La tendencia de culpar a otros

paso de cebraEn materia de errores, la tendencia es culpar al otro, a los otros, sin reconocer jamás la propia responsabilidad. En Chile es una enfermedad, una epidemia contagiosa que deja libre de responsabilidades, o de culpas a quienes se equivocan. El caso de mayor patetismo puede ilustrarse con los llamados Pasos de Cebra, esas demarcaciones existentes en las calles de la ciudad para el cruce peatonal. Son, desde luego, un llamado de atención y alerta tanto para los automovilistas como para los peatones. Es decir, ambos agentes tienen la responsabilidad de estar atentos frente a ellos. Sin embargo, ocurre que muchos peatones se lanzan a él -al paso de cebra- sin mirar para ningún lado, bajo la creencia de que allí están completamente a salvo porque la ley los protege en un cien por ciento. Si bien es verdad que la ley del tránsito los protege en caso de sufrir un accidente, no los libra de la responsabilidad de mirar hacia ambos lados de la calle, antes de lanzarse al paso de cebra. Por el contrario, caen como autómatas, convencidos de que en los automovilistas descansa su seguridad. Un error de entendimiento, por cierto, que puede costar la vida, una pierna, un brazo, o el quedar inválido de por vida, porque por mucho que nos proteja la ley, no nos devolverá la salud, el brazo, la pierna, la mano perdida. Sucede que los automovilistas son tan distraídos como los peatones y a veces no ven el paso de cebra, ni tampoco al peatón, porque al igual que los peatones van pendientes del celular, de la radio, de la mujer atractiva que va  por la vereda del frente y…  cataplún, se produce el accidente. ¿Quién tuvo la culpa? El automovilista sentenciará el juez, osea, la ley. Pero ¿el peatón se aseguró de mirar antes de cruzar? ¿Se preocupó de cerciorarse bien antes de cruzar que el automovilista lo viera, o que al menos viera el paso de cebra?

Desde luego, cabe hablar aquí del cuidado de sí pregonado por Sócrates en las calles de Atenas hace más de dos mil años. De ese cuidado de sí que es responsabilidad de cada individuo, independientemente de quien tenga la razón o cobije la ley. Hay que estar atento, porque culpar a otros de nuestra propia responsabilidad no ayuda. Por el contrario, desordena, nos convierte en una sociedad irresponsable y a los individuos nos transforma en seres sin conciencia propia, delegada en otros.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Diciembre del 2015.

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