Poemas Metastásicos, de Domingo Hraste del Real

La poesía de Domingo Hraste en Poemas metastásicos, conecta hacia un más allá posible, trascendente, místico, religioso. A partir de lo cotidiano, del mundo circundante, de la vida simplemente, como resume Oscar Castro la experiencia de una vida. El poeta reclama  por momentos a la divinidad sus carencias, sus infortunios, su carga existencial. La falta de signos de su omnipresencia en las horas de mayor penumbra. “Señor estoy molesto contigo:/ se ha muerto mi padre y no mandaste/ ni una paloma a posarse en su cabeza/ni un halo a coronar su frente/ ni se rasgaron las cortinas del templo/…”

Los poemas están claramente marcados por la tragedia final del existente, por la muerte que solapadamente espera, aunque a veces irrumpa todavía de manera más inesperada, en cualquier momento en la vida del hombre corriente. “Qué locura ocurre en mi calle?/Los vecinos se están muriendo/ hay epidemia de cáncer/ casa por medio,/…” También juega con la idea de Metástasis, en tanto evidencia de aquel sello mortuorio con que viene marcado el hombre desde su nacimiento, y la cual degenera poco a poco hasta consumirnos. “La metástasis es una degeneración del lenguaje,/la perdida memoria de las palabras que crecen/ desmesuradas, que nacieron en la boca/y se irradian por los huesos, los pulmones, otras partes…”

Somos seres para la muerte, sostiene Heidegger en medio de un existencialismo no exento de esperanza, en medio de la desesperanza de los pasajeros inmersos en un mundo incomprensible. Somos nuestros posibles, agrega el filósofo, pero el único posible que los contiene a todos es aquel umbral que nos separa para siempre de lo cotidiano, del mundo amado. Sin embargo, allí radica nuestra grandeza, en saber que morimos, pero aún si tenemos el valor de vivir, las ansias de ser. “Yo agonizo las estrellas/ respiro volcán/ rasuro estalactitas./ Mi sed va dejando desiertos /mi hambre agotó los peces/…”

“Me debato entre alabanzas/ y herejías,/las unas cuando soy ángel/las otras cuando humano…” Reconoce sus debilidades, sus flaquezas, su naturaleza de hombre y bestia con hambre de eternidad, de trascendencia. Pero sin el fervor ni la convicción definitiva del creyente “Una algarabía de dioses/dispersos en mi cuarto/objetos sagrados/y otros sospechosos; /talismanes.” La duda palpita en cada verso, el deseo de atrapar la totalidad de la experiencia se diluye por causa de la efímera existencia.

En Poemas metastásicos, Domingo Hraste pone al descubierto las dudas existenciales del hombre enfrentado a la última puerta, exigiendo una respuesta. Una respuesta que el lector, tal vez, puede hallar en el ensayo que acompaña esta publicación, donde el poeta filósofo se refugia y expone brillantemente sus reflexiones en torno a la estética, siguiendo los pasos de Raimundo Kupareo, su maestro.

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