Ian MacEwan, Cáscara de Nuez

macEWANLa narrativa del afamado escritor británico Ian McEwan comienza a decaer, debido acaso a la urgencia de publicar sin parar un libro tras otro. Algo que ya le ocurrió a Paul Auster, autor que se proyectaba como uno de las grandes promesas norteamericanas, y por causa de exigencias -supongamos- editoriales, o un ego desmedido del propio autor, sus últimas publicaciones han perdido todo interés. Esperemos que McEwan recapacite y vuelva a su centro, y no siga publicando por exigencia editorial, y escriba lo que de verdad sienta que tiene que escribir. Estamos frente a un narrador nato, de mucho talento y oficio como para que se pierda en las banalidades en que ha caído la novela actual por causa de la Industria Editorial, que somete a los escritores exitosos a una presión obsesiva por publicar. McEwan, con sus notables obras anteriores, Amsterdam, Chesil Beach, Expiación, Operación dulce, etc; sigue a la cabeza de la literatura inglesa y mundial.

Ahora bien. En Cáscara de nuez, el narrador está metido en el útero materno, desde allí se cuenta toda la historia, es el feto quien habla y expone los entre telones que descubre y conoce de la vida de sus padres. Es el feto quien revela todo lo que informa la novela sobre el divorcio de John y Trudy, es el feto a fin de cuentas quien termina convirtiendo la narración en el clásico thriller que se impone hoy en el mundo editorial como lo más novedoso en materia narrativa. La idea en si misma parece en principio genial, pero el feto narrador va perdiendo poco a poco verosimilitud al opinar de asuntos que escapan a cualquier lógica posible, hablando de vinos, política, sexo… y la novela termina cayendo en una fase irreparable de carencia de verosimilitud.

Aún así, Cáscara de nuez se salva en parte por el oficio indudable del escritor. Se deja leer, y se lee con indudable interés casi hasta el final. Pero el desplome viene después, cuando después de su lectura sobreviene el regusto de la falta de algo más sustantivo y menos artificial. Aquí MacEwan deja demasiado al trasluz el artificio novelesco, y posiblemente sea eso lo que más molesta. El arte de la ficción narrativa, sabemos, tiene que parecer real, aunque en la mayoría de los casos no lo sea.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Febrero del 2018.

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