Expresiones chilensis malsanas

si, peroLos chilenos nos caracterizamos por algunas expresiones y modismos localistas de uso frecuente. Entre ellos hay uno que llama mucho la atención, porque es muy recurrente y ha pasado a ser – a mi juicio- síntoma de enfermedad, de enfermedad del alma inasible manifestada en la lengua concreta. No se trata entonces sólo de un modismo, de una forma de expresión particular que se repite por inercia, tampoco es un cliché, una frase hecha; se trata de una expresión inherente a la esencia misma de nuestra contradictoria forma de ser. Me refiero al clásico sí, pero. A una afirmación rotunda, seguida inmediatamente por  una negación que termina echando por tierra cualquier afirmación positiva, pasando a la forma negativa, a la forma negativa-destructiva que busca imponer la voluntad de uno por sobre la del otro, . Sí, es bonita, pero… Sí, ese vestido te queda bien, pero… Sí, es cierto, pero… Sí, estoy de acuerdo, pero… Sí, es un buen proyecto, pero… Sí, escribe bien, pero… Sí, se ve joven, pero, pero, pero, pero…

Sería muy interesante indagar acerca del génesis de esta locución que pone al descubierto la más flagrante oscuridad de nuestro espíritu. Sí, me cae bien, pero… Sí, es inteligente, pero… Sí, es un buen profesional, pero… Sí, la amo, pero Un estudio sobre el tema tal vez podría conducirnos a la radiografía de nuestra personalidad.  Quizá a conocer las causas y motivos que terminaron por inocular esta expresión lingüística despreciativa. Un expresión nefasta, desde luego, por cuanto no nos permite apreciar admirativamente el hacer del otro, cualquiera sea ese otro, y cualquiera sea su hacer. Y, atención, una expresión todavía más propia del mundo masculino que del femenino. Más evidente en los machos que en las hembras, una locución verbal que encierra los deseos reprimidos de ser acaso más capaz que los otros, de dominar a los otros, como póstula Hegel en su brillante dialéctica del Amo y el esclavo.

Hay aquí, indudablemente, un germen malsano, una dosis letal de envidia implícita, de envidia y resentimiento, una pareja terrorífica que siempre van de la mano, premunida de aquel odio oculto y cegador del sentido más vital humano: el poder de admiración. Quien pierde la capacidad de admiración, se pierde también a sí mismo, se hunde en esa ciénaga que hoy llamamos depresión. Se deprime quien no es capaz de admirar la vida, el mundo y a los otros, y a todo le agrega un nocivo y letal: sí, pero…

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Mayo del 2014

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5 comentarios en “Expresiones chilensis malsanas

  1. Pienso, por nuestra propia-triste-experiencia histórica bajo el peso de una dictadura, de años y siglos bajo opresión y violencia abierta y soterrada, que esto acaba de mermar nuestro espíritu, deja marcas, expresadas de algún modo y visibles a miradas profundas y sabias. Pienso, creo, ha de ser bueno destacarlo, empezar por allí.

    • La columna es simplemente certera. Ahí hay verdad. Hay una demostración de la miseria humana ancestral y presente en toda la vida del universo. Detrás de esa máscara que el autor explica con notable claridad y agudeza conceptual, se esconde -a mi parecer- la limitación humana que todos llevamos dentro. Es sorprendente darse cuenta cómo las palabras nos construyen interiormente. Ayer, sin más, descubrí en la web un video de todos los garabatos chilenos en el cine chileno. Sí, me reí muchísimo, pero me quedó ese sabor amargo al que alude Miguel de Loyola que solo dejan las cosas amargas en la lengua transportándose después a todo el cuerpo que, desaforado, quiere repudiarlo. Sí, me refiero a que lo único que queda ante la limitada condición del hombre expueta a cada instante en lo que hacemos, es intentar la práctica de la miseridordia. No se trata de poderes absolutos ni de dineros o riquezas inalcanzables. Es la vida, la vida misma. Esa que nace a cada instante y que, con un poco de cariño, podemos transformar en una experiencia buena. Lo demás, son lamentos y exculpaciones inútiles que no nos llevan a nada. Al niño hay que enseñarle a mirar constructivamente. Al joven y al viejo también. Y, menos mal, esa tarea es inagotable, ininterrumpida y, lo mejor de todo, personal. (¡Estoy lista para que me tiren los tomates!, aunque también para recibir una flor) ¡Buen día pensadores!

  2. Reblogueó esto en Panamá Poesía y Pensamientos.comy comentado:
    arolina abell soffia dice:

    junio 15, 2014 en 4:08 pm

    La columna es simplemente certera. Ahí hay verdad. Hay una demostración de la miseria humana ancestral y presente en toda la vida del universo. Detrás de esa máscara que el autor explica con notable claridad y agudeza conceptual, se esconde -a mi parecer- la limitación humana que todos llevamos dentro. Es sorprendente darse cuenta cómo las palabras nos construyen interiormente.
    “El Lenguaje como puente entre la materia y el espíritu”, en un infinito reciclaje, las palabras iluminan, construyen su propio Universo… Unos destruyendo, otros, como Carolina Abel Soffia, intentado construir su mundo ideal, a través del Lenguaje…

  3. María,
    El lenguaje crea realidades. Cada vez que leemos algo, lo experimentamos en verdad, pero desde nuestras experiencias. Nada de lo que dije antes con respecto al comentario de Miguel de Loyola, es falso. Todo es cierto, es vital y se puede practicar. No construyo mi mundo “ideal”. Acuso la actividad cotidiana, la verdad, lo real… La imaginación tiñe otras formas de escritura o lenguajes. La poesía es pura creación. Las artes visuales a través de la pintura, la escultura, etc. La música es siempre una frase que jamás remite a más realidad que al sonido.
    Gracias por tus palabras

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