La gente quiere cosas

cosasFue Heidegger quien preanunció el olvido del ser a causa del deseo por las cosas. Hace muchas décadas ya que estamos en eso, comprando, vendiendo, soñando, deseando, codiciando cosas. Sin duda, la industrialización, la tecnología, la cibernética indudablemente han influido en eso. No hay otro fin en nuestro tiempo que lo cósico, porque nuestra civilización ha terminado por cosificar todo; hasta el amor, las relaciones humanas, la amistad, las creencias religiosas. Y bien sabemos que las cosas son por naturaleza, desechables, se pueden, o incluso se deben botar a la basura de tanto en tanto para renovarlas por otras, más nuevas, por supuesto, más acordes a los tiempos. El amor de pareja, por ejemplo, es hoy día una cosa completamente desechable. Se puede renovar de tanto en tanto por algo más novedoso, tras resumirse el amor en una cosa: sexo. Las amistades también se desechan por otras más convenientes, y así sucesivamente con todo aquello que alguna vez tuvo un valor imperecedero.

Podemos preguntarnos cómo y por qué llegamos a esto, sin hallar respuesta, o al menos una respuesta tendiente a invertir la ecuación. Nuestros políticos, desde luego, no moverán un dedo al respecto, porque dando cosas a la gente se ganan bastante más votos. Pensar que la educación pueda cambiar la situación, resulta por ahora imposible. Sólo nos resta reflexionar en soledad y silencio a qué hora cambié mi mundo interior por cosas. Un hogar medio hoy día está repleto de cosas. Podríamos culpar a los chinos por invadir el mundo de cosas, pero tampoco podemos dejar de reconocer la democratización que hay tras el progreso de la industria. Ayer, un alicate, por ejemplo, era inalcanzable para muchos, hoy en día esa prótesis es accesible para todos. Y así ocurre con cada objeto. Cuchillos, tenedores, tazas, platos, autos, televisores, radios, relojes…

No voy a culpar al dios Mercado esta vez, porque tengo la impresión que se trata de algo todavía más profundo, inserto en la misma naturaleza humana. Ya lo dijo Hegel, “la conciencia es deseo, y desea el deseo del otro.” Y me temo que por ahí va más bien el asunto. La causa es el hombre.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Enero del 2017

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