El ultimo lector, Ricardo Piglia.

Debo confesar que el aspecto más interesante de este libro, lo encontré en el prólogo. La historia del tipo que en su casa esconde una maqueta de Buenos Aires, convencido que la ciudad real depende de su réplica, despierta muchas inquietudes, sugiere y transporta al espacio de lo posible dentro de lo imposible, y viene a ilustrar muy bien la figura del lector. Tal vez recuerde la niñez, cuando imaginábamos –asustados por un dios soberano y castigador- que todos nuestros pasos y pensamientos estaban absolutamente controlados por un ser superior. Por cierto, la relación analógica con la obra de arte de esta breve historia contada en el prólogo, merece la mayor atención, porque conduce a la idea de arte en su esencia, en tanto mímesis de la realidad, real o inventada.

¿Qué es un lector?  Es la pregunta que Ricardo Piglia se propone responder en El último lector. No sé si realmente lo consigue, pero su formulación permite asomarnos por distintos vericuetos  a la esencia de la interrogante. Desde luego, se trata de un libro de hipótesis, muy al estilo de la narrativa de su autor, que deja vacilando más de una duda a quien pretenda hallar verdades eternas en sus páginas. Estamos frente a una escritura que juega con los conceptos, mostrando más ambigüedades que certezas. Sin embargo, esas ambigüedades, esos puntos que parecen estar o quedar en el aire, permiten el libre discurrir para obtener una aproximación propia al problema, a la gran interrogante que involucra también –por contraste- el sentido de la obra de arte, y concretamente, la literatura. Qué es un lector, confirmará Piglia, es la pregunta de la literatura. “Esa pregunta la constituye, no es externa a sí misma, es su condición de existencia. Y su respuesta –para beneficio de nosotros, lectores imperfectos pero reales- es un relato: inquietante, singular y siempre distinto.”

El libro nos lleva a conocer algunas intimidades biográficas interesantes de los grandes narradores de todos los tiempos.  Kafka, Tolstoi, Joyce, Borges, Defoe… son tratados en su dimensión de lectores, aproximándonos a través de sus formas de lectura al tema de fondo. Vemos aquí cómo los escritores han leído asumiendo distintos roles. Cervantes, se dice, leía hasta los papeles que recogía en la calle buscando interpretar algún enigma impreso. Joyce, usaba lupa para descifrar los signos, aunque sepamos que se trataba de miopía, vemos allí la doble lectura que todo acto contiene. La inclusión de un capítulo completo referido a las lecturas de Ernesto Guevara, el Che, viene a ilustrar las múltiples perspectivas posibles del lector, y particularmente, aquella donde se mezcla realidad y ficción. “El lector, entendido como descifrador, como intérprete, ha sido muchas veces una sinécdoque o una alegoría del intelectual”. Que es precisamente lo que ocurre con la figura de Guevara, a quien se lo reconoce como tal, posicionado en un movimiento revolucionario producto de la lectura y la experiencia de médico en las más diversas comunidades americanas.

La referencia a los lectores rusos que leen en función de cómo está construido un texto no conduce –sostiene Piglia_ al lector ideal, sino al que “lee desde una posición cercana a la composición misma”. Y cita a Nabokov: “El buen lector, el lector admirable no se identifica con los personajes del libro, sino con el escritor que compuso el libro”. Lo más probable es que ese lector sea también un escritor, un lector que lee para aprender a escribir sus propios libros.

“Un lector sería entonces el que encuentra sentido en un libro y preserva un resto de la tradición en un espacio donde impera otra serie (el terror, la locura, el canibalismo) y otro modo de leer los signos (del que la huella de un pie en la arena sería un ejemplo)”. Es decir, podríamos inferir a modo de darle un corte al problema, un lector es alguien que encuentra una huella en el camino y a quien le despierta el deseo de seguirla.

El ultimo lector, es un libro de preguntas que buscan acotar al lector, pero debido al exceso de especulaciones, todas posibles, por cierto, lo hacen un libro novela-ensayo, de difícil acceso, y termina siendo, como la mayoría de los libros de Ricardo Piglia, un libro para estudiantes, escritores y especialistas.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Febrero del 2012

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2 comentarios en “El ultimo lector, Ricardo Piglia.

  1. el comentario me dio otro punto de vista sobre la temática de èste libro. tal como encara el tema el autor, no resulta de fácil acceso.gracias.

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