La novela de Perón. Tomás Eloy Martínez

La novela de Perón, recorre vida y trayectoria del máximo líder argentino, desde su nacimiento en 1895, hasta su defunción, acaecida el 1° de julio de 1974. Se trata de una obra que viene a retratar al político más emblemático de la república Argentina del siglo XX, desde una perspectiva donde la realidad se mezcla o funde con la ficción, donde la historia se funde y confunde con la invención, como ocurre en toda obra literaria, para permitir la apropiación de las vivencias, emociones y pensamientos ajenos que ansía comunicar el novelista al lector.
Tomás Eloy Martínez da curso al relato a partir de la víspera de un acontecimiento histórico relevante para el pueblo argentino: 20 de junio de 1973, día del retorno a su país del líder exiliado en España, recreando de manera magistral los entretelones, las conspiraciones, los posibles anhelos y esperanzas de los argentinos tras la ansiada repatriación de su líder, y también los del propio General y su corte, encabezada por su mujer, Isabel Martínez y su secretario López Rega. Más de dos millones de personas saldrían a recibirlo aquel día a las inmediaciones del aeropuerto de Ezeiza, entusiasmadas ante el regreso triunfal después de dieciocho años de exilio en Madrid.
La narración se abre desde y hacia distintas perspectivas, y adquiere lo que Bajtin vino a llamar discurso polifónico, en tanto recoge las más variadas voces para ilustrar la fábula, otorgándole así mayor pluralismo a la recreación e interpretación de la misma. Estamos aquí, sin duda, frente a un proyecto narrativo de gran envergadura, que intenta recrear la historia, de una de las personalidades más influyentes del pensamiento político de la república Argentina. El General Juan Domingo Perón instituyó una ideología que vendría templar los equilibrios sociales de un pueblo ansioso de justicia e igualdad social, aglutinando en su filas contradictorias alianzas entre la izquierda y la derecha civil y militar. Siendo ese, tal vez, el mayor mérito o la mayor estrategia del peronismo. Cito del libro un extracto de las memorias del General: “si he vuelto a ser protagonista de la historia una y otra vez, fue porque me contradije. Ha oído ya la estrategia de Schlieffen. Hay que cambiar de planes varias veces al día y sacarlos de a uno, cuando nos hacen falta. ¿La patria socialista? Yo la he inventado. ¿La patria conservadora? Yo la mantengo viva. Tengo que soplar para todos lados, como el gallo de la veleta. Y no retractarme nunca, sino ir sumando frases. La que hoy nos parece impropia puede servirnos mañana. Barro y oro, barro y oro… Usted sabe que yo no digo malas palabras, pero para la historia no hay sino una. La historia es una puta, López. Siempre se va con el que paga mejor. Y cuantas más leyendas le añadan a mi vida, tanto más rico soy y con más armas cuento para defenderme. Déjelo todo tal como está. No es una estatua lo que busco sino algo más grande. Gobernar la historia…”
El relato comienza en Madrid, en casa de Perón, tras los preparativos de la partida, focalizándose en la interioridad psicológica del personaje, abordando sus sueños y aprehensiones, enseñando las dudas naturales de aquel retorno definitivo a la patria de un hombre, que si bien todavía líder, se encuentra ya viejo y enfermo, en las antípodas de lo que fuera veinte años atrás. En parte, la novela nos recuerda pasajes del El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, por cierto desencanto del propio personaje, y por su condición de militar, cuyo prototipo, Perón ciertamente representa. La habilidad del político, atención -puede inferirse a lo largo de las quinientas páginas- nace de la estrategia del militar, tras dar a entender que en la combinación de ambas personalidades, estaría la fórmula del líder. “Clausewitz opinaba que la guerra es una continuación de la política por otros medios. Para mí las cosas suceden al revés (dice el General): la política es una continuación de la guerra por otros medios, pero con las mismas tácticas”.
Las distintas líneas narrativas que va tomando el relato en su afán por abordar desde todos los ángulos posibles al personaje, llevan hasta la cuna de Perón y sus andanzas patagónicas junto a sus padres José Tomás Perón y Juana Sosa, quienes optaron por una vida alejada de las grandes urbes, y donde Juan Domingo pasó su niñez cabalgando y cazando guanacos, mucho antes de ser enviado a estudiar a Buenos Aires. El retrato de los padres dice relación con los personajes que ilustran las páginas de la literatura hispanoamericana. Los progenitores del General son comparables al matrimonio Buendía de García Márquez en Cien años de Soledad. De la madre dirá, por ejemplo, y es una clara referencia a Ursula Iguarán: “era tan infalible para ayudar en los partos que las preñadas solían viajar desde bahía Bustamante y aun desde el valle de Los Mártires, a dos semanas de camino, sólo para que Juana pusiera de cabeza a los fetos que estaban por nacer de espaldas, desenredara los cordones umbilicales y advirtiera, cuando salía la placenta, si adentro no quedaba algún gemelo”.
