia se condensa, comprimiendo las situaciones, en la segunda la  intención de abordarlo todo resulta demasiado evidente. Así la historia principal termina diluyéndose, a pesar del interés generado en los primeros capítulos.

Esto, en ningún caso  quiere decir que El regreso no merezca la atención del lector. Muy por el contrario, Bernhard Schlink es un autor que tiene mucho que enseñar al mundo latinamericano, a quienes estuvieron en el lado opuesto, ajenos por completo a la realidad de la Europa del Este. La novela, en ese sentido, es un pasadizo para entrar y examinar hacia ese mundo desconocido por donde transitan  los hijos y nietos de un imperio militar que estuvo a punto de tener al mundo en un puño. El regreso aborda dichos temas, tocando notas dentro de una misma armonía que permiten oír las consecuencias psicológicas de la 2ª Guerra , y también de ese enorme estallido de alegría tras la caída del muro de Berlín. Sin duda, otro tremendo enigma de nuestro siglo, tanto la construcción de dicho muro como la caída del mismo 40 años después (1961 – 1989).

Al igual que en El lector, la narración avanza desde la infancia del protagonista (Peter Debauer) hasta bien entrada su madurez, generando el correspondiente suspenso mediante el tejido y recreación de una compleja relación amorosa, sin caer en el detalle de la cosa puramente sexual de algunos autores en boga, quienes terminan usándolo como  recurso para capturar el morbo del lector. Aquí, enfrentamos una relación amorosa más firme, tendiente a consolidarse en el tiempo, a pesar de los altibajos por los que pasan las vidas de los amantes. Es más, aquí –al igual que el protagonista- el lector termina enamorándose de Bárbara Bindinger, debido al espesor psicológico que cobra su personalidad en medio del extraño mundo donde se mueven las mujeres y los hombres de su generación.

Sin embargo, el gran tema de la novela no está focalizado precisamente en la cuestión amorosa, como nos parece en un principio, sino en otro muy distinto: en la búsqueda del padre por parte del protagonista. Aunque habría que señalar que ambos temas se conjugan y podrían interpretarse como uno solo. La búsqueda del otro, por cierto, simbolizada en esa  figura del padre de una generación que posiblemente no lo tuvo por causa dela Guerra, y en cuya carencia Occidente no todavía no ha pensado.

Miguel de Loyola – El Quisco – Febrero del 2008

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