Madrid, ciudad callejera

DSC08960Madrid cautiva al turista por su oferta gastronómica, por sus innumerables sitios donde beber una caña y degustar sus tentaciones culinarias. Cientos de lugares provistos de la más variada carta de tapas y platos sorprenden al visitante, quien se verá tentado a probar jamones, chorizos, calamares, gambas, pescados, olivas, pimientos, tortillas,  zetas, boquerones, quesos, cochinillo…. Y, por cierto, sus vinos, provenientes de las distintas regiones que conforman la llamada península Ibérica. Todos marcados de un sabor diferente y sabroso.

La ciudad es alegre. Guatita llena, corazón contento, dice el viejo adagio popular, acuñado por más de algún sabio de la antigüedad, entendido en artes culinarias. Y nada puede ser más cierto. La gente circula por sus avenidas de manera despreocupada, sin la prisa y aquel desenfreno paranoico de otras grandes ciudades. La gente pasa el día en la calle, y por la noche tampoco encuentras a nadie en casa, comentan los mismos madrileños, confesando su espíritu callejero, el deseo de hacer de la vida diaria un paseo público. En la calle están los amigos, la charla, la bebida, el café, el cigarrillo, los toros y el fútbol.

Los sitios de mayor interés resultan muy a la mano del turista. Para los grandes caminantes, todo resulta cerca, apenas a unas cuantas cuadras calle abajo. Además el sistema de locomoción tanto al interior como al exterior de la ciudad, funciona de manera impecable, muy al estilo inglés, cumpliendo a cabalidad horarios claramente explicitados en pantallas electrónicas. Desde Madrid se puede salir hacia cualquier punto de España y Europa vía tren o autobús, sin mayores trámites. También se puede bucear por la ciudad, sumergiéndose en sus trenes subterráneos que recorren y acercan a los más diversos barrios de Madrid. Se puede llegar incluso directamente al aeropuerto vía metro, sin gasto innecesario de un taxi, que oscila entre los 30 y 40 euros al centro de la ciudad, dependiendo del tránsito.

Destacan en Madrid sus fabulosos museos, del Prado, Sta Sofía, Thyssen Bornemisza, etc., donde se concentra principalmente la inmensa obra pictórica española de todos los tiempos, desde las más viejas escuelas de pintura hasta las actuales. Los palacios y grandes edificios resaltan en medio de la ciudad  como punto atencionales, y desde cuyas azoteas se obtiene la mejor panorámica de Madrid.  Por supuesto, el Palacio Real y sus parques será imperdible, lo mismo el edificio de Correos frente a la fuente de Cibeles,  el Instituto Cervantes, el paseo de la Castellana  y el parque El Buen Retiro, originariamente creado por orden de Felipe II para su esposa, y el que posteriormente fuera donado al ayuntamiento de Madrid en tiempos de Fernando VII. Asombra en dicho parque la estatua del Ángel Caído, lo mismo el monumento a Alfonso XII. Por cierto, la  laguna, sus árboles y flores, siguiendo un estilo francés, le otorgan al parque el encanto y ensueño de épocas pastoriles, hundidas en la memoria de un inconsciente colectivo universal.

Madrid, contrariamente a lo que espera un latinoamericano, acostumbrado al trazado cuadricular de las ciudades levantadas por los españoles en América durante la conquista, responde a un trazado de calles concéntricas, donde no siempre el turista encuentra la coordenada esperada. Las calles y avenidas surgen diagonales y transversales, siguiendo el esquema estratégico de las ciudades europeas levantadas en torno a los ríos, caracoleando su curso. En este caso un vado del Manzanares. Así es posible partir en un punto y aparecer en otro completamente inesperado. Se puede ir, por ejemplo, por la Gran Vía y cruzar en diagonal hacia la calle El Arenal hasta el centro mismo del barrio de La Opera, cruzando así un ángulo imposible en el cuadriculado de las calles españolas de América del Sur.

Por cierto, también sorprende al turista la Puerta del Sol, el llamado punto de donde se dice corresponde al kilómetro cero de los radiales hacia todos los puntos de España. Ubicado en el centro de Madrid, muy cerca de la mítica estatua del Oso y el Madroño, termina siendo un lugar de referencia y de encuentro para madrileños y turistas.  Nos vemos en la Puerta del Sol o el Madroño, suele ser la consigna para encontrarse.

La Plaza Mayor, es otro centro turístico de interés, por su antigüedad y encanto solariego.  Los edificios que la conforman fueron originariamente levantados en tiempos de Felipe II en 1561, y terminados a partir de 1617 por Felipe III. Una imponente estatua ecuestre de éste mismo rey se alza  al centro de la plaza, otorgándole solemnidad histórica y aire militar al espacio.  Se trata de una plaza singular, donde no hay vegetación, sino una enorme terraza de piedras cercada por edificios de no más de cinco pisos, cuyas estructuras en su base dan origen a un altísimo portal que recorre el perímetro rectangular de la plaza, por donde se presume solían pasear los antiguos caballeros del brazo de sus damas, y ahora los turistas, cámara en mano capturando espacios pretéritos, redivivos en medio de la modernidad. La plaza se ubica en el epicentro de la ciudad, a un costado de la mítica Calle Mayor, una arteria de drenaje central hacia las grandes avenidas, Calle de Alcalá, Gran Vía, Calle Bailen.

La Plaza España es un punto de gran interés para los amantes de la literatura, por las estatuas del Quijote y Sancho, quienes durante la noche, iluminados por los fanales, relumbran como espectros recobrando sus reales vidas de seres imaginarios. En aquel sector de la ciudad, algunas tardes sopla el viento del Manzanares trayendo las voces del pasado. Oleadas violentas azotan a los paseantes, mientras se ventean también las calles, llevándose el smog y los malos olores.

Las Puertas o Portillos de Madrid, constituyen también puntos de interés para los turistas. Monumentos símbolos de los tiempos cuando la capital española era una ciudad amurallada, como la mayoría de las ciudades europeas. Destacan, por cierto, las más vigentes, la Puerta de Alcalá y la Puerta de Toledo.

Para los amantes de los trenes y de sueños ferroviarios, la estación de Atocha es imperdible. La gigantesca estación de ferrocarriles que conecta a Madrid con todas las ciudades de España y de Europa. De allí sale el Ave, el tren que circula por los rieles a más de 200 kilómetros por hora, acercando los puntos de distancia sin que el pasajero note el veloz desplazamiento. La estación alberga un complejo ferroviario multifuncional, adaptado a las necesidades de los miles de viajeros que llegan y salen de la capital española vía ferrocarril.

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Miguel de Loyola – Madrid – Junio 2013

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