La política del desconcierto

ovejas-votando¿Alguien tiene claro lo qué se discute hoy en este país? Presiento que otra vez perdimos el norte. Se mezclan peras con manzanas y… a la batidora. El resultado, ya sabemos: el desconcierto. La política del desconcierto también a veces es una estrategia para mantenerse en el poder, o para alcanzar el poder absoluto.

Desconcertar implica desviar la atención hacia otros focos, lanzar las miradas hacia otros hemisferios, abandonando el centro de la discusión. Se nos desvía al punto de olvidar nuestros propósitos, y nos dejan preocupados de cualquier cosa. Es, sin duda, un trabajo de inteligencia política. Es al fin y al cabo obra de la política el arreo de los ciudadanos, es decir, de las ovejas. De los pastores y sus ovejas. Los ciudadanos no somos más que eso, ovejas del rebaño. Y quienes detentan el poder, nos llevan de un precipicio a otro; mientras ellos, la clase gobernante, se mantiene siempre pastando gozosamente en los llanos, gozando de un buen trabajo, una buena renta y una sorprendente jubilación. Un trabajo que han venido paradojalmente a llamar: servicio público. Una falacia del tamaño de una Catedral, pero hábilmente oculta. Ya quisiera cualquier ciudadano, cualquier oveja, gozar de los privilegios de nuestros servidores públicos.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Julio del 2016

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