El extranjero, de Albert Camus.

La controvertida novela de Albert Camus, El extranjero, publicada en 1942, enfrenta al lector a una historia que impacta por la indiferencia del personaje frente a la vida. Meursault, es el prototipo del antihéroe, de aquellos seres abúlicos, exangües, clásicos representantes del nihilismo, para quienes la vida no tiene ningún sentido, y se la entiende y valora como algo absurdo, que es la tesis del existencialismo.

Meursault, protagonista y narrador en primera persona, mata a un hombre sin padecer posteriormente los esperados remordimientos de conciencia que la sociedad civilizada espera frente a hechos semejantes. Y esa falta de remordimientos, llevarán a los jueces a condenarlo a ser decapitado en la plaza pública. En una primera lectura, es posible apreciar el intento de plantear que no son los hechos los que se condenan, sino la conciencia de los individuos. Sin embargo, la obra se abre a múltiples lecturas.

El extranjero, se ambienta en Argelia, en su capital, la bellísima ciudad de Argel, donde hay indudablemente una fusión de culturas en permanente controversia, en tanto Argelia, recordemos,  fuera colonia francesa durante más de cien años (1830-1962), incluido entonces el período de gestación y publicación de la novela. Desconcierta, por cierto, esta actitud desaprensiva del protagonista, a quien, según él mismo explica frente a diferentes situaciones, todo le da lo mismo. En ese sentido recuerda a Bartleby de Melville, por su desinteresada relación con el mundo. Meursault encarna así un prototipo de individuo ya tratado por la literatura universal, y podríamos citar otros ejemplos, como aquel inolvidable Akaki Akákievich, protagonista de El capote, de Gogol, cuya desinteresada relación con el mundo resulta en muchos aspectos semejante. La diferencia estaría en la ausencia de conciencia frente a un hecho puntual, donde la moral impone desde hace milenios normas precisas, condenando el crimen cometido por Meursault. Esa ausencia es la que estremece y deja perplejo al lector y la que bien puede entenderse, entrando en una lectura más profunda respecto a la composición de la novela, en una técnica para golpear al lector y hacerlo reflexionar, como efectivamente sucede tras su lectura. Nadie queda impávido ante la actitud desaprensiva del personaje, nadie puede dejar de preguntarse hacia donde nos quiere llevar Albert Camus con este relato.

Cabe señalar, y todo esto en el plano de un intento de interpretación, y por aquí tal vez podría estar alguna explicación a muchos enigmas en cuanto a la constitución de la personalidad del personaje, que estamos frente a una situación donde concurren dos mundos, sino opuestos, diferentes. Por un lado la cultura argelina, por otro, la sociedad francesa, constituida por leyes e instituciones creadas para controlar y regular no sólo las acciones concretas de los hombres, sino sus conciencias. “Aun en el banquillo de los acusados es siempre interesante oír hablar de uno mismo. Durante los alegatos del Procurador y del abogado puedo decir que se habló mucho de mí y quizá más de mí que del crimen.”.

La novela está dividida en dos partes, la primera nos introduce en la vida cotidiana de un tipo sencillo que trabaja en una oficina de comercio de manera regular, y a quien le gusta bañarse en el mar, disfrutar de las caricias del sol, y del apacible correr del tiempo. En la Segunda, asistimos al juicio llevado en su contra, por causa de haber dado muerte al árabe, mientras acompañaba a su vecino Raimundo en un paseo a la playa. La inmutabilidad del personaje una vez preso y resuelto a no defenderse, e incluso predispuesto a decir todo lo contrario a lo propuesto por su abogado a fin de rebajarle la condena, conmueve y remece la conciencia del lector, tanto como en la primera parte; cuando Meursault asiste al velatorio y al entierro de su madre y ni siquiera pide verla por última vez, desconcertando, por cierto, al personal del asilo. Actitud que pesarán como agravantes durante el juicio.

Desde un comienzo sabemos que Meursault es un solitario, un extranjero, como bien lo indica el título de la novela, alguien acostumbrado a la soledad y al vivir tranquilo. Tras recibir el telegrama anunciándole el fallecimiento de su madre, lo vemos asistir al velatorio sumido en la más profunda  indiferencia. Una indiferencia que pone en evidencia -y aquí parece estar la cuestión medular de la novela-  la falta de sentido por desesperarse frente a lo que no tiene remedio, como ocurre al hombre normalmente, constituyendo esa desesperación la base de la personalidad del hombre neurótico. Esa falta d conformidad frente a lo imposible, podría estar diciendo la novela entre líneas, no permite a los individuos alcanzar la ansiada felicidad, esa felicidad que sí parece gozar en parte este extranjero, viviendo sin esperar ni desear nada de la vida, sólo tomando de ella, de la vida, del destino o la casualidad, lo que gratuitamente le ofrecen. Como ocurre, por ejemplo con María, una ex compañera de trabajo a quien rencuentra en la playa al día siguiente de regresar del entierro de su madre, estableciéndose a partir de ese momento una relación amorosa que también será cuestionada en el juicio, por haber surgido bajo las circunstancias de aquel luto solemne que es deber llevar tras la muerte de un ser querido, y por sobre todo, de la madre, según versa en el código moral.

En la segunda parte de la novela, veremos que cuestionar toda la moral construida para atajar o detener los imposibles, como la muerte, no tienen sentido. Es decir, y aquí conecta la novela con el existencialismo, planteando la inutilidad o lo absurdo de la existencia, en torno a los intentos por transformar los imposibles en posibles, en cambiar lo que no puede ser cambiado,  conducen a los hombres a condenar a los individuos por falta de –al decir de estos códigos morales- de remordimientos. Durante el juicio, pesará más la actitud adoptada por Meursault durante el velatorio de su madre, que el acto mismo de matar a un individuo. Vemos así desplegada un historia tendiente a cuestionar la ética institucionalizada, creada para condenar a los hombres, más por sus presuntos pensamientos que por sus acciones concretas. Por cierto, dentro de esa ética institucional cabe también la crítica de Camus a la iglesia católica. Meursault es ateo, no cree ni espera nada de Dios, y rechazará enérgicamente la presencia del sacerdote en sus últimas horas. Sólo quiere, que lo dejen  tranquilo.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Año 2002

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2 comentarios en “El extranjero, de Albert Camus.

  1. cuando leí este libro, el protagonista me dejó sabor a narcisista, él y su propio mundo, el resto desechable, me recordó al Ciudadano Kane

    Abrazo grande Miguel
    y feliz jueves

  2. Sin duda, novelas como ésta y similares se nos han entregado por muchas razones, mas podríamos asegurar que hay una excepción: entretener. Esta lectura, apesar de su estructura, tiene mucho de estudio sociológico, de cuestionamientos morales, éticos, etc., y como tales, provoca variadas sensaciones de asombro e incomodidad a quien la lee.
    ¿Buena? ¿Mala? Imposible aseguralo, pero sí necesaria como perspectiva que ayude a comprender la diversidad del ser humano.
    ¿Cuántos “extranjeros” circulan a diario entre nosotros sin que nos percatemos de la singularidad de su pensar y actuar? Solemos ver de vez en cuando a alguno de ellos, incomprendidos, en la crónica roja.

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