Igualitarismo y globalización

“El hombre  vino a este mundo para ser libre”, Jean Paul Sartre

                       Podríamos preguntarle hoy día a Jean Paul Sartre, al filósofo de la libertad, su parecer respecto a la llamada Globalización, a esta nueva forma de poder y dominio que se impone en el mundo, como panacea universal. Y la primera respuesta posible, sería, yo estoy en la vereda opuesta.  Es decir, no la comparto, no me parece justa. Eso es seguro, porque esa fue siempre su actitud filosófica y personal frente al poder,  pero lo interesante sería oírlo argumentar sus razones. Un intelectual controvertido como Sartre habría dado muchas, y me imagino que en su mayoría tendientes a resaltar la privación de libertad que hay detrás de la Globalización, como resultado del totalitarismo monetario que lleva a concentrar la riqueza en un solo puño. Porque esa es la cuestión principal, el mayor peligro y hacia a donde apunta el interés del capitalismo, ahora llamado economía neoliberal: hacia un balance general, hacia la sumatoria total de sus haberes posibles. La creación de un mercado mundial, genera bancos y empresas multinacionales y la monopolización universal de los productos y servicios, incluida el agua potable, como hemos visto.

El problema de la libertad fue el gran tema de Jean Paul Sartre. Un tema que en nuestro tiempo ha perdido interés, y de hecho el filósofo francés que revolucionó la filosofía en los años cincuenta ha sido completamente olvidado, ya nadie habla de él, sus teorías han sido rebasadas por los imperativos creados por la sociedad de consumo, por el dios Mercado,  que a diario nos machaca sus demandas a través de los medios de comunicación, y en particular, a través de la televisión. Un soporte técnico –sabemos- que consigue unificar conciencias a nivel mundial en sólo unos cuantos minutos de inserción publicitaria, y logra ocultar aquella angustia existencial sartreana del hombre responsable, con los imperativos impuestos ahora por el dios Mercado. De manera que nadie se pregunta hoy día con verdadero interés por el problema de la libertad. La problemática del hombre de nuestros días ha cambiado completamente de rumbo, tras el derrumbe estrepitoso, además, de los sistemas socialistas, que resultaron tanto más opresores de esa anhelada libertad, de esa idea de libertad que llevaba al filósofo a configurar frases rotundas y sugestivas: “el hombre vino a este mundo para ser libre”, cuestión que de ninguna manera podía calzar tampoco bajo el totalitarismo ideológico soviético, por ejemplo, donde el sujeto estaba preso, encadenado al engranaje del Estado que había decidido pensar por él.

Desde luego, si disociamos al hombre entre cuerpo y alma, es posible recuperar algunas ideas sartreanas de libertad tales como: la libertad es el fundamento del ser, el hombre está condenado a ser libre, etc. Todo eso al interior de la conciencia individual. Pero bien sabemos ya, a estas alturas, la imposibilidad de tal disociación. El estructuralismo vino a cuestionar y a poner en claro que el sujeto forma parte de una estructura (que también podríamos traducir como masa y de ahí la factibilidad de moverlo en masa –como lo movieron los totalitarismo- hacia intereses comunes) y que es muy difícil sacarlo de allí en solitario, a la manera de Sartre, y, sobre todo hoy, en un mundo globalizado, donde todo está contaminado por los intereses del Mercado, donde es posible observar sin pestañear, quiero decir sin causar el más absoluto asombro, ni el menor amago subversivo frente a la ignominia, las refinadas redes creadas por la sociedad de consumo para mantener al sujeto    –parafraseando a Foucault-  sujeto a las estructuras de poder. Uno de esos mecanismos, desde luego, ya lo dijimos, es la televisión que permite anunciar, por ejemplo, la Coca Cola en los lugares más apartados del mundo, creando la necesidad mundial del consumo de la misma, con la consiguiente monopolización del producto y las respectivas ganancias de su comercialización para una multinacional, cerrando de paso el mercado a otras bebidas emergentes o posibles en otras latitudes ayer inalcanzables, y liquidando así una supuesta libertad de comercio, que en la práctica no es tal, porque se imponen los monopolios. El pez más grande se come al más chico. La frase bíblica todavía tiene sentido, encarna una verdad irrefutable. Las leyes del reino animal siguen siendo una metáfora social capaz de representar nuestros vicios y virtudes.

