Fiestas de fin de Año.

pascueroLas fiestas de fin de año enloquecen, se desata una desesperación contagiosa, la ciudad bulle por todas partes, las estaciones de metro vomitan pasajeros cada tres minutos, derramándolos sobre las calles;
los puestos ambulantes invaden avenidas y plazas municipales, ofreciendo objetos inimaginables; todos quieren vender, todos seguramente venden algo en estos días de locura y barbarie; sombreros, toallas,  pulseras, anillos, afiches, relojes, candelabros, cortaúñas, pegatinas, papeles de regalo, tarjetas, sobres, cintas… y todo esto en medio del calor implacable de diciembre, que abrasa y contrasta con los viejos pascueros barbudos y arropados.

La gente se marea en algún momento, mientras va por la calle percibiendo el movimiento acelerado de la ciudad, pero no por eso pierde el norte en busca de lo que anda; quiere esto para fulano, aquello para zutano, algo para la suegra o el suegro, para quedar en buena, para el cuñado  buena gente también un presente; para la tía, la abuela, el marido, la esposa. Personas a quienes regalar no faltan, tampoco los compromisos. Hay quienes regalan algo definitivamente a todos, y nos son precisamente los más adinerados. Ah, y falta algo para el jefe, para la secretaria, para el portero, y para el infaltable Luchito, como no, como no regalarle algo a Luchito, tan buena gente, simpático, amable…

La psicosis continúa hasta el último minuto del día veinticuatro de diciembre. Y cómo no involucrarse, como no contagiarse con aquel ambiente festivo, como no seguir la comparsa de los pascueros gordiflones,  cómo pasar entre la muchedumbre sin deseos de regalar algo a alguien, una tarjetita por lo menos, un saludo, un billetito al niño huérfano, un juguete, una botellita de vino a un anciano del asilo más cercano. Al fin y al cabo también hay que alegrarse, cerrar el año en buenas para empezar otro lo mejor posible y a pesar de todo… de todo lo que nos pasa y nos sucede a diario, del tiempo que se acaba y se acorta a cada instante, que corre más de prisa que nosotros y nos lleva la mayor parte del tiempo por los aires, arrastrándonos, apurándonos  hasta fines de año; donde vuelta otra vez a comenzar esta carrera que no termina tan fácilmente tampoco, no creas que sí, pero que sin embargo se acaba en el momento menos esperado y nos quedamos boca abajo, tal vez con el deseo de haber sido más generosos, o personas más ambles, o quizá mejores hijos, o mejores padres, quizá menos críticos de todo cuánto los hombres crean para olvidar y hacernos sentir la gloria de creernos seres inmortales.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – 24 de diciembre del 2015.-

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s