El gallinero


gallineroA pesar de las posibilidades que brinda la tecnología hoy para expresarse, hay un sector, acaso el más grande, que vive en silencio, completamente marginado de las trifulcas y comentarios expresados a través de las llamadas redes sociales, vía internet, twiter, correos, blogs, T.V., diarios y revistas inclusive. El griterío a ratos se torna infernal, particularmente a la hora de la exposición de opiniones políticas. Y lo más imprudente, por cierto, es que cada cual se siente dueño de la verdad, y alza su dedo inquisitivo para sindicar al o los culpables de tal o cual cosa, sea de ayer, hoy o mañana. Realmente, es un vocerío fastidioso, y el símil con el gallinero, resulta lo bastante elocuente para graficar el escenario donde se mueven y promueven hoy día las ideas, y en muchos casos, donde se resuelven los asuntos de Estado, bajo el imperativo de oír y hacer caso al cacareo y ganarse así el favor de pollos y gallinas.

Cualquiera que conozca un gallinero, donde el estiércol cae a veces de una gallina a otra, tiende a la comparación, y es posible que aquel sector silencioso del que hablamos lo conozca bastante mejor, y por eso calla, y vive en lo que podríamos llamar en el silencio de los inocentes. Porque sabe de antemano que cualquier cosa que se diga, sólo ayudará a alimentar el buche de pollos y gallinas, pero en ningún caso su consciencia. Hasta allí no llega nadie, esa es la cuestión, y ese es nuestro mayor problema. Hasta aquel lugar recóndito en esta modernidad bulliciosa, no llega nadie, y por eso vemos repetirse una y otra vez los mismos abusos, las mismas falsedades, los mismos delitos, las mismas consignas que arruinaron y seguirán arruinando al mundo; como aquella que versa, por ejemplo -por nombrar alguna-, en torno a la igualdad, ocultando o ignorando que cada ser es único e irrepetible, y que yo soy yo y a nadie me parezco, y que lo único que nos cabe exigir a los ciudadanos es la igualdad en derecho. Lo que paradojalmente no ocurre, porque la clase gobernante se encarga y se ha encargado siempre de asegurar para sí ese derecho connatural a los ciudadanos, cuando toma finalmente el poder.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – verano del 2015.

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