Por otra parte, las revoluciones sociales, esas grandes revoluciones sociales que fueron acaso la mayor característica del siglo XX, cuando el hombre se levantaba en masa en aras de la libertad por causa de una industrialización despiadada que ataba las vidas humanas al engranaje de las fábricas como parte de la maquinaria, están hoy día completamente paralizadas, y los conceptos de justicia social a los que apelaba y le daban su razón y su fuerza, se han perdido tras el nacimiento del mayor temor imaginable, producto o consecuencia directa de la globalización. Me refiero al temor a la cesantía que asola hoy al mundo entero, tras la irrupción volcánica de empresas transnacionales que, me parece, es uno de los peores peligros de la globalización, porque reduce al mínimo los puestos de trabajo. Dicho temor, devuelve al hombre, y de hecho lo ha devuelto ya, a un estado de paralización intelectual que no le permite tomar conciencia de su situación en el mundo, y menos aún, por cierto, de su libertad, de esa libertad propuesta por Sartre en el sentido de ser el sujeto el conductor de su destino, el que construye su esencia toda vez que elige. La cesantía no sólo entendida como escasez concreta de trabajo, sino  manejada como herramienta de control y dominio para inhibir aquel grito de libertad que llevara a los trabajadores a la revolución. El fantasma de la cesantía es hoy, a mi entender, equivalente a lo que para el hombre medieval fuera el demonio, porque se instala; es decir, lo instala el sistema para dominar,  no sólo en un primer nivel de conciencia del individuo, sino en sus capas interiores, conformando a la postre el inconsciente colectivo de una comunidad, y terminando así por anular completamente su grito de libertad. ¿Acaso alguien no ha vivido en carne propia el problema en lo últimos años? El temor a la cesantía acaba incluso con el  sindicalismo que buscaba dignificar al hombre, imponiendo leyes y derechos laborales tendientes a resguardar y a equilibrar las diferencias de clases, aunque sobre este asunto habría que  señalar también las debilidades y los vicios de las organizaciones sindicales, de aquellas elites enquistadas en el poder, que en muchos casos, han ayudado a descreer de tales organizaciones como fuentes de solución de los problemas de los trabajadores. Humanos, demasiado humanos, diría Nietzsche. Homo homini lupus, apuntó Thomas Hobbes, en el Leviatán, recogiendo el sabio latinazgo de Plauto.

Hoy, sabemos, lo que no se fabrica aquí, en este rincón del mundo, se puede fabricar más barato allá, en el otro extremo del planeta, a miles de kilómetros de distancia, donde sobra la mano de obra, donde hay miles de seres esperando una oportunidad de trabajo, de recibir sonrientes lo que para otros resulta inaceptable. Y esa factibilidad ha permitido al capitalismo hacerse de todo el poder, permitiendo cosechar allá, lo que no le conviene cosechar acá por una cuestión de costos de producción. Permitiendo lo que Marx llamó muy bien: la plusvalía que genera la riqueza y la distancia cada vez más abismante entre capitalista y asalariado. La fábrica se traslada ahora, a partir de los años sesenta, hacia cualquier rincón del planeta, donde la obra de mano es más barata, conservando o ampliando aún más esa brecha abismante entre pobres y ricos. Todo este oportunismo práctico, es una consecuencia directa de la tecnología, y aquí cabe citar a Heidegger, quien fuera uno de los primeros en advertir los peligros de esa prótesis creada por el hombre para dominar la naturaleza, pero que en definitiva ha sido utilizada también para dominarlo a él, convirtiéndose en un mecanismo, acaso en el mejor mecanismo de poder y control para alcanzar objetivos como los descritos. Los avances tecnológicos permiten, sin duda,  un mayor control social. De esta manera, volvemos a la vieja cuestión de la libertad, y llegamos muy rápidamente a la conclusión que escasea hoy día más que nunca en el mundo, muy a pesar de los aparentes facilismos de la vida diaria generados a partir de la llamada posmodernidad.

