Las vacaciones: ¿descanso o cansancio?

atochamientosLa psicosis por las vacaciones ataca a todos por igual. Cual más cuál menos se siente hipnotizado por la idea de largarse fuera de la ciudad o del país para descansar y olvidar el trabajo y otras pestes, por supuesto. Sin embargo, sacando bien las cuentas, después llegas a la conclusión que harías mejor quedándote en casa si realmente lo que quieres es descansar, porque las salidas a cualquier parte implican conectarse otra vez con el estrés, esta vez de carreteras atestadas de automóviles cargados de maletas y cachivaches,  de colas eternas en peajes y bencineras, del traslado de mercaderías y bebestibles, de esa llegada de cabeza a levantar campamento en otra parte, haciendo camas, limpiando baños, cocina, dormitorios, metiendo todo a un refrigerador donde no cabe ni la mitad de las cosas que trajiste, ordenando el nuevo espacio que habitaras con tu familia durante esos próximos quince días que al principio te parecen un lapso de tiempo inconmensurable, y luego, tras el vertiginoso transcurrir de los días, lo sientes como miserable, la nada misma, porque necesitas más descanso, desde luego necesitas descansar de esas trasnochadas clásicas de verano, cuando el asado y el vino no falta, ni las visitas que no terminan nunca de llegar a tu casa, de amigos y parientes que te llaman por teléfono  preguntando dónde estás, porque toca la casualidad -fíjate tú- que andan por ahí cerca de donde estás veraneando. Y continúan así los trasnoches y comistrajos desatados, desayuno, almuerzo, once y comida, y subes un par de kilos al cabo de la primera semana, y luego otros tantos la siguiente, y cuando se acerca la hora de regresar, de levantar campamento, te das cuenta que estas muy cansado, demasiado cansado y además guatón, porque te duele hasta la espalda, reclamas…

Y vamos así otra vez alistando bultos para el retorno, cerrando la casa de veraneo, bien sea tuya, prestada o arrendada,  sacando basuras por doquier, tirando ropa sucia en bolsas plásticas que luego tendrás que llegar a lavar, y vamos poniendo candados y cerrojos a puertas y ventanas, y vamos otra vez derecho a los embotellamiento en las carreteras, porque todo el mundo regresa ese mismo día y a la misma hora y no entiendes por qué, por qué demonios en este país de mierda -vociferas- todos hacen las mismas cosas  el mismo día y a la misma hora, aunque te quieras pasar de listo saliendo de noche, igual la carretera va atestada de automóviles todavía más peligrosos.  Peleas con tu mujer o con un hijo por causa del atochamientos, los culpas por haber salido a esa hora y no antes, rabeas durante todo el trayecto de regreso, y llegas a casa de vuelta exhausto, más cansado que cuando te fuiste. Estoy muerto, alegas, mientras prometes que el próximo verano te quedarás en  casa, que no volverás a vivir nuevamente la psicosis de las vacaciones. Promesa que nunca llega a cumplirse, por cierto.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Febrero del 2016

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