De las vacaciones y otras hierbas

 rio mauleEnero y febrero, los mejores meses del año. Sin duda, para quienes gozan de vacaciones. Desligarse de las obligaciones por tres semanas, como impone la ley laboral, no deja de ser un beneficio envidiable, sobre todo para los independientes que no cuentan con ese enorme beneficio. No obstante, muchos de los que gozan de vacaciones, no se dan cuenta de lo maravilloso que es dejar los problemas laborales a otros y salir al campo o la playa -o incluso- quedarse varios días descansando en casa durante los meses más tranquilos de la gran ciudad, disfrutando el flujo relajado de los automóviles, los surtidores de agua de los parques, la caminata silenciosa por el barrio, el paseo por algún lugar desconocido de la ciudad, sus barrios decimonónicos todavía en pie, el silencio de la noche solitaria…

Los seres humanos incubamos ese gran problema de no saber valorar nada de lo que tenemos y aspirar siempre a otra cosa, especialmente aquello que gozan los otros. Los poderosos otros, quienes son, ni más ni menos, una prolongación mitificada de nosotros mismos.

En ese sentido, la cultura oriental lleva varios metros adelantada, incursionando en las áreas de la intimidad con nosotros mismos, para liberarnos de esa clase de mitos creados a ciegas, bajo el sello nebuloso del resentimiento. Nos falta la capacidad para valorar lo propio, al margen del resto, al margen de lo que acontece a nuestro alrededor, asumiendo nuestra condición maravillosa de seres únicos e irrepetibles.

Las vacaciones de verano, cualquiera sean las circunstancias, son un oasis en medio del desierto, donde reconectamos las etapas de nuestra vida, desde la infancia a nuestro estado actual. Salir de vacaciones es unir el pasado con aquella etapa dejada en suspenso el verano anterior. Por ejemplo, la relectura de un libro, la convivencia con los seres queridos a quienes durante el año rara vez tenemos tiempo para visitar, atar una relación amorosa dejada a medias,, continuar todo aquello dejado en suspenso, porque las vacaciones son un reencuentro con nuestro estado inicial, con el principio, con el ser.

Miguel de Loyola – El Quisco – Verano del 2014

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