Del matrimonio y otras yerbas

amo y esclavoEl matrimonio es una institución criminal, sostiene un personaje novelesco del afamado escritor argentino Ricardo Piglia; siempre termina estrangulado uno de los dos, concluye su terminante hipótesis. La frase es fuerte, ¿no? a muchos al principio deja perplejos, pensando en que hay cierta crueldad en su enunciación, resentimiento soterrado al respecto, desconfianza total, claro. Sin embargo, también hay razón y verdad. He aquí nuevamente las dos caras de todo lo humano, la inexorable dualidad. Ocurre que muchos no resisten el deseo de dominar al otro, y a otros tantos les agrada sentirse dominados. O bien, se dejan dominar sin reparos, por comodidad o falta de valor, y ya muy tarde -aunque algunos nunca-, descubren que en su vida fueron anulados, pasados a llevar. En suma, estrangulados.

Frente a esta proposición, indudablemente, cabe citar a Hegel y su clásica dialéctica del amo y el esclavo, donde el genial filósofo alemán postula el origen de las relaciones humanas, y por consiguiente -a su entender- de la historia. Para Hegel la historia comienza cuando se enfrentan dos conciencias deseantes. De paso habría que puntualizar que para el filósofo la conciencia es deseo, y desea el deseo del otro. Y en consecuencia, en toda relación humana siempre hay uno más fuerte, capaz de imponerse, y quien termina finalmente por dominar. Así se establece -postula Hegel- una relación de amo y esclavo. El amo ordena, y el esclavo obedece. El amo es quien domina la situación, porque es más fuerte, y el esclavo obedece, porque es más débil. Tiene miedo a perecer, a morir, apunta, y su miedo a morir es más fuerte que su deseo de dominar y por consiguiente se somete a la voluntad del otro.

Jean Paul Sartre toma en parte esta idea brillante de Hegel para ejemplarizar la relación amorosa, para recrear y cuestionar sus pormenores, y termina señalando que quien ama más es el dominado, y quien ama menos el que domina la situación. Podríamos colegir muchos ejemplos de esto con sólo hacer un recordatorio de parejas conocidas, de esta época y de las anteriores, y les aseguro que se van a sorprender. Se da muy a menudo esta dialéctica, si bien no en el mismo sentido exacerbado aquí expuesto, muchos rasgos primarios todavía persisten y se repiten. Recordemos que Hegel explica de este modo el origen de la historia humana. Cuando en un principio era el mundo…

Para nuestra fortuna, el reloj del tiempo ha avanzado y sigue avanzando. Basta ver a las nuevas generaciones, quienes indudablemente no están dispuestos a caer en el juego o dialéctica del amo y el esclavo. Porque el matrimonio vivido en esos términos, qué duda cabe, sería un martirio insoportable, tal y como lo acota la frase de Piglia. Y, por cierto, debe ser lo contrario, y lo es, cuando ambas conciencias no pretenden devorarse una a otra, sino conformar una tercera, que contenga a las dos, construyendo un puente de mancomunión de almas, pero conservando cada una su propia e intransferible individualidad. Como ocurre, por ejemplo, tras la conformación del Estado, donde cada cual sigue siendo un individuo a pesar de conformar juntos una sociedad.

Las nuevas generaciones, liberadas de muchos tabúes que contribuían al ejercicio de esa dialéctica, se alejan cada vez más de ella, viviendo relaciones amorosas más saludables, cautelada por una moral que permite la reflexión y el mutuo acuerdo, y dejando afuera los dogmatismos que encadenan al hombre, y otorgan poder a unos sobre otros.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Julio del 2015.

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