Aquí tendríamos que detenernos para señalar que, por otro lado, la posmodernidad ha dado origen a un multiculturalismo de aspectos positivos, originados a partir de la globalización, donde la exaltación de las minorías étnicas, religiosas, sexuales, gozan de una libertad antes inimaginable. Recordemos -de paso nada más- las grandes opresiones del colonialismo europeo en Africa y América, esas mismas condenadas por Jean Paul Sartre, para el caso de Francia en Argelia, para no hablar del colonialismo inglés, belga, español, holandés, que fue tanto o igual de peor, para no hablar de los regímenes totalitarios impuestos por fascistas y comunistas, del holocausto, de esa idea del exterminio total llevada a cabo por el nazismo…Todos esos horrores parecen ahora increíblemente superados, al menos en apariencia, porque ya no se encadena ni se tortura de la misma manera. Ahora, bien podríamos decir, el poder ha encontrado nuevas formas de ejercer el poder, posiblemente menos brutales, pero igualmente castrantes de la libertad individual, que es el asunto que estoy aquí tratando de despejar, de esa libertad que desvelaba a filósofos como Jean Paul Sartre, y que parece extinguida como idea fundamental en la actualidad, debido al miedo, al terror, a un terror semejante –en intensidad- al que paralizara al hombre durante trece siglos, mientras esperaba aquel regreso inminente del Mesías.

Vivimos una nueva fase de lo que Foucault llamó sociedades disciplinarias de gran control, donde todo está sujeto a estructuras de poder sólidas e impenetrables, a Castillos kafkianos, y donde el sujeto se encuentra preso en la historia y además, asustado, muy asustado por causa de esa inseguridad laboral que inhibe y reprime sus sueños y derechos. En ese sentido, se practica soterradamente una cultura del terror que conlleva a los individuos a callar, a permanecer impávidos frente a la ignominia, frente a los abusos de poder que a diario se cometen en contra de las personas comunes y corrientes. Vaya alguien  a reclamar a una transnacional por causa de su línea telefónica, por ejemplo, por causa del alza en  las cuentas de electricidad, telefonía, gasolina, agua potable, etc. Encuentre usted una persona a quien exponer su reclamo en esas oficinas de estructuras graníticas, semejantes a los bunkers, donde el individuo se siente o toma conciencia de su situación de hormiga cósmica, de ser insignificante. Las transnacionales o multinacionales, lo sabemos, no tienen rostro visible, y son, por decirlo de algún modo, semejantes a los dragones medievales que sólo los héroes se atrevían a combatir. Podemos preguntarnos si existen esos héroes hoy día, capaces de enfrentarse a monstruos semejantes. Y cuando aparecen, el sistema termina por comprarlos, como ocurre en la mayoría de los países. Poderoso caballero es don dinero, ya lo dijo Quevedo. Hemos sido testigos una y otra vez cómo se acomodan los políticos una vez en el poder, cómo cambian sus principios, sus discursos, sus promesas.

