Feria del libro, Buenos Aires 2018

feria del libro buenos aires 2018Sorprende comprobar la escasez de público en las salas de conferencia en la Feria de Buenos Aires 2018. Sucede lo mismo que aquí en Santiago, la gente no concurre, a menos que se trate de un autor altamente reconocido y publicitado por grandes editoriales. O bien, de una conferencia referida a un libro institucional, donde el cuerpo de la institución asiste por obligación, so pena de perder el puesto. En todos los demás casos, que suelen ser la mayoría, en las salas de conferencia penan las ánimas. Conocida es la anécdota de un escritor que llega a la sala de conferencia y abre su discurso con el clásico señoras y señores, y desde el fondo de la sala la única persona asistente le responde, no se complique, llámeme Juan.

Cabe preguntarse por qué no asiste la gente a las presentaciones de libros, y las respuestas pueden ser muchas, desde la clásica tendencia a inculpar al gobierno de turno y sus malas políticas culturales, a la falta de asistencia publicitaria, que suele ser un factor determinante. Pero también hay otras de primera importancia, la falta de claridad del conferenciante, la carencia de dinamismo de la situación misma. El esquema de dichas conferencias responde a costumbres arcaicas, y son, por lo mismo, digámoslo con todas sus letras: una lata. De partida, el conferenciante, suele transformarse en un tipo hambriento por hablar, y siempre termina hablando más de la cuenta, aunque haya cuatro pelagatos en la sala, generalmente parientes o amigos indulgentes. La composición del lugar también resulta completamente obsoleta, porque suele ocurrir que se sientan tres o cuatro personas en un estrado para dirigirse a un público a veces menor al número de conferenciantes. En tal caso, cabe desarmar ese esquema y proponer un semi círculo, pero a los disertantes, vacunados con una dosis de egolatría impresionante, no se les ocurre ni por si acaso.

Bien sabemos ya que los libros hoy en día son objetos dudosos, debido a su proliferación en permanente crecimiento. Cabe señalar que hoy en el mundo se publican más libros que en cualquier otra época de la historia de la humanidad, gracias a la tecnología, por supuesto. Hay máquinas prodigiosas, alguien acciona un botón y la máquina arroja libros. Vivimos un superávit creciente de libros, porque hoy cualquiera publica aunque se trate de una bazofia. La falta de crítica y de críticos, permite esta superabundancia. Pero a la literatura le hacen un daño enorme, porque nadie en nuestro tiempo es capaz -ni tampoco se atreve- a separar la paja del trigo.

Miguel de Loyola – Buenos Aires – Mayo del 2018

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