Herzog, Saul Bellow

La problemática del norteamericano, Premio Nóbel (1976), Saul Bellow se centra en la psicología de sus héroes. Sus novelas, Hombre en suspenso, Carpe Diem, y Herzog, constituyen una especie de psicoanálisis en el cual el lector se hace parte, penetrando así también su propia interioridad, conjuntamente con la de los personajes.

 Al momento de entrar al relato, nos enteramos que Herzog, protagonista de la novela que lleva su mismo nombre, está pasando por un serio conflicto de personalidad. Aunque al avanzar en la lectura  queda bastante claro que el trance del personaje ha sido una constante en su vida, motivo por el cual no ha encontrado todavía, a los 47 años,  fundamentos para sostener su existencia.

Moses Herzog, es un profesor universitario de cierto prestigio, pero debido a su inseguridad emocional, ha fracasado en el matrimonio tres veces, y ha perdido empleos y cursos importantes por la misma causa. Con la primera mujer tuvo hijos, y con la última también. La novela gira así en torno al cuestionamiento permanente en los errores  que ha cometido en su vida, y en la imposibilidad de repararlos. Abandonado por su tercera mujer, al parecer la más amada,  Herzog vive buscando la explicación al hecho. Cargándose de nuevas culpas, y culpándola también a ella hasta encender en su interior la mecha de odio y el deseo de venganza. Madeleine, lo deja para irse junto a su mejor amigo (Valentín), en quien Herzog confiaba como en un hermano.

El protagonista, ensimismado, vuelto enteramente hacia las preocupaciones mentales que lo devoran, al punto de que su ex mujer Madeleine ha echado a correr el rumor de que se ha trastornado, escribe una carta tras otra en defensa o en ataque contra las más diversas cuestiones, tratando de librarse de las ideas y las culpas que lo sofocan. Por ejemplo: “muerte…vivir…otra vez…morir de nuevo…vivir.  Y, ¿con tu alma de rodillas? Más te valdría ser útil. Friega el suelo. “ (…) “la pena Señor, es una especie de pereza” (…) “No ha sido esa larga enfermedad –mi vida- sino esa larga convalecencia, también mi vida. La revisión liberal-burguesa, la ilusión del perfeccionamiento, el veneno de la esperanza.” Es decir, Herzog vive cuestionándose a sí mismo, y el mundo que lo rodea.

Las connotaciones metafísicas de la novela de Bellow no pueden ser más evidentes. La búsqueda del ser, y del sentido de la existencia constituyen su materia esencial.  Las cartas del protagonista, son siempre una pregunta que implica una respuesta moral al conflicto. Bellow vivió y escribió sus novelas cuando la sociedad norteamericana, y concretamente el matrimonio, comenzaba a desgajarse después de la Segunda Guerra. Estableciéndose relaciones de pareja nuevas, irresponsables, las que más adelante se traducirían en motivo y sustancia para el movimiento hipie de los 60.

 “Estoy seguro de que usted conoce la ideas de Buber. Está mal convertir a un hombre (un sujeto) en una cosa (un objeto). Por medio del diálogo espiritual, la relación Yo-Ello se convierte en una relación Yo-Tú. Llega Dios y penetra en el alma del hombre. Y los seres humanos entran y salen en el alma de los demás. A veces lo que hacen es entrar y salir de las camas de los demás…” Sus opiniones van decantando hasta que el protagonista recupera el centro, y está dispuesto a volver a comenzar su vida, ahora premunido con la fuerza de la experiencia. Herzog tiene una amante (Ramona) de origen mexicano, y cuyas costumbres terminan por enamorar y ayudar a Herzog a salir del estado depresivo en que se encuentra.

Otro de los asuntos que toca la novela, ilustrando así la historia de la constitución de la heterogénea  sociedad norteamericana, es la inserción de otros pueblos a su cultura. Los Herzog son emigrantes rusos, de origen judío que se han establecido en América durante y después de la Segunda Guerra. La inserción, no les ha sido fácil, al padre de los Herzog, le costó educar a sus hijos, como suele ser la constante en la vida y el establecimiento de todos los inmigrantes en tierras extrañas.  La diferencia de religión, en el caso de Herzog, que se declara ateo, pero que está lejos de serlo realmente, se constituye también en obstáculo para la relación de pareja. Podríamos añadir también que el problema de la culpa, propio de la cultura judeo-cristiana, aparece claramente retratado y, por lo mismo, cuestionado como causa del trastorno depresivo del personaje.

            La novela avanza muy lentamente, con una morosidad que el lector actual tal vez apenas soporte, porque se trata de un relato íntimo, un viaje hacia el interior de sí mismo, costumbre que se ha perdido en la actualidad. Las novelas, sabemos, hoy día suceden afuera del personaje, y rara vez en el apartado interior de su conciencia. La prueba está en que el thriller, ayer llamada novela de acontecimientos,  se lleva el interés del lector, y por consiguiente, o viceversa, el interés de las grandes casas editoriales.

            Entre el sinnúmero de cartas escritas por Herzog, ya sea mentalmente o en el papel, hay también algunas dirigidas al psiquiatra que trataba a su esposa Madeleine, y también a él, que revelan la profundidad de la búsqueda de la respuesta que dé explicación a su fracaso matrimonial, y que se traducen en esa honda reflexión psicológica que caracteriza a los escritores como los más grandes conocedores de los intersticios del alma humana: “Quizá hiciese bien en no pegarle. Podía haber vuelto a ganarme su amor. Pero debo decir a usted que mi debilidad durante esos días la ponía furiosa, como si lo que yo me estuviera proponiendo fuese vencerla en el juego religioso. Sé que discutió usted con ella sobre temas elevados, pero el menor intento mío de tratar con ella de esas ideas, la pone frenética. Me considera como un farsante, pues, en su mente paranoica, me desintegró en sus primitivos elementos. Pero me atrevo a sugerir que su actitud quizá hubiera cambiado si yo le hubiera dado una buena paliza. La paranoia quizá sea el estado normal en los salvajes…

Saul Bellow expone en Herzog los grandes conflictos del hombre moderno, retratando al antihéroe que caracteriza a la narrativa de nuestros tiempos. Pero sin condenarlo, ni juzgarlo, ni reírse sarcásticamente de él, a la manera de los escritores actuales, sino salvando y respetando su integridad y su condición humana.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile –  Enero del 2002

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2 comentarios en “Herzog, Saul Bellow

  1. Leer la sería una tortura, esto quisas no por que no valga la pena, si no por lo que tu dices, por desgracia los thriller hoy roban la mayoria de los espacios de nuestras bibliotecas personales, yo de clasicos y generos psicológicos mas que Madame Bovary y La Dama de las Camelias… de ahi bueno podría decir que La Reina MAargot, pero no he leido mucho, sin embargo esta novela si algun dia me atrevo a leerla sera por que el protagonista tiene muchas similitudes con migo jajajaja…

  2. Aldogal: Te la recomiendo, pero más todavía Carpe diem, del mismo autor. Te aseguro que te sentirás completamente identificado con el personaje, es realmente genial. Saludos: ML

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