Por otra parte,  y todavía siguiendo la idea de Foucault, cabe señalar que esta sociedad disciplinaria de gran control, ha generado espacios más abiertos a los del siglo XIX y XX, que dan la idea a los individuos de una falsa libertad. Por ejemplo, ayer, se recluía a la gente en cárceles, escuelas, sanatorios, fábricas, talleres, etc., a fin de adoctrinarlos. La posmodernidad ha dado origen a nuevos espacios, igualmente cerrados y doctrinarios, pero aparentemente abiertos, donde se domina y controla al individuo mediante la tecnología, tales como carreteras, esas autopistas impresionantes que han surgido en los últimos 20 años en países emergentes como el nuestro y que dan la sensación de libertad, la libertad de conducir libremente hacia el infinito, pero que en la práctica sabemos que están electrónicamente controladas y que conducen a un destino específico, previo pago de los importes correspondientes. Se trata de carreteras pagadas y concesionadas a empresas multinacionales que se trasladan hacia cualquier lugar del mundo, donde sea rentable construirlas. Están los gimnasios repletos de maquinarias, diseñados para fomentar la vanidad del cuerpo, en tanto ente,  y olvidar así nuevamente al ser. Los centros de eventos, creados para transformar a los individuos en una sola masa informe, que se mueve a un mismo compás. Los supermercados, por supuesto, donde el individuo se sumerge en un mundo donde todos los sueños parecen posibles, y donde goza del título nobiliario de cliente, otra particularidad interesante de analizar dentro de la gamma de conceptos de la economía de mercado, y globalizada como concepto. Hoy día en cualquier lugar del mundo se brinda reverencia al señor cliente, como ayer a su majestad el rey, aunque éste sea un demonio encarnado, exigente y mal agradecido. Los mismos cementerios, transformados ahora en parques encantados, donde los vivos le pierden el temor a la muerte, son parte de la globalización de los conceptos. Las agencias de turismo y su cartelera de ofertas hasta hace pocos años imposibles. La gente puede volar a cualquier destino imaginable, aunque en ello invierta el capital de su vida, bajo la promesa de una vida mejor. Los cruceros por el mundo también responden al estereotipo que busca domeñar las almas bajo la idea de una aparente libertad, la libertad de viajar, el viejo mito del viaje, pero no son más que nuevas formas de dominio que además permiten recoger las ganancias a las transnacionales, creando necesidades allí donde no las hay, generando una idea de esplendor y riqueza, en medio de una pobreza creciente, pero oculta bajo una lápida de hedonismo y placer.

Otra prueba contundente de control y dominio universal está en las tarjetas bancarias que confieren la idea de libertad, aunque el individuo esté atado a las obligaciones que ésta le demanda, esclavizándolo de por vida a pagarla. Sin duda el uso mundial de las tarjetas bancarias es un mecanismo cada vez más eficaz para controlar el dinero por parte de la banca. Para no hablar del sexismo, que es otro sistema, sino acaso el mejor, para apaciguar los espíritus más rebeldes, lanzando a los individuos a dejarse llevar por el dominio de los instintos, por la cultura del placer y sus múltiples formas, y perdiendo así toda posibilidad de controlar sus actos. Y está claro que lo consigue, porque el hombre actual no vive la angustia sartreana, esa angustia del hombre responsable de su libertad, sino una muy distinta, vive la angustia del deseo por las cosas, por la posesión del mundo en tanto cosa. Vive en una farándula permanente, impuesta por los medios de comunicación masivos que son la mejor herramienta para manipular la conciencia de los individuos.

El hombre ha olvidado el ser para dedicarse al dominio de los entes. La frase de Heidegger resulta premonitoria. Y la globalización viene a confirmarlo, a desviar la atención de los individuos hacia un destino común, donde se uniforma a la sociedad no en torno a una idea, a un ideal humanista, sino en torno a las cosas, transformando a los hombres en autómatas sin capacidad de reflexión. He ahí lo perverso del sistema, si ayer se criticaba a Marx por su idea de igualitarismo, de sociedad sin clases, hoy vemos estupefactos que la sociedad neoliberal también contiene esa idea de igualitarismo, toda vez que busca uniformar a los individuos mediante el consumo y la ambición por las cosas. Todos ansían los mismos bienes de consumo. Es decir, la vida está planteada en términos de adquisición de bienes de consumo.

