Laurent Mauvignier, Hombres.

La novela Hombres del escritor francés Laurent Mauvignie,  gira en torno a la conciencia del narrador, quien morosamente, después de ser testigo de un hecho puntual, va levantando una lápida donde esconde su pasado, un pasado que envuelve a una comunidad rural francesa de posguerra.

Se trata de una narración bastante singular, a ratos cansadora por su extremada lentitud, y por cierta falta de coherencia entre las voces narrativas que se intercalan, siguiendo el estilo desperdigado de Faulkner, o bien por un fraseo inusual, entrabado, más propio del habla del campesino que del hombre letrado, también Faulkniano, pero finalmente consigue estructurarse, cuando los recuerdos del narrador personaje, efectivamente perteneciente al mundo rural,  permiten al lector reconstruir en parte los acontecimientos que han marcado a los personajes.

El tema de la novela ya ha sido tratado por otros autores franceses a su debido tiempo, cuando el  colonialismo francés en Argelia llegaba a su punto culminante, y Sartre, el escritor filósofo, o mejor dicho el filósofo-escritor, lo condenaba y sindicaba como una de las grandes aberraciones de la política exterior francesa. Habría que recordar aquí, a propósito de Sartre, el impresionante y extenso prólogo del filósofo a la obra de Franz Fanon, Los condenados de la tierra, donde expone y juzga el problema del colonialismo, e insta a la rebelión de los argelinos, acusando a los franceses y europeos de brutalidad y barbarie.

En la novela de Mauvignier se nos recuerda en parte esa tragedia, aunque, desde luego, sin el fervor sartreano. Aquí se nos recuerda la atrocidad de argelinos y franceses, el fin de la ocupación, la violenta expulsión posterior de las clases acomodadas en tierras ajenas, con aquel clásico tono exangüe de los autores de nuestro tiempo, distantes a todo compromiso político. En Hombres, hay más bien un intento de perfilar aquel campo contradictorio de la realidad donde la razón y la locura se confunden, focalizado en la caracterización de dos personajes: Rabut, el narrador, y Bernard, peyorativamente llamado: Fuego de Leña, por ser el sujeto que escapa a la norma, al canon establecido, y es capaz de enseñar su odio.  Ambos personajes son planteados como antagónicos, pero nunca llegamos a saber del todo la causa concreta del supuesto antagonismo. Solo hay suposiciones, y en ese sentido, la narración pierde cierta consistencia. No porque sea imprescindible en un relato solidificar tales suposiciones, sino porque el juego mismo de ambigüedades no parece suficientemente bien trabajado, diluyéndose en parte la atmósfera.

Con todo, el relato consigue el retrato psicológico de sus personajes, y permite otra aproximación al colonialismo europeo en tierras africanas, y a conocer las intimidades y secuelas que ha dejado en la conciencia de quienes tomaron parte en esa guerra, como es el caso de los personajes principales del relato. .

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Marzo del 2012

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