La vida desaforada de Salvador Dalí, Ian Gibson

muchacha en la ventanaEl titulo dado por Ian Gibson a su biografía sobre Salvador Dalí, ilustra muy bien la naturaleza del personaje. Se trata indudablemente de una vida desaforada, controversial, empeñada en conseguir objetivos, especialmente fama y dinero. Sin embargo, al margen de los indudables excesos del artista, cabe reconocer en su obra méritos trascendentes, como expresar ideas geniales, capaces de transmitir realidades metafóricas de dimensiones sin igual, recuérdese sus relojes blandos, La persistencia de la memoria, o sus primeras obras Muchacha en la ventana, por nombrar algunos, y muchos otros que siguen hablando por sí solos.Hay muchos cuadros inolvidables en su obra, marcaron época, y fueron también puntos de partida para la pintura contemporánea. Siempre es preferible separar la obra del hombre, la obra del artista, dos caras que no siempre van de la mano.

El arte trasciende al hombre, y no así el hombre al arte. Algo que todavía algunos discuten, a pesar de muchas obras anónimas que han cruzado y seguirán cruzando los tiempos demostrándolo. Nunca conocí a Kafka, por ejemplo, ni a Cervantes, pero eso no me ha impedido valorar sus obras.

Salvador Dalí, el Divino, como llegó a auto nominarse a sí mismo, una especie de dios Midas que todo lo convierte en oro, comenzó su carrera en la Real Academia de Bellas Artes en San Fernando, en Madrid, donde tuvo por compañeros en la célebre Residencia de Estudiantes de Madrid, nada menos que a García Lorca y a Luis Buñuel, con quienes mantendría una amistad fecunda hasta alcanzar renombre propio como pintor surrealista. Su amistad con Adré Bretón también le daría buenos frutos, tras pasar a conformar el grupo surrealista. Posteriormente, será Dalí, y no Bretón quien lleve el surrealismo a los Estados Unidos, transformando el mercado del arte, de las Bellas Artes.surrealismo
Ian Gibson hace hincapié en que fue la relación con Gala la que habría determinado la carrera ascendente de Dalí, debido a su capacidad y visión comercial, además de su capacidad para relacionarse con las altas esferas. Habiendo sido Gala la esposa del poeta francés Paul Eluard, ayudó a abrir círculos en París, capital de la cultura todavía en los años 30. Por cierto, impresiona la adoración de Dalí por Gala hasta sus últimos días, y no queda la menor duda de la influencia de la Musa en su obra, como el mismo la denomina. De hecho, aparece representada en muchos de sus cuadros.

Uno de los aspectos que bien explica Gibson en esta biografía, es la capacidad de publicista del pintor, talento que engarza muy bien con la economía norteamericana. Al parecer, esta capacidad lo habría llevado a la fama en los Estados Unidos, más que su obra misma. Durante su larga estadía durante y después de la Segunda Guerra, creará muchas obras de esta naturaleza para fines netamente comerciales.

Ian Gibson explica en esta biografía muchos de los cuadros del “divino”, así como las relaciones comerciales y sociales que ayudaron a los Dalí a alcanzar fama y riqueza, sin embargo acaso por la naturaleza inasible del personaje, no aborda su intimidad psicológica, sus posibles temores, frustraciones y nostalgias. Tras la muerte de su amigo García Lorca, o la enemistad con Buñuel y Bretón, el biógrafo no entra en pormenores sentimentales, posiblemente vividos por Dalí. Todo eso queda al margen, y nos deja una imagen de Dalí más como personaje novelesco que persona de carne y hueso.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Abril del 2016.

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