La pelea del siglo

La-pelea-del-sigloCuando por fin se vieron, se odiaron a muerte. No se conocían, no se habían visto nunca, era la primera vez que Jack viajaba al campo. No lo llevaban porque no cabía en el Buick. Pero esa vez no viajaron las niñas y quedó libre el espacio para Jack, quien no se movió ni molestó durante el viaje a nadie, pero nada más abrir la puerta al llegar, salió desaforado, como buscando algo conocido, sin haber estado allí nunca. Se metió derecho por la galería hasta el patio del fondo, acaso sabiendo de antemano donde se hallaba su enemigo. Parecía guiarlo aquel instinto superior a cualquier certeza, porque por más que Raimundo intentó detenerlo a gritos corriendo detrás suyo, Jack no hizo caso, escabulléndose a gran velocidad hasta llegar al patio. Y fue allí entonces donde los dos enemigos se vieron las caras por primera vez.
Era indudable que Billy también lo estaba esperando, alertado por el instinto o quizá qué otras señales primarias. Jack tomó como siempre en esos casos la iniciativa, seguro de su corpulencia, de su linaje, e intentó tumbarlo tras dar el primer golpe, tal cual acostumbraba a hacerlo frente a esas circunstancias, pero Billy esquivó hábilmente la maniobra y se mantuvo unos segundos agazapado, observando astutamente como Jack daba la vuelta y volvía ferozmente al ataque, cayéndole esta vez encima de lleno. La habilidad de Billy, resultó otra vez impresionante para destrabarse, acaso porque era más delgado, una cadena de músculos inatrapable. Jack se desesperó tras la inutilidad de su maniobra, e intentó una tercera carga triunfal, pero Billy volvió a esquivarlo y a darle esta vez un golpe certero en la oreja. Jack tras recibir aquel golpe estremecedor, acusó en su respiración cansancio y desesperación, pero aún jadeante se abalanzó otra vez, manteniendo su condición de atacante nato, considerando además siempre a Billy el impostor, el intruso en esa casa que -aunque no conocía- sabía que era tan suya como la de la ciudad. Sin embargo su esfuerzo no tuvo éxito, porque Billy con un resuello bastante más liviano lo amagó ahora con evidente facilidad, propinándole a continuación un golpe tan devastador que hubo que separarlos para que finalmente no lo matara.
Cuando Jack se fue a la semana siguiente, Billy saldría a la calle a despedirlo victorioso, en tanto Jack se metía al auto sin mirarlo, todavía magullado por los golpes.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Serie cuentos 2015

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