Sombras sobre el Hudson, Isaac Bashevis Singer.

Sombras sobre el Hudson, es una novela que viene a recrear las consecuencias de la inserción de emigrantes judíos en el seno de la cultura norteamericana, luego de la persecución nazi que los llevara a buscar refugio en aquel país. Pero atención; el relato no apunta  hacia los hechos concretos más esperados, como ocurre en otras novelas,  donde  el resentimientos y el odio que cargan quienes han padecido el horror  del holocausto conforman el asunto principal del mundo narrativo. No,  aquí la narración  avanza mucho más allá todavía de lo obvio y lo inmediato de la experiencia. Retratando el quiebre cultural y religioso de un grupo de polacos judíos inserto en un mundo diferente, pagano, si se pudiera decir, desde la perspectiva de una cultura sujeta a una tradición religiosa tan antigua, como la judaica. Así, surgen en esta novela magistral del novelista polaco, los motivos acaso más importantes que han venido abordando también otros escritores de origen semejante al suyo: la gran diferencia entre un pueblo de profundas raíces y costumbres religiosas, desbocado ahora por causa de la liberación de los sentidos como consecuencia del quiebre moral y religioso de su tradición.

En Sombras sobre el Hudson nos adentramos indudablemente en una novela de grueso calibre, ya por su temática y sus nada menos que setecientas cincuenta páginas, donde morosamente vamos recorriendo los derroteros de héroes y heroínas  judíos sumergidos en una nueva vorágine que tampoco tendrá un final feliz, pese a haber tenido la suerte de salvarse del holocausto. Singer viene aquí a resumir los grandes motivos que lo han llevado a escribir, partiendo del asombro frente a las diferencias existentes entre la cultura norteamericana y la suya propia, hasta la descripción acabada, filosófica y teológica, de la crisis de conciencia padecida por los refugiados polacos en América. Hertz Grein, a quien identificamos como uno de los protagonistas, carga la culpa de una inestabilidad emocional producto del desarraigo, y aunque es capaz de darse cuenta de sus problemas de conciencia, e incluso de intentar retomar la senda perdida, termina entregado a la veleta voluble de los sentidos, como bien lo expresa el relato. Lo mismo ocurrirá con Anna, Ester y muchos otros de los personajes que pululan por novela. Todos cargan una conciencia culposa semejante, y aunque algunos se rebelan  a esa presión moral ejercida por la tradición judía, tampoco consiguen la felicidad cuando intentan liberarse. Muy por el contrario, en su mayoría fracasan, dejando así en claro que esa impronta ancestral para el pueblo judío es una marca imborrable.

Estamos aquí frente a una historia que viene por sobre todo a cuestionar el costo moral del pueblo judío, injerto en una cultura completamente diferente, donde lo importante está en el bienestar económico, y en la cultura del placer en que deviene todo bienestar y progreso. A muchos judíos les va muy bien económicamente en los Estados Unidos, y valoran las bondades que les ofrece su nueva patria en ese sentido. Pero ese bienestar contrasta con las desdichas y desilusiones que padecen estos mismos personajes exitosos, como por ejemplo, Boris Makaver, otro de los protagonistas, quien sufre constantemente por el destino  amoroso de su hija, por su falta de consecuencia y, a su juicio, abierto libertinaje. El propio doctor Solomon Margolin, quien arrastra un problema moral todavía de mayor envergadura, tras rencontrarse con su ex esposa, quien antes, en Alemania, lo había abandonado para irse junto a un oficial nazi. Aquí se puede apreciar la amplitud de la mirada del escritor, quien no cae en los facilismos de pintar en blanco y negro a sus personajes, como lo hacen otros, cayendo, por cierto, en la caricatura. Singer, en ese sentido, los configura de carne y hueso, conforme a la naturaleza siempre imprevisible y contradictoria del ser humano. Dando a entender que lo único imperecedero está en los valores éticos transmitidos de generación en generación. “El modo de vida judío no es una hierba silvestre que crece sola; es un jardín que ha de ser cuidado. Cuando el jardinero lo olvida o actúa como si lo olvidara, las plantas se marchita. En esta cuestión impera la ley de causa y efecto. No existen milagros: si no se enseña a los hijos el modo de vida judío, serán ateos, comunistas, asimilacionistas o conversos”.

Los casos puntuales que la novela va retratando, ponen en evidencia ese costo moral, como ya dijimos, que debe pagar una cultura al insertarse en otra más dominante. Los judíos son los vencidos, desde luego, y desde esa perspectiva cabe que terminen sometidos a las costumbres norteamericanas. Pero la cuestión principal no está sólo allí, acusa la novela entre líneas, sino en la cultura del placer que seduce como un nuevo dios a éstos emigrantes, arrebatándoles su fe y sus creencias religiosas, y dejándolos vacíos de espíritus y de tradición. No obstante la insistencia de algunos por recuperar los ritos y las costumbres religiosas, dando cumplimiento al Shabbat, a la lectura del Guemará, a la celebración del Shavuot,  etc. Acciones que evidentemente no parecen congruentes con la vida que llevan quienes las realizan, y más bien suenan postizas, meras formas de ahogar o desahogar su propia conciencia culposa.

La novela profundiza muchos de los rituales judíos, enseñando al lector sus símbolos, y puede entenderse también como un intento por parte del autor de volver a ponerlos en conocimiento de esta nueva comunidad de emigrantes que poco a poco los va olvidando, hipnotizada por los facilismos de una sociedad sin dios. Es decir, se apela a través de ellos, a la conciencia de dicha comunidad como para que recapacite y vuelva sobre sus pasos, reincorporando a su nueva vida los valores que fueran la razón y esencia de los hijos de Israel.

Isaac Bashevis Singer, Premio Nóbel en 1978,  reúne en Sombras sobre el Hudson una galería de personajes manejados con mano maestra para exponer sus grandes dudas existenciales, filosóficas y teológicas. Desde sabios a bufones son retratados en esta novela póstuma traducida, se dice, directamente del yiddish al castellano, y publicada en capítulos por entregas, cuando Singer colaboraba en el Jewish Daily Forward.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Junio de 2012.

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