El lector, Bernhard Schlink.

 schlinkUn joven narrador en primera persona nos cuenta su vida a partir de sus 15 años, hasta bien entrada la madurez. Michael Berg es todavía un estudiante de secundaria cuando conoce a Hanna Schmitz, mujer de 35 años, quien trabaja en el tranvía y de la cual se enamora a pesar de la diferencia de edad. La relación amorosa entre ambos estará marcada por un hecho muy particular: las lecturas de obras clásicas en voz alta por parte de Michael a pedido de Hanna, quien disfruta mucho oyéndolo leer.

Sin embargo, Hanna desaparece repentinamente de su vida, para luego reaparecer siete años más tarde acusada de haber sido carcelera nazi en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Por entonces Michael está por recibirse de abogado, y asiste a las audiencias de aquel proceso como parte  importante para un curso de los últimos años de su carrera. Es allí, donde casualmente vuelve a encontrarla.

Debido a la manera contradictoria de defenderse ante el magistrado,  Michael llega al convencimiento de que Hanna es analfabeta,  y la vergüenza le impide confesarlo, dejando que el proceso continúe su curso hasta recibir la temible sentencia: cadena perpetua. Tampoco Michael interviene contándole al juez lo que ha descubierto, y guarda ese  silencio letal que poco a poco va generando  en quien esconde una verdad, el llamado sentimiento de la culpa.

Mientras Hanna padece su condena recluida en la cárcel, Michael comienza a enviarle cintas con grabaciones de lecturas hechas expresamente para ella, reviviendo así esa experiencia de los primeros años y a propósito de su analfabetismo. Pero jamás le habla en ellos algo personal. Tampoco la visitará en su reclusión. Mantiene el riguroso silencio de la cobardía inexplicable, sin poder expresar sus sentimientos frente a la mujer amada.

El fracaso matrimonial de Michael con Gerturd puede entenderse tal vez como una consecuencia de su prematura relación amorosa con Hanna, a quien nunca pudo olvidar, pero tampoco tendrá el valor de asumir  como su verdadero amor cuando Hanna está pronta a recuperar su libertad. La noche anterior a ello, inesperadamente  Hanna se suicida

Es indudable el interés del autor por tratar aquí el problema de la culpa que arrastran las nuevas generaciones alemanas como otra de las tantas consecuencias psicológicas de la Segunda Guerra Mundial. Pero podemos entender que no sólo aquellas, sino también las de todos los individuos llamados a resolver problemas de conciencia. La novela encarna así un sentimiento universal y puede entenderse como una invitación a preocuparse por la verdad, a atreverse a quebrar ese silencio que termina asfixiando a las almas, como ocurre no sólo con la del protagonista Michael, a quien podemos ver como un hombre emocionalmente fracasado, sino también en la de la propia Hanna, cuyo sentimiento de orgullo, le impidió durante toda su vida confesar su analfabetismo y escondiéndolo hasta último momento como un pecado inconfesable.

La novela  aborda también otros problemas de conciencia, como el de la responsabilidad individual frente a los crímenes nazis. El autor pareciera dejar flotando la pregunta y la respuesta entre las páginas: ¿la ejecución de los judíos puede entenderse sólo como un deber para los soldados  subalternos? ¿pueden quedar libres de culpa quienes fueron mandados a hacerlo? Y en el caso de Hanna, en tanto mujer analfabeta ¿tiene ella la misma responsabilidad que el resto? ¿Hasta qué punto se hace justicia cuando se castiga a quienes no han sido los verdaderos cerebros de los hechos?

Llama la atención la sencillez del relato para llegar a temas tan profundos. La agilidad de la pluma para acotar en breve asuntos importantes. La maestría alemana para acotar la historia sin caer en las clásicas parrafadas farragosas de algunos autores contemporáneos. No cabe dudas que los escritos de este juez escritor, Bernhard Schlink (1944), deben ser también irreprochables, dotados por la claridad de una mente que sabe poner sus ojos en esa verdad que hace al hombre libre.

Miguel de loyola – Santiago de Chile – Año 2008

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Un comentario en “El lector, Bernhard Schlink.

  1. Vi la pelicula y me quede prendado de la historia, y ahora con este comentario, wow, la verdad las historias como estas que valiendose de una historia un tanto casual y fuera de lo comun a la vez pueden inmiscuirse tantos problemas, tantas preguntas. Buen libro, buen comentario.

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