Estar en otra

estar en otra¿Alguien alguna vez ha pensado que habitualmente estamos en otra, con la cabeza puesta en otra parte, en otra cosa? Quizá ese sea el mayor de nuestros problemas, personales y nacionales, estar siempre en otra. La expresión local recoge ciertamente uno de nuestros más profundos rasgos identitarios, y nos resume en tanto personas y nación. Sólo en contadas circunstancias de nuestra vida estamos aquí y ahora, presentes y conscientes; y si analizamos un poco esos momentos, quedamos perplejos al constatar que en esos mínimos instantes del aquí y ahora vividos, construimos la base de todo lo que fuimos, somos y seremos. Es decir, en esos aquí y ahora contados con los dedos de la mano, resolvimos nada menos que nuestra vida. ( Por favor revisa esos momentos de tu vida)
Estar en otra es lo que hace a un chileno distinto de un boliviano, argentino, peruano… quienes siempre están aquí, metidos en el barro de la historia, luchando por sus intereses personales y colectivos. Nosotros, hacemos vista gorda a la gran mayoría de las cosas, dejamos el tiempo correr, esperando que el destino resuelva nuestros problemas de manera milagrosa. Así pasamos de una generación a otra, delegando este no querer ser de una vez por todas lo que somos o fuimos llamados a ser. Nuestros conflictos limítrofes con los países vecinos a lo largo de la historia, responden en mucho a este estar en otra, mientras ellos siempre están ahí, machacando la historia con un objetivo fijo. La incapacidad de decisión es una de las consecuencias de estar en otra, y además nos desvía de la necesidad perentoria de resolver de una vez los problemas y las amenazas, y nos mantiene en un ad eternum estado de ascuas.
Cabe preguntarse por la raíz de este estado de conciencia desviado, amigo de dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Podríamos intentar algunas hipótesis al voleo: a) dado que somos un país rodeado de volcanes, nos acostumbramos a vivir siempre en ascuas, al borde de una erupción. b) Dado que somos un país de espaldas al mundo, gracias a la cordillera de los Andes que nos separa, vivimos reconcentrados en nosotros mismos, sin posibilidad de mirar más allá. c) dado que siempre tenemos de frente el océano Pacífico, y por tanto vivimos la inminencia de caernos en cualquier momento al mar, generamos como defensa el olvido de la realidad. d) Dado que somos un país sísmico, vivimos siempre sacándole el quite y haciendo oídos sordos al derrumbe total.
Ciertamente, podríamos formular muchas hipótesis respecto a esta condición mental de estar en otra, y rara vez aquí, donde nos corresponde estar. Si los gobiernos estuvieran aquí, y no allá, resolverían alguna vez los problemas del país. Pero se da el caso que siempre están al igual que nosotros o como nosotros: en otra; preocupados de cualquier cosa menos del país y de los problemas que nos afectan. Y este, precisamente, quizá sea uno de los más importantes: estar en otra, y no aquí como nos corresponde.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – 9 de Julio del 2015.

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