Sin embargo, hay que reconocer también que la globalización ha traído cierta sensación de progreso al  Tercer Mundo, tras la apertura de los mercados, y muchos países pobres viven hoy mejor que ayer, en el sentido de haber mejorado sus condiciones de vida. Pero se trata  claramente de una estrategia de la globalización, para aumentar la sociedad de consumo a niveles antes jamás imaginados. Así como ayer se colonizaba para acrecentar las arcas del capitalismo, bajo el pretexto de cristianizar el mundo, hoy día se globaliza por la misma causa, pero con distinto pretexto, como es el de mejorar las condiciones de vida de los individuos. Para alcanzar ese noble objetivo, seguiremos generando basura, automóviles y electrodomésticos hasta el infinito, como aquel aprendiz de brujo de Walt Disney, personificado en el ratón Mickey, quien con su varita mágica no puede parar de generar escobas, hasta la aparición del brujo capaz de darle el correspondiente coscorrón y volver a poner las cosas en su lugar.

Desde luego, podemos preguntarnos quién será el mago capaz de detener esta híper producción de basura en el planeta, generada por la globalización, sin hallar todavía una respuesta posible. Aunque todos los sistemas, ya lo hemos visto a lo largo de la historia, tienen su ciclo, y este período también tendrá el suyo. No tengo dudas, por ese entonces volverá a cobrar sentido la frase maravillosa del filósofo de la libertad: el hombre vino a este mundo para ser libre.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Febrero del 2012

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8 comentarios en “Igualitarismo y globalización

  1. Muy actual tu comentario, Miguel…muy fundamentado y tomando en cuenta variadas aristas de la problemática. Valiente, además, ya que dice las cosas por su nombre, sin temor a importunar por aquí o por allá.
    Hace bien leerlo…te conecta con los temas que son avasallados día a día por la parafernalia actual. Me gustó mucho.
    Quisiera añadir, que ante los momentos de duda, asombro y estupefacción acerca de las barbaridades que solemos observar en nuestras dislocadas sociedades, cabe tener presente, aunque el positivismo lo niegue, una conclusión de otro pensador: “El hombre es un lobo para el hombre”. Y no es ningún chiste, dirían los aniguos.

  2. Es una clase perfecta un comentario impresionate y super ensayo, ideal para comprender donde stamos y donde vamos y de que somos esclavos ahora, el sistema, el proyecto el podcer capitalista disfrazados con muchas mascareas y caretas—-

