Espíritu comparativo chilensis

comparacionesEl espíritu chilensis es especialista en comparaciones. Nos gusta compararnos con los otros, sean nuestros países vecinos, el gran país del norte, o bien la vieja Europa. Osea, con los grandes, los más grandes, porque rara vez nuestras comparaciones nos llevan a otros lugares del orbe. En ese sentido, resulta notable lo agrandado que somos, siendo un país tan joven y tan chico. Tal vez debiéramos compararnos con los de nuestra edad y tamaño, buscando la justicia, que se atribuye como el bien más preciado. Pero hacemos precisamente lo contrario. Nuestros políticos o politiqueros, son los primeros en hablar de Chile en relación a los países desarrollados, imagino que con la intención de convencernos mediante esa vieja cantinela de que estamos siempre peor, porque esa es la cuestión principal, aquí se compara sólo para resaltar lo peor, pero rara vez o nunca, lo mejor. Para eso tenemos verdaderos especialistas. Los mismos que después vemos atornillarse en el poder gracias a esas argucias comparativas.

Cabe preguntarse de donde surge este afán comparativo, que a estas alturas resulta una clara evidencia identitaria. Cuando existía crítica literaria en el país, hasta los críticos literarios se las arreglaban también para comparar nuestra literatura en relación a la existente en la vieja Europa, acusando, por cierto, nuestras falencias, sin considerar las notables diferencias históricas existentes entre ambas culturas, y negándole así la sal a nuestros creadores y a sus obras. Porque ocurre que en cualquier ámbito, estamos comparándonos con otros, esos otros que vemos más altos y mejores, más robustos y vigorosos, más ricos y poderosos.

Dada nuestra condición de país isla, bien podríamos aventurar la tesis del complejo de inferioridad al cual se suele apelar frente a reacciones psicológicas semejantes. Pero me temo que no tendría mucho sentido abundar sobre ello, porque la historia del hombre sobre la tierra nos dice en sus libros más antiguos que las comparaciones nunca han sido buenas, muy por el contrario, siempre han sido nocivas, un caldo de cultivo para incubar la larva del resentimiento. Porque lo cierto es que las realidades no pueden compararse, es necesario vivirlas en carne propia.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Abril 2015.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s