El imperio deportivo

deporteHeidegger quizá sea el primer filósofo en preanunciar el endiosamiento de los deportistas. Las masas vitorean hoy a estos hombres cuales dioses del Olimpo. Se los admira, se los venera, se los justifica. No hay en este momento en el mundo mayores ídolos, han conquistado  la  cúspide, desplazando a políticos, intelectuales, religiosos, a reyes y príncipes. Bajo su alero las multitudes respiran y liberan sus toxinas, porque se los ha convertido también en válvulas de escape, en pasadizos de luz, en salidas de emergencia a los problemas de rutina, a frustraciones y desengaños.

Para el filósofo alemán esta sobrevaloración es consecuencia directa de lo que llama vida inauténtica, concepto que desarrolla magistralmente, basándose en su idea del olvido del ser y la pasión por lo cósico. El hombre ha olvidado el ser y se ha concentrado en el dominio de las cosas, sostiene en Ser y Tiempo (1927). La razón es simple, concluimos nosotros, el ser es un misterio, un misterio insondable; las cosas -en cambio- suelen ser reales y concretas, o llegar a serlo mediante la intervención del sujeto que las crea. El hombre hoy día está en eso, deseando cosas, haciendo cosas, consiguiendo cosas. Y la globalización ayuda, contribuye con aquel imperativo, imponiendo el paradigma cósico a través de redes y comercios. Y el deporte, y los deportistas, están en ese mismo ámbito, en tanto cosas reales y concretas, en tanto productos y necesidades generadas por los medios.  Y en tanto cosas, las consumimos y queremos más, porque lo cósico se desarrolla en una espiral sin fin.

Estamos en un momento histórico en que el mundo gira en torno a los deportistas. Si tomas un diario, o escuchas los noticieros, sean de radio o televisión, más de la mitad del tiempo y el espacio lo ocupan en comentarios deportivos. Ninguna posibilidad tienen otros quehaceres del hombre ante el imperio deportivo impuesto por los medios en todo el orbe, acaso para esconder la ropa sucia. El hombre masa se rinde a sus plantas, y está dispuesto a dejarlo todo por este nuevo dios que sigue creciendo de estatura en todas las culturas del mundo. Los deportistas, al igual que los dioses griegos, están por sobre las leyes y la moral. Se les perdona y abona todo cuanto hacen, y nadie se atreve a cuestionarlos. Son la encarnación de lo sublime, de lo máximo. En todas las ciudades del mundo se levantan sus estatuas, como ayer templos y esculturas religiosas.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Junio del 2015

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2 comentarios en “El imperio deportivo

  1. Hola Miguel…interesante tu punto de vista, el cual comparto en varias aristas. En resumen, reflejas los hechos que están pasando respecto al tema. Faltaría ahondar un poco más en las razones de ello. Tal como expones, el “hombre” ha olvidado el ser, y se concentra en el dominio de “cosas”. Nada extraño en un sistema dominado por el consumismo, en donde nada resulta de más valía que el tener, el poseer, el adquirir – desgraciadamente, por el medio que sea- los bienes que nos “aseguran” la felicidad. La “culpa” de ello no la tienen exactamente las masas no pensantes, sino, quienes han lavado sus cerebros convenciéndolos de un u otro modo que si no compran SUS productos no pasarán de ser ciudadanos de tercera o ultima categoría. Entonces, en muchos casos, resulta mucho más simple gastar los pocos $ que se tienen en comprar algo que te identifique con el “Chile ganador”, Mucho más fácil también que poder pagar una universidad para sí mismos o descendencia. Por ello, cuando en medio de todo este c´pirculo triunfalista y acumulador de dinero, surgen unos “triunfadores” que provienen de lo humilde, la locura se magnifica, ya que la identificación es tácita: resulta esperanzador constatar que no solo los de cuna adinerada pueden triunfar en la vida; no solo ellos son dignos de que las masas se dobleguen a sus pies. Este sentimiento es imposible de suprimir aunque yazga sublimado en mil otras razones. Hoy tenemos a un grupo de deportistas en particular que hacen soñar al pueblo en que se puede, que con esfuerzo, talento y una pizca de suerte en su disciplina, pueden remontar al Olimpo y emular a los dioses que tu mencionas. En este singular Olimpo deportivo no es necesario tener currículo profesional ni apellido anejo: solo basta con hacer lo que hay que hacer, y con ello identificar a miles de personas que se sienten arte y parte del tanto del triunfo. ¿Cómo evitar esta catarsis social que vivimos en cada triunfo? Creo que intentarlo, sería hasta cruel. Ya bastante sufrimiento hay en el día a día, marchando al compás de quienes nos exprimen hasta en los años de nuestra jubilación.

    Saludos, amigo.

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