  3. Proponer que Jean Paul Sartre « revoluciono la filosofía” en los años cincuenta y decir que el filosofo intelectual Sartre mantuvo una postura “en la vereda opuesta” frente al poder es desconocer o omitir la realidad de la vida de este intelectual francés. por otro lado, su “supuesta” filosofia no ha sido olvidada, pero estaba condenada a desaparecer de ella misma, resultado de sus propias contradicciones…
    Jean Paul Sartre propone que la libertad individual se obtiene a través del colectivismo.
    Para alcanzar la libertad individual es necesario partir del colectivismo. Sera el gran mensaje sartriano y del grupo de intelectuales parisinos de mayo 68.
    Es cierto que la popularidad de Jean Paul Sartre emana más de su compromiso político que a la originalidad de su sistema filosófico, mismo si fue alabado, equivocadamente, como el “padre del existencialismo”. Sartre, en muchas ocasiones necesita hacer “zancadas” acrobáticas entre su postura política y su supuesta filosofía.
    No es sorprendente, considerando la flexibilidad de su compromiso político que, durante la Ocupación alemana, Sartre, en vez de integrar la Resistencia, como se esperaba de un hombre “filosofo de la libertad”, continuara escribiendo y presentando sus piezas de teatro muy apreciadas de los oficiales alemanes y pétainistes.
    Además, como si esto no fuera suficiente, se declara enemigo de la ex URSS, para enseguida presentarse como el Gran Hermano “filosofo” del comunismo soviético, hasta el punto de vanagloriar la “libertad de expresión” del régimen estaliniano, para terminar recibiendo a los disidentes rusos sobrevivientes del gulag.
    Lo mas resaltante en la vida de Sartre es el hecho que posee una necesidad endémica de siempre encontrarse a la cabeza de un “movimiento de ideas”, de ser la “referencia”, el “maestro”. Por esta razón se le ve en todas las manifestaciones, en todas las peticiones. ¿Sera, por deontología intelectual, como lo pretende, o simplemente para satisfacer su ego, y cultivar su gloria personal? Muy difícil de hacer la diferencia.
    Saint Germain des Prés, cuna de la inteligencia burguesa parisina.
    La gloria y notoriedad de Sartre se encuentra durante los años cincuenta en su máximo apogeo, considerando que se ha ilustrado por sus ataques contra la guerra de corea, la guerra de Indochina, la guerra de Algeria, contra la tortura, contra el capitalismo, contra los Estados Unidos, pero también contra el “gaullisme” en Francia.
    Durante el caso llamado “Henri Martin”, obrero comunista del Arsenal de Toulon que hacia propaganda anti militarista, perseguido y condenado, Sartre se acerca del partido Comunista francés. Pero es sobre todo, en Saint Germain de Près que se destaca al final de la guerra. En los años 1950, después de tanta represión (que no sufrió en absoluto) de racionamiento y de privaciones (que tampoco sufrió) era la moda escuchar jazz y de asistir a las mundanidades del “Tout Paris” de la época.
    Lo principal decía Sartre es de existir, sea por el medio que sea, no es él ¿el “Maestro” de la libertad sin límites y sin color de camisas?
    Existencialismo y Libertad.
    La filosofía de Sartre se inspira en un primer tiempo en la fenomenología de Husserl: el hombre es evolución, y en su existencia el hombre se transforma. Sartre recupera también los postulados de Martin Heidegger la idea del “impulso vital” (que este había recuperado de Nietzsche) que empuja al hombre a ser el mismo. Como Nietzsche, Sartre afirma que Dios esta muerto, por consiguiente, el hombre no responde a ningún llamado, a ninguna determinación metafísica. El se encuentra completamente libre. Pero, este supuesto individualismo anarquista, no es posible que en un contexto donde el hombre tenga la posibilidad de realizarse el mismo, y como se encuentra alienado en régimen como el Capitalismo, no puede ser verdaderamente libre.
    Por otro lado, la libertad individual posee, también, una dimensión sobre la libertad de los demás. El “infierno” son los demás: limitación de mi libertad por la toma de consciencia del yo social.
    Los discípulos de Sartre entregaran, a posteriori, una traducción bastante simplista de su sistema filosófico: “Yo soy libre de hacer lo que me da la gana, siempre y cuando haga la revolución contra la sociedad de alienación puesta en plaza por el sistema capitalista. Hay que ser revolucionario, y si no estás de acuerdo conmigo, eres un alienado”.
    La Liberación del hombre por medio del Colectivismo.
    La revolución no se hace solo. Para encontrar y realizar la libertad individual es necesario partir de un colectivo. Este será el gran mensaje y eslogan de los intelectuales burgueses de mayo 68. Solo por medio del grupo, por el acopio de los revolucionarios que se puede caminar hacia la libertad. Por esta razón se ve a Sartre junto a los estudiantes de la Sorbonne, de Daniel Cohen-Bendit. “Está prohibido de prohibir”, este eslogan pertenece a los anarquistas, pero curiosamente se encuentra en la boca de Sartre desprovisto de individualismo, por la simple razón que el hombre, según el “maestro”, necesita agruparse, comprometerse y perderse en el colectivo, para liberar la humanidad. No hay que olvidar que el existencialismo es ante todo humanismo.

