Microbiografías

camion amarilloLlegamos a calle Amado Nervo la primavera del 1964. La mudanza la hizo el tío Daniel en su enorme camión amarillo, cuyo bocinazo despertó la curiosidad de toda la cuadra. Se trataba de una bocina poco usual en esos tiempos, semejante a un claxon de los camiones norteamericanos que se ven en el cine. Producía un estruendo melódico e inconfundible. En esos años no habían automóviles en la cuadra, así que el vehículo quedó atravesado en medio de la calle durante la descarga. El portón de la casa era demasiado estrecho para ese elefante amarillo, como lo parecía en contraste con la opacidad funeraria de la calle. Las casas lucían deslavadas, pidiendo a gritos una mano de pintura, pero pasarían muchos años antes de cambiar su colorido. Por aquel tiempo, nadie tenía suficiente dinero para detalles, y las propiedades se conservaban a la buena de Dios, según solía decir mi abuela.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Año 1998.

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