Herta Müller, Niederungen: En tierras bajas.

Los relatos de Herta Müller dicen relación con lo que llamamos criollismo, toda vez que  dan cuenta de la realidad rural, de un mundo recóndito, habitado por seres distintos, marcados por un cronómetro que no alcanza la vertiginosa velocidad del mundo citadino. Herta Müller recrea esos espacios de intimidad que el hombre ha perdido en medio de la urgencia de la vida moderna. Desde luego, llama la atención su estilo, la particularidad de su escritura, ese realismo surrealista para retratar espacios y circunstancias.

En Tierras Bajas, es un conjunto de relatos descriptivos en torno a una aldea y sus habitantes. Se trata de pequeñas fotografías, impresiones detalladas que dan cuenta del mundo circundante, revelando una realidad que no es muy distinta a la nuestra, por cierto, pero difiere en el modo de retratarla, de percibirla,  de anotarla. Herta Müller describe su mundo desde una particularidad que resulta atractiva para quienes estamos acostumbrados al fraseo largo, al encadenamiento infatigable de las frases, a la metáfora y a la metonimia. No, aquí se puede apreciar con absoluta claridad la precisión y alcance literal de la lengua alemana. Sus relatos son breves, algunos brevísimos, pero conforman un conjunto que ofrece al lector una idea de totalidad, en tanto referidos a un mismo espacio, y a una misma época.

Aquí no hay desarrollo lineal de las historias, sino breves retazos, visiones reales o imaginarias por parte del narrador, por parte de esta cámara oculta que va retratando desde una perspectiva donde lo importante parece estar en la discontinuidad de la historia, en la falta de sentido de la misma, en  la fragmentación del hombre y su circunstancia. En tal sentido, responde claramente a una estética posmoderna, la cual –sabemos- plantea el fin de la historia, el fin de esas narraciones marcadas por tres puntos clave, como presentación, nudo y desenlace. No, aquí nada de eso se cumple, y aún el relato más largo del conjunto, En tierras bajas, carece de tales formalidades. Nos enfrentamos a expresiones que debemos interpretar de acuerdo a nuestra propia experiencia. Veamos un párrafo En tierras bajas, tomado al azar: “Arranco dos granos de maíz. La mazorca cruda lanza una mirada ausente desde las cavidades. Vuelvo a vaciar tres granos seguidos, y otros tres en dirección vertical. Y observo la boca rígida y la nariz excavada.”

El intento de atrapar la realidad, igualmente se consigue tras esta narración desperdigada, y el lector termina siendo capturado por la misma. Las narraciones de Herta Müller nos permiten acercarnos a la problemática de una cultura distante de la nuestra, no sólo por la lengua, sino más bien por esa barrera impuesta tras la Segunda Guerra, y luego por la llamada Guerra Fría que separó al mundo por cincuenta años en dos mitades irreconciliables. Desconocemos la realidad interior de esos países de centro Europa, y los relatos de Herta Müller nos permiten acercarnos y a constatar una vez más, que la problemática existencial del hombre está latente en todas las latitudes del orbe, y sólo buscamos las más diversas formas de disfrazarla.

En Tierras bajas es posible percibir el clima de opresión vivido bajo la dictadura comunista, motivo por el cual el libro fue prohibido en Rumania.

Herta Múller recibió el Premio Nóbel de literatura en el 2009.

Miguel de Loyola – El Quisco – Abril del 2011

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