  4. “El hombre nace para ser libre”
    Aun me pregunto de donde, de que obra de Jean Paul Sartre el autor saco esta frase. La más próxima que existe en toda su obra pero que, lamentablemente, no significa lo mismo, la encontramos en “El Estructuralismo es un humanismo”, en la cual Sartre expone que: “De hecho, nosotros somos una libertad que elije, pero que no elegimos de ser libres: entonces, estamos condenados a la libertad” (En fait, nous sommes une liberté qui choisit, mais nous ne choisissons pas d’être libres : nous sommes condamnés à la liberté.)
    Luego existe también : “la Libertad, no es de poder lo que queremos, pero de querer lo que podemos” (La Liberté, ce n’est pas de pouvoir ce que l’on veut, mais de vouloir ce que l’on peut. )
    La citación más conocida popularmente en la cultura francesa de Jean Paul Sartre es: “El hombre está condenado a ser libre” (“l’homme est condamné à être libre”).
    Pero entre “nacer para ser libres” y “estar condenado a la libertad o a ser libre” existe una diferencia semántica y filosófica tal que, mismo si a Sartre se le puede reprochar haber sido un sensacionalista propagandístico y haber hecho recuperación de cuanto le caía en las manos con el único propósito de alimentar su mito y celebridad, en tanto que filosofo dudo que se haya atrevido a decir semejante barbaridad. El hombre nace para vivir y morir sencillamente, pero la búsqueda principal durante toda su existencia es la búsqueda de la libertad en un infierno que representa su relación con los demás…de donde la idea de Sartre de llegar a esta libertad por intermedio del aparato colectivo, de su compromiso con la comunidad…Error que quedo más que demostrado con los intentos colectivistas de los realismos socialista a la soviética y otros tantos, a través del mundo. Sea dicho de paso, el individualismo, supuesto, proclamado por el sistema capitalista, por el intermedio que sus pensadores, liberales y neo liberales, no hace mejor.

    • Emmanuel: te agradezco el interés por el artículo y tu exposición de argumentos contundentes para refutar algunas de las ideas planteadas. Slds: ML

  5. Comparto muchos temas expuesto en tu artículo. No obstante, no comprendo es necesidad de idolatrar mitos occidentales para justificar y/o argumentar el pensamiento crítico. Ídolos, que muy a menudo, se inscriben en ese intento de globalización del pensamiento humano por el medio de la ideología y de un supuesto modelo de compromiso político social, que deben manifestar los intelectuales y artistas.
    Más allá, de todo lo que podamos criticar a Sartre, respecto a la inconsecuencia entre su vida y su pensamiento, hay algo que es irrefutable: su actitud y compromiso se inscribe en una época y en una sociedad particular, la francesa, en plena mutación histórica, al salir de la segunda Guerra Mundial. Para comprender al hombre y su pensamiento, hay que comprender el modelo “societal” de Francia en aquella época. No se puede traspasar a otra cultura, la Latinoamericana, por ejemplo, de forma lineal, ni bajo la forma que sea…ni mucho menos apoyarnos en él para criticar el proceso histórico ineluctable que es la Mundialización. Que como todo proceso histórico, presenta sus ventajas, pero también sus inconvenientes, y el mayor de ellos, es ese intento ciego de globalización, impulsado por los liberales y neo-liberales, bajo los mecanismos expuestos en tu presente artículo…
    En tanto que intelectuales y artistas, deberíamos encaminarnos en una forma de pensamiento original y autentico, inscrito en nuestra propia Historia y Geografía, para generar una verdadera Cultura Latinoamericana, y un verdadero proceso histórico para nuestros pueblos. De esta manera nos liberaremos paulatinamente del yugo ideológico Occidental, y de todo intento de globalización del pensamiento crítico.
    El agradecido soy yo.
    Abrazos
    Emmanuel

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