El pragmatismo de la mujer y el idealismo del macho latinoamericano que lo induce a quiméricas empresas, aparece claramente registrado en la novela. José Tomás Perón es a José Arcadio Buendía, lo que Juana Sosa es a Úrsula Iguarán. Me detengo en esto porque resulta muy interesante ver que las conexiones intertextuales registran características constituyentes de la idiosincrasia latinoamericana. Es decir, las fronteras que separan los países no fuerzan personalidades distintas, y por lo tanto se repiten los estereotipos en todas nuestras latitudes. Aquí el narrador perfila características que ya hemos conocido en la llamada literatura del Boom y las cuales siguen aún latentes, configurando la personalidad de los individuos.
El viaje a las raíces familiares de Perón surge a través de las memorias que López Rega le ha escrito. “El General lleva meses viéndolo (a López Rega) en el arduo trabajo de transcribir casettes y enredar documentos”, dando a entender así que no son obra suya sino del controvertido secretario que supo insertarse hábilmente en su vida, luego de llegar a su residencia madrileña en calidad de secretario de su mujer, para luego transformarse en la sombra de ambos. Aquí surge la personalidad de un personaje que la historiografía detalla como oscuro y temible, y el cual terminaría siendo, una vez Perón de vuelta en el poder, el conductor en las sombras de la política Argentina, facultado por el propio General para hacer y deshacer. Pero hay un nudo todavía más novelesco que atará la vida de Perón y su mujer a López Rega, y es la relación esotérica establecida por el llamado brujo –que así llama el pueblo argentino al mencionado secretario- con Isabel Martínez . Esta abre un capítulo aparte para la ficción, introduciendo así otro rasgo característico del pueblo argentino y de los pueblos latinoamericanos todos: la superstición. López Rega se inserta en la cúpula del poder gracias a los poderes que ostenta en su calidad de astrólogo, quiromántico, espiritista, llevando a Isabel Martínez de Perón a vivir actos esotéricos impresionantes, como el consabido y macabro intento de rencarnar el espíritu de Eva Duarte en el cuerpo de Isabel. Hecho que se lleva a cabo en la buhardilla donde se encuentra la urna que contiene el cuerpo embalsamado de Evita, desde que le fuera devuelto a Perón por el general Lanusse, después de haber pasado catorce años sepultado clandestinamente en un cementerio de Milán.
Este hecho singular contiene elementos macabros, donde la realidad supera a la ficción. Es cuestión de imaginar las sesiones de espiritismo llevadas a cabo por Lopez Rega junto al cuerpo de Eva Duarte. Sin duda, deja en evidencia el poder de las supersticiones de los pueblos latinoamericanos, y de los pueblos en general, los cuales apuestan a todos los medios posibles a la hora de la incertidumbre frente a los designios del destino, y al deseo y ambición por alcanzar el poder. Desde luego, cabe preguntarse cómo, por qué, y hasta dónde, Perón, el General, el político, el estadista, permitió estas prácticas espiritistas en su hogar, cuando sus postulados apuntan hacia la importancia del dominio de la voluntad por sobre los azares del destino. En sus memorias señala: “he recibido muchas tentaciones del destino. Movéte aquí, movéte allá, hablaba mi destino, sirviéndome ocasiones en bandeja. Yo dejaba que aquellas tentaciones se me acercaran, pero no les permitía ser mis dueñas. Iré donde yo quiera, les respondía. Cada vez que llamaba la suerte a mi puerta, quien salía a recibirla era mi voluntad. Yo he sido un rumiante del azar. Lo he masticado y masticado para que me obedeciese. Hay hombres que se dejan llevar por el destino y por lo demás. Yo sólo me dejé llevar por el destino y por mi”. Más adelante sostendrá: “No conozco la duda. Un conductor no puede dudar. ¿se imagina usted a Dios dudando un solo instante? Si Dios dudara, todos desapareceríamos”.  ¿Es posible que no se enterara, que no sospechara lo que ocurría en esa buhardilla destinada a ocultar el cuerpo de su difunta esposa?

II.-

Sus memorias nos llevarán a sus inicios como político, luego de haber sido agregado y observador militar en distintos países, y nos permiten acercarnos a la mentalidad del General, cuando decide hacerse cargo de la dirección del Trabajo, de donde emergerá la figura del político. “Desde ahí puedo poner en vereda a los agitadores comunistas y crear una base más amplia de apoyo para la revolución”, sostiene de manera categórica, dejando en claro así su discrepancia con el comunismo.
“Cuando llegué al Departamento, me topé con una recua de ganapanes que ni siquiera conocían las leyes del trabajo. Los puse a ordenar archivos y a limpiar la polvareda de los expedientes. Y llevé conmigo a un estadígrafo que valía oro: José Figuerola. Era un experto que había estudiado a fondo las organizaciones corporativas de Italia y que ya estaba fogueado en gobiernos revolucionarios como el del general Primo de Rivera. A ver, Figuerola, le dije, analice los planes económicos y laborales de los gobiernos anteriores y propóngame las reformas que hagan falta. A la semana me buscó pasmado: No hay planes, exclamó. ¿Cómo que no hay planes? El único que hubo en este país fueron Las Bases de Alberdi, y ya se han vuelto inservibles, dijo.
Fue otra señal de la Providencia. Yo había iniciado una revolución, pero en un país sin identidad, sin forma, con demasiados caminos y ninguna meta. Catorce millones de argentinos vivían al garete. Entonces me dije: A esta tierra sin destino, le daré un destino. Yo ¿está hecha de cartílagos? Pues le daré mis huesos. Seré su azar, su necesidad, su profecía”.
Las palabras del General suenan aquí rotundas, y permiten la aproximación a su temple de ánimo, al mismo tiempo que nos llevan a tomar conocimiento de las formas de cómo se forja un líder, a imaginar sus ambiciones, sus deseos, sus devaneos. Desde aquel puesto hasta ese momento sin ninguna importancia dentro de la política argentina, Perón irá cobrando renombre, tras cada conversación y acuerdo sostenido con los sindicatos, hasta convertirse en una esperanza para el pueblo. Desde allí se alzará como candidato presidencial y terminará siendo investido Presidente de la República en 1946 por una inmensa mayoría , para el asombro de sus enemigos y la alegría de sus amigos.

III.-
En otro plano, aunque también dentro de sus memorias, el lector encuentra acceso a opiniones del General que permiten la aproximación al pensamiento político de Eva Duarte, como asimismo, a su laborioso accionar en la secretaría del Trabajo, donde trabajaría luego de conocer a Perón en San Juan. A mí me interesaba limpiar el movimiento sindical. Los comunistas lo infectaban todo. Y Eva resultó una colaboradora inapreciable, cierta vez se presentó un bancario que se proclamaba socialista. Era un disfraz. Abría la boca, y ya en los dientes le brillaban la hoz y el martillo. A Eva le tocó atenderlo. El hombre la vio débil, se le avivó, y ella lo echó a carterazos. Yo salí de mi despacho asustado. Jamás había oído un rosario de palabrotas de tal calibre. Cuando quería, Eva tenía una boca de miel. Pero quien la provocara debía cuidarse. Cuando esa colmena se despertaba, brotaban unas avispas muy ponzoñosas.
En sus memorias, Perón habla de Eva separando la cosa afectiva y privilegiando lo racional, dejando de esta manera pruebas contundentes del predominio de la razón en la mente del General por sobre sus sentidos. Era una mujer especial. No con cualquier otra se hubiese podido conseguir tanto. Con ella ejercité a fondo el arte de la conducción. A veces me desanimaba, porque su temple indomable no admitía frenos ni sensateces. Si Evita hubiera estado viva el 16 de junio de 1955, cuando se ´produjo la primera sedición gorila, no hubiese tenido piedad. Para ella, un rebelde no merecía otro destino que el pelotón de fusilamiento. Siempre fue así, peronista sectaria; incapaz de transar con nada que no fuese peronista. Y a mi me daba mucho trabajo aplacarla. En la política, el sectarismo es negativo. Resta simpatías. A Eva no le importaba eso. Ella era ella, y que se viniera el mundo abajo.

IV.

Paralelamente al relato principal, surgen en la novela correlatos que vienen a complementar la historia, y particularmente, los hechos acaecidos aquel 1° de julio de 1974. Aquí surgen nuevos personajes vinculados a la vida de Perón. Aparecen también los montoneros, las facciones peronistas de ultraizquierda que ven en el regreso de Perón una puerta para la revolución. Ya hemos visto, por opiniones anteriormente citadas, la reticencia de Perón al comunismo, a pesar de que la oligarquía argentina lo tildará siempre de comunista por el populismo y su preferencia por la clase trabajadora. La novela ilustra muy bien las diferencias y viene a enseñar a las jóvenes generaciones los puntos tangenciales entre comunismo y nacional socialismo, cuyas metas y objetivos sociales parecen los mismos, salvo la forma de conseguirlo. La admiración de Perón por Mussolini es un hecho importante de acotar, y parece estar allí la clave de su estilo de gobernar. Perón buscaba afianzar las bases de una política nacionalista, muy contraria al internacionalismo propiciado por el comunismo.
La novela aborda demasiados aspectos como para tocarlos todos. Y sobre todo aquellos que le confieren suspenso a la trama, como el arribo del General a Ezeiza, aquel inolvidable 20 de junio de 1973,  después de catorce años de exilio. Dejamos ese plato de fondo para la avidez del lector.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Octubre del 2011.

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Un comentario en “La novela de Perón. Tomás Eloy Martínez

  1. Muy buena la nota sobre “La novela de Perón”, mejor que ésta (lo que es difícil ya que se trata de una obra fascinante) es “Santa Evita” de T.E.Martínez, un escritor de un talento excepcional y una simpatía nada común. Trataré de reseñarla para enviarle un corto informe sobre “Santa